Fuentes web
Entradas
Comentarios

Entropía

Yo me iré, regresaré a Mi lugar hasta que ellos se reconozcan culpables y busquen Mi rostro: en su angustia, Me buscarán ardientemente.

Oseas, 5:15

[Música: Ligeti, Étude 1, 'Désordre']

La humanidad parece competir con el Universo en una carrera hacia la entropía. Nuestro mundo, dicen, es más cómodo, aunque cada vez es más difícil de entender, más adictivo en sus miserias, más rocambolesco en sus modas y más perverso en sus descompensaciones.

Nos llamamos justos y realistas, pero dejamos un planeta gravemente herido y afeado a generaciones futuras… en las que no creemos porque nuestro realismo se ciñe al presente de los vivos.

Nos llamamos libres, pero no somos capaces de abstinencias triviales como la de la técnica, la indumentaria en cantidades industriales, la farmacopea puntera o tres comidas al día.

Nos consideramos pudientes, pero al primer tambaleo financiero nos invade un sentimiento de miseria e impotencia tal como si nos hubieran reconvertido a parias.

Nos consideramos racionales y coherentes, pero la profusión de ideas de todo cariz nos atenaza a los asnos de Buridán que son el relativismo, el escepticismo, el cinismo. Todo vale, pero nada vale demasiado.

Contamos con medios técnicos portentosos, pero tenemos poco que decir con ellos, y nuestras mayores aventuras intelectuales suelen ser bochornosamente triviales o espantosamente ridículas y groseras.

Estamos formados, atiborrados de titulaciones educativas, pero apenas sabemos escribir o apreciar un soneto o levantar un edificio bello y profundo, por no hablar de tocar un instrumento o simplemente cortejar a una mujer con un mínimo de gusto y elegancia.

Hemos legislado y burocratizado hasta el más ínfimo rincón de la naturaleza humana, pero, sin embargo, nuestra sociedades son panales contingentes y azarosos en las que poco tiene sentido ontológico y todo responde a mera causalidad de fuerzas ajenas al Logos.

Nuestras sociedades lo soportan todo a excepción de lo único digno de ser soportado, que es un Centro, un sol social, un objetivo vertebrado sobre la sagrada tríada allí donde había hombres sanos: Bien, Belleza, Verdad.

Decididamente hemos querido aventajar al Cosmos en su carrera al Caos.

Sólo nos queda imaginar un evento inaudito que suponga un síntoma de la Apocatástasis por llegar.

[Música: James Newton Howard, Asthma Attack (Signs OST)]

Nadie ha podido hallar un hecho binario en el universo. Nadie ha podido conseguir cálculos con más de unas pocas cifras decimales. Es posible que nunca lo consiga nadie. Es posible que incluso para un dios sea imposible crear un hecho binario. O quizás un dios sea precisamente la cosa o fuerza capaz de producir hechos binarios.

Bart Kosko, El futuro borroso o el cielo en un chip, p. 237

El Tao que puede ser expresado
no es el verdadero Tao.
El nombre que se le puede dar
no es su verdadero nombre.
Sin nombre es el principio del universo;
y con nombre, es la madre de todas las cosas.
Desde el no-ser comprendemos su esencia;
y desde el ser, sólo vemos su apariencia.
Ambas cosas, ser y no-ser, tienen el mismo
origen, aunque distinto nombre.
Su identidad es el misterio.

Tao-Te-Ching, I

Querer visualizar lo invisible, contabilizar lo incontable, formalizar lo abstracto, personalizar lo impersonal. No son atributos del hecho religioso, artístico o científico. Es sencillamente un atributo humano, acaso el más humano. Todo lo comprendemos a través de reflejos. Nuestro mundo es un teatro de siluetas. Sólo tras la superación de las categorías mentales y sensoriales, sólo dejando de ser lo que aparentemente somos, alcanzamos el Conocimiento, que no supone la asunción de una proposición, sino una inmersión ontológica, una identificación vital, ausente de pasiones pero disuelta en una linfa donde sabiduría y ser son la misma cosa.

Ahora bien, hay siluetas que enmarcan con precisión el perfil del sujeto ignoto. Cuadrar un círculo no aporta la perfección equidistante de éste, pero en el camino encontramos una bella forma, con menos posibilidades, ciertamente, pero con funciones análogas en una escala mundana.

[Música: James Newton Howard, Baby monitor (Signs OST)]

Todo cuanto libera nuestro espíritu sin darnos dominio sobre nosotros mismos es pernicioso.

