Todo cuanto libera nuestro espíritu sin darnos dominio sobre nosotros mismos es pernicioso.
J. W. Goethe, Los años de peregrinaje de Guillermo Meister
Éstos se acercan a Él en la medida permitida y con la debida rectitud y no osan sobrepasar la conveniente manifestación divina que se les otorga, ni se dejan llevar de su inclinación al mal, sino que se elevan con firmeza y perseverancia hasta el Rayo que los ilumina y, alentados por el conveniente anhelo de las iluminaciones que les están permitidas, levantan, sensata y piadosamente, su vuelo con santo temor.
Pseudo-Dionisio Areopagita, Los Nombres de Dios, I, 2
La información nos sodomiza día tras día, y la supuramos una vez asimilada por el ácido de nuestra hiel, y así la devolvemos para ser a su vez absorbida por otros en un círculo de descomposición progresiva.
Datos insignificantes, verdades a medias más confusas que aclaratorias, perspectivas inicuas, falsedades irrefutables…
Una lepra de sucedáneos de ideas invade nuestro mundo, aséptico en su lujosa apariencia pero pútrido en una pluralidad insana de dicciones que se interrumpen entre sí. Así como cuatro conversaciones simultáneas pueden llegar a generar azarosamente frases ridículas repartidas entre varios participantes de tertulias dispares, así la constante interrelación entre penosas teorías vomita sin cesar disparates conceptuales, hábitos surrealistas que se toman por signo de progreso.
Pero son progreso únicamente por una analogía errada con los tiempos en los que los trasvases ideológicos eran pocos, cautos y combinando modelos verdaderos, útiles y validados por la tradición.
Hoy todo se dice.
Hoy todo es digno de respeto.
Hoy el abismo espiritual llega desde tantas direcciones que se asume como hábitat natural y deseable.
Hoy la autoexpresión es encumbrada a tan alta cima que se elogian las posturas enfermizas precisamente por ser enfermizas.
El único antídoto es un régimen mental de pan y agua, una ascesis conceptual y su consecuente orfebrería verbal, no siempre apta para legos. Una purga cognitiva puede revelar un plano de verdades que latían ocultas.
Volver a los grandes mitos es guarecerse en un universo de millones de relaciones, pero relaciones legítimas, pues comparten la misma estirpe, una estirpe noble. Apuntan a lo verdadero desde ángulos complementarios. Aluden a lo inexpresable, que es lo único que importa.
En lugar de arañar superficies sin ton ni son, el hombre sano se acerca al relicario auténtico y sobrio y lo explora con cuidado, sea palpando su forma, sea inmiscuyéndose en sus entrañas.
La verdad mora en cada ser, pero algunas formas proporcionan miríadas de reflejos salvíficos. Es allí adonde hay que dirigir la mirada, pues allí se abren los caminos poco a poco para el que tenga agudizados los sentidos y guste de oír la Música de las Esferas.
[Música: John Adams, The Dharma at Big Sur]