J. W. Goethe, Los años de peregrinaje de Guillermo Meister

Éstos se acercan a Él en la medida permitida y con la debida rectitud y no osan sobrepasar la conveniente manifestación divina que se les otorga, ni se dejan llevar de su inclinación al mal, sino que se elevan con firmeza y perseverancia hasta el Rayo que los ilumina y, alentados por el conveniente anhelo de las iluminaciones que les están permitidas, levantan, sensata y piadosamente, su vuelo con santo temor.

Pseudo-Dionisio Areopagita, Los Nombres de Dios, I, 2

La información nos sodomiza día tras día, y la supuramos una vez asimilada por el ácido de nuestra hiel, y así la devolvemos para ser a su vez absorbida por otros en un círculo de descomposición progresiva.

Datos insignificantes, verdades a medias más confusas que aclaratorias, perspectivas inicuas, falsedades irrefutables…

Una lepra de sucedáneos de ideas invade nuestro mundo, aséptico en su lujosa apariencia pero pútrido en una pluralidad insana de dicciones que se interrumpen entre sí. Así como cuatro conversaciones simultáneas pueden llegar a generar azarosamente frases ridículas repartidas entre varios participantes de tertulias dispares, así la constante interrelación entre penosas teorías vomita sin cesar disparates conceptuales, hábitos surrealistas que se toman por signo de progreso.

Pero son progreso únicamente por una analogía errada con los tiempos en los que los trasvases ideológicos eran pocos, cautos y combinando modelos verdaderos, útiles y validados por la tradición.

Hoy todo se dice.

Hoy todo es digno de respeto.

Hoy el abismo espiritual llega desde tantas direcciones que se asume como hábitat natural y deseable.

Hoy la autoexpresión es encumbrada a tan alta cima que se elogian las posturas enfermizas precisamente por ser enfermizas.

El único antídoto es un régimen mental de pan y agua, una ascesis conceptual y su consecuente orfebrería verbal, no siempre apta para legos. Una purga cognitiva puede revelar un plano de verdades que latían ocultas.

Volver a los grandes mitos es guarecerse en un universo de millones de relaciones, pero relaciones legítimas, pues comparten la misma estirpe, una estirpe noble. Apuntan a lo verdadero desde ángulos complementarios. Aluden a lo inexpresable, que es lo único que importa.

En lugar de arañar superficies sin ton ni son, el hombre sano se acerca al relicario auténtico y sobrio y lo explora con cuidado, sea palpando su forma, sea inmiscuyéndose en sus entrañas.

La verdad mora en cada ser, pero algunas formas proporcionan miríadas de reflejos salvíficos. Es allí adonde hay que dirigir la mirada, pues allí se abren los caminos poco a poco para el que tenga agudizados los sentidos y guste de oír la Música de las Esferas.

[Música: John Adams, The Dharma at Big Sur]

¡Ay de mí, que de repente comencé a sentir que tenía en las entrañas la dulce quemadura de una llama que se difundía exuberantemente y se propagaba como la hidra de Lerna y me llenaba del fuego del amor y se me velaban los ojos! Y sin pausa se abrió mi pecho encendido y la arrastró hacia sí, más tenaz y mordazmente que los serpeantes tentáculos del pulpo y que el tifón que sobrbe el agua. Y el prcioso amor y la divina efigie imborrable de Polia, con sus nobles, castas y dulcísimas condiciones, se introdujeron en el sujeto preparado y amorosamente dispuestos, donde permanecieron dominando eternamente. Y aquella imagen celeste, indeleble y preciosa, quedó impresa firmísimamente, y en mí, como en paja seca, ardió con súbito y violento fuego como la llama de una antorcha encendida, no permaneciendo ni una partícula de cabello en la que no penetrara la amorosa llama. Y casi me pareció que me metamorfoseaba, con gran vacilación y lamente de la inteligencia al no poder comprendnerlo sino por comparación con lo que ocurrió a Hermafrodito y Salmacia cuando se abrazaban en la viva y fresca fuente y vieron que se transformaban en una sola persona con dos sexos; y me sentí ni más ni menos que como la infeliz Biblis cuando sentía que sus lágrimas la convertían en la fuente de las ninfas náyades. Así, permaneciendo en las dulcísimas llamas más muerto que vivo y casi sin pulso y cuando, en la suprema dulzura, daba libre curso a mi espíritu para que me abandonara, pensando que me había invadido la epilepsia estando de rodillas, de repente la piadosísima Diosa, dejando la concha, tomó agua salada en el hueco de sus manos, cerrando los largos dedos, y nos roció divinamente, mojándonos, no como la indignada Diana al infortunado cazador al que convirtió en bestia para que le destrozaran los perros, sino todo lo contrario, volviéndome grato y amable a las ninfas.

Apenas lo hubo hecho cuando, mojado y perfumado yo por el rocío marino, mi excitado espíritu se aclaró inmediatamente y me volvió el sentido sin tardanza y los abrasados miembros a su primitivo estado, sintiéndome rejuvenecer sni mengua de las cualidades dignas, y supe verdaderamente que era restaurado de modo similar a Esón, y me pareció que había regresado a la deseada luz, no de otro modo que el virbio Hipólito, vuelto a la apetecible vida por los ruegos de Diana con la hierba glisicida. Las ninfas que me servían me quitaron mi toga plebeya y me vistieron de nuevo, complacientes, con una rica vestidura blanca. Y, tranquilos ya en nuestro estado amoroso y confirmado, llenos de felicidad, consolados y conmovidos y ungidos por la alegría, ellas nos hicieron bvesarnos dulcemente con besos frescos y unir las vibrantes lenguas y abrazarnos. Y, de igual modo, recibiéndonos las alegres y festivas ninfas para un nuevo aprendizaje del oficio de la fecunda naturaleza en su sacro colegio nos besaron todas a ambos cariñosa y agradablemente.

La diosa madre, con elegantísimo discurso y tranquilo coloquio, majestuosa mirada y divino aliento, que olía a bálsamo mágico, nos explicó cosas que no pueden ser propagadas ni contadas a los hombres vulgares, para consolidar y hacer fructificar nuestros encendidos amores y unir unánimes nuestros corazones largamente bajo sus leyes fecundas y dulces, y para que fuéramos magnánimos en nuestro estable y mutuo amor.

Francesco Colonna, Sueño de Polífilo, XXIII

[Música: Debussy, Rêverie (versión para cello y orquesta]

[Música: Penderecki, Threnody for the Victims of Hiroshima]

No pienses que tienes la virtud si antes no has combatido por ella hasta llegar a la sangre.

Nilo el asceta, Discurso sobre la oración

El que quiera acceder a la perfección y combatir según las reglas en la lucha espiritual, no deberá ceder ante la cólera y el furor.

Casiano el romano, Al obispo Castor

Los que actúan por los resultados son miserables.

Bhagavad-gītā, II, 49

El samurái valiente no piensa en términos de victoria o derrota; combate fanáticamente hasta la muerte. Sólo de este modo realiza su destino.

Yosho Yamamoto, Hagakure

Sintiendo el sable entre las manos, sujeto como un miembro de mi propio cuerpo, realizo una fusión ontológica. Viéndome a mí mismo en el adversario, aprendo a derrotar mis impurezas. Respetando al rostro agresivo que me observa, empiezo a entender la pluralidad de cosas. Los pliegues de mi uniforme me recuerdan la unidad y la diversidad de valores y objetivos: toda nobleza no es sino expresión de una nobleza unánime. Todos los ejércitos que, vacíos de mezquindad, aspiran a derrotarse entre sí son varias facciones de un ejército al servicio de la abnegación y la purificación. Como en el teatro, la máscara de la armadura expresa sinceramente las intenciones de los combatientes y su identidad trascendente.

Kikentai: el instante en el que grito, cuerpo y espada se hacen uno. La fuerza, la precisión y la oportunidad lo deciden todo. Sin apego, me lanzo a la muerte: no sé si me abrazará a mí o al adversario, pero la disyuntiva colapsará pronto. Es bueno que la tensión se disuelva, sea vencedor el uno o el otro. Dejo vacía la mente al asestar el golpe. No teniendo mente, ¿qué importa que acierte o que falle? Todo se decide en un golpe y nada se decide. Todo se gana y todo se pierde. La única condición es que el sudor vertido esté limpio de deseo malsanos.

El rostro se contrae, la violencia se libera, la acción llega a tambalear el universo. Y, sin embargo, mi alma está pronta, sonriendo por la senda de los liberados en vida. Sólo falta la sangre para que el paisaje se complete y brille el sol con toda la intensidad de la que es capaz.

[Música: Philip Glass, November 25: Morning (Mishima OST)]

Yo llamo imaginación a la facultad de volver sensible todo lo que es intelectual; de hacer corpóreo lo que es espíritu; en una palabra, de sacar a la luz lo que en sí mismo es invisible, sin desnaturalizarlo.

Joseph Joubert, Sobre arte y literatura

Contemplan a Dios a través de todas las criaturas que habitan los dos mundos, y nadie podría poner en duda lo que perciben.

Abū-Sa’īd Abul-Khayr, Las cuarenta estaciones de la sabiduría, XXV

Las Ideas, soplos de la Verdad, para poder ser digeridas por estómagos mortales han de encarnarse en alimento blando, como el Verbo descendió entre los hombres. Las Ideas se constriñen entonces, adoptando límites y formas. Pero no se trata de una adaptación artificial, sino que el alma las reconoce allí donde son más visibles. Porque los principios moran en todas partes, fractalmente, como el espacio o el tiempo moran en la materia. El profeta, el clérigo o el artista no hacen más que cincelar en relieve una forma circunscrita, enfatizando uno de los polos que conforman cada ser. Así se puede decir que el Sol es masculino y activo; y la Luna, femenina y pasiva.

La realidad está hecha de esferas concéntricas que se corresponden en sus proporciones y se proyectan una sobre la otra. Todo está en todo. Pero para ser cada ente soporte de intelección, resulta útil aquietarlo en uno de sus estados. Así, congelado, muestra una arista del Infinito mediante la que se puede cruzar la Puerta de Jano, que conduce a la metamorfosis deificante.

[Música: Scelsi, Quattro Pezzi su una nota sola, I]

Pero a causa de su ceguera, a estos humanos incapaces de levantar el velo, el Libro sagrado los sitúa “en lo más bajo del nivel más inferior” (95 : 5). En cuanto al místico, cuando durante su peregrinación alcanza el mundus imaginalis absoluto, a través del éxodo que le lleva fuera de su imaginación cautiva, llega al límite en todo lo que contempla y descubre la realidad tal como es, porque las Formas imaginales están en perfecta correspondencia con las Formas inteligibles inscritas en la Tabula secreta, que es la forma epifánica del mundo divino. A partir de ese momento puede ocurrir que al ser humano se le manifieste, por percepción visionaria, la revelación de su individualidad eterna en sus estados sucesivos, pasados y futuros, porque se ve entonces transferido del mundo de la Sombra al mundo de las Luces verdaderas y esenciales…

Da’ud Qaysari (s. XIV), Comentario del Fusus al-hikam de Ibn Arabí, cit. por Henry Corbin (Cuerpo espiritual y Tierra celeste, 2006, p. 171)

Hay quien viaja por mundos superiores, no arrastrado por su fantasía sino siguiendo una imaginación disciplinada, siguiendo las instrucciones simbólicas de las Revelaciones y los santos. Seguir las señales normativas garantiza seguir el sendero proyectado desde lo Alto y no el maremagno tortuoso que surge del desarreglo de los movimientos inferiores. Nada es la simbología tradicional sino una cartografía supralunar. La mayoría de los hombres tienen bastante con llegar al Puerto Salvación, que es una de las primeras estaciones de la sabiduría. Otros, con vocación de topógrafos, sienten que a su naturaleza conviene palpar la geografía inmaterial de las Formas superiores. Rastrean los senderos menos accesibles, catalogan los abrevaderos, cotejan la altura de las montañas, estudian la taxonomía de la fauna angélica. Estos hombres no inventan nada: tan sólo representan humanamente realidades metacósmicas, cuya inaprensibilidad admiten y sin embargo vislumbran a partir de los reflejos imaginales. Solamente los más elevados profetas, los más eximios santos y los avataras descendidos, contemplan la realidad pura superando toda concesión formal. Ellos moran lo más cerca que puede estar del Absoluto una criatura. Y cuando abandonan su cuerpo, en un trance o en el tránsito al Paranirvāna, se identifican con el Principio,  sin agotarlo pero formando parte de su concentración suprema no susceptible de ser conceptuada.

[Música: John Debney, Peaceful but primitive procession]

Todo lo que encuentra el ojo constituye el reino de los inmortales para quienes están satisfechos, y el reino de los mortales para los insatisfechos.

Huanchu Daoren

Hoy he presenciado un espectáculo completo. Comenzó siendo mezquino: mis emociones se agolpaban entre la pereza y la ira, una ira pequeña sin coraje. Poco a poco observé mi corazón animado, agitándose como una libélula en busca de néctar. Y luego sentí amor, con todos sus hijos: timidez, deseo, impaciencia, dudas, rabia, fingimiento. Y me enternecí con mis pasiones, y las besé en la frente. Ellas se reagruparon nerviosas, como si mi beso las hubiera librado de un hechizo. Y surgió un cisne espléndido, de un amor noble, sabio, unido a todo, como echado sobre la eternidad. Y supe que cada mirada y cada acto habían contribuido al desenlace. Y ahora, arrullado por una fina música, espero a que caiga el telón para comenzar mañana un nuevo día en el que obrar la vida y al mismo tiempo observarla desde lo lejos, como un clérigo, y así renacer con la noche.

[Música: Roby Lakatos, Pour Valia]

Entradas antiguas »

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.