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Archive for 23 diciembre 2018

Fin de ciclo

Sea por todas las experiencias mi suceso, pues cuando más apurado me había de tener el conocimiento destas cosas, me hallé todo en poder de la confusión, poseído de la vanidad de tal manera que en la gran población del mundo, perdido ya, corría donde tras la hermosura me llevaban los ojos y adonde tras la conversación los amigos, de una calle en otra, hecho fábula de todos; y en lugar de desear salida al laberinto, procuraba que se me alargase el engaño.

F. de Quevedo, El mundo por de dentro

 

Le coeur de l’homme n’a pas varié, le coeur de l’homme est pareil à la mer profonde et ténébreuse, les changements n’ont lieu qu’à la surface où notre sensibilité réfléchit la lumière, mais quand nous descendons, nous retrouvons ce qui fut et sera: la philosophie n’y pénètre guère et seule la théologie a les clés de l’abîme.

[El corazon del hombre no ha variado, el corazon del hombre es igual al mar profundo y tenebroso, los cambios no tienen lugar mas que en la superficie donde nuestra sensibilidad refleja la luz, pero cuando descendemos, encontramos eso que fue y será: la filosofia ahí casi no penetra y sólo la teología tiene las llaves del abismo.]

A. Caraco, Breviario del caos

 

Hin floh die irdische Herrlichkeit und meine Trauer mit ihr.

[Huyó la gloria terrenal y mi tristeza con ella.]

Novalis, Hymnen an die Nacht 3

 

Habla para tu corazón y no confíes nada a nadie.

Palabras de vida y palabras de muerte en el antiguo Dahomey 320 (selec. y trad. M. Serrat Crespo)

 

En el plazo de un año un alma, libélula informe confundida por sí misma, puede dejarse inundar de sugerencias a manos de las fantasmagorías lánguidas que traen las brisas invernales. Puede libar de las flores de pensamientos raudos como el polen germinado y depositado por el viento. Bien puede poseerse de recuerdos lejanos y próximos, livianos y pesados, cuando cae algún que otro ocaso. Gusta siempre de cuesionarse a sí misma, alardear de su falta de entidad, y a veces lo dice a las claras. Procura no olvidar los buenos deseos, necesitados siempre de alimento, y se repite una vez más el alfabeto de la compasión incluso a gritos hímnicosSe felicita de la primavera, patria de la diástole eterna del mundo. Solicita el significado de la Cruz, nido último de todos los seres en tanto que no quiebren todas sus cáscaras. Se acuerda de dar voz a quienes no la saben articular por estar demasiado ocupados en hacer únicamente el daño imprescindible para sobrevivir. Ofrece también su voz a otra alma de otra edad, otro mundo, otro credo, otro sexo, otro final, otra entereza, por aprender de todo lo que la esplendidez humana puede enseñar en obras, palabras, silencios y adioses. Se exhorta como estoico caballero, como místico en busca de Nombre, como poeta ávido de rimar sus conatos de nobleza, como gramático que gustase de definir la más alta vía con tal de terminar por lograr señalarla con el dedo y medirla en brazos y pies. Y en brazos de la Vacuidad se conmueve sin movimiento, se adecenta en lo indecente, reposa en lo nunca aquietado. Reconoce que en el corazón se libra no la única pero sí la más importante de las batallas. Se limita, en fin, a ser ella, ser todas, a divagar por los senderos de la existencia, a frasear con inquieta dicción todas y cada una de las notas de una melodía sucinta con la que entreteje al universo mundo y sus posibles reversos. Y sabe que no tiene mucho más que decir sino en nuevas combinaciones de los mismos acordes, mismos motivos y mismos afectos.

***

[Música: El desembre congelat, canción popular catalana, contrafactum de una melodía ya cantada en Francia en el siglo XVI, titulada Quand la mer Rouge apparut, con letra de taberna, adaptada al catalán en el siglo XVIII con un significado más navideño. Dice así la primera estrofa: “El desembre congelat / confús es retira. / Abril, de flors coronat, / tot el món admira. / Quan en un jardí d’amor / neix una divina flor, / d’una ro, ro, ro, / d’una sa, sa, sa, / d’una ro, d’una sa, / d’una rosa bella, / fecunda i poncella”.]

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Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. […] Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis.

Jn 13:15-17

 

Verbum del clarescit in forma hominis, et ideo fulgemus cum illo, edificantes membra sui pulchri corporis.

[La palabra de Dios resplandece en forma humana, por eso nosotras resplandecemos con Él, edificando los miembros de su bello cuerpo.]

H. von Bingen, Ordo virtutum

 

… qui quærit habere privata, amittit communia.

[… el que quiere tener cosas propias pierde las comunes.]

T. de Kempis, Imitatio Christi  3.13.1

 

Waß nicht im Lieboͤl brent das iſt ein falſches Licht.

[Es falsa la luz que no arde en el óleo del amor.]

A. Silesius, El peregrino querúbico 5.112 (trad. L. Duch)

De todos los impulsos que me han aguijoneado, ninguno tan digno como aquel que llama a musitar imploraciones por salvaciones ajenas, a caldear amor en las manos, a llorar ante una cruz. En la transmutación alquímica del corazón se encierran todos los secretos del vivir; y poco, aunque muy decente, tienen que añadir otras ciencias. Fermentando el azogue de la voluntad los brotes de la templanza, la abnegación y la sabiduría -tres reflejos del mismo acompasamiento a la Razón universal-, así se convierte uno en vasija de la obra filosofal, en mortero de bellezas y cualidades en favor de las criaturas. ¡Oh prado de principios con que segar ramilletes de oros florales! ¡Perfumad mi sien cuando me ciño con vuestros nombres, repetidos sin cesar por mi ofuscada lengua como para no olvidarme ni un instante, como el marinero confundido en alta mar y pobre en mapas se recuerda sin cesar las coordenadas que conocía al partir del puerto! ¡Alta quietud medicinal, apertura a lo que acaezca, abrazo al entorno cualquiera que fuese, tennos todos engolfados de suavidad invencible, dura mansedumbre, curvada pureza! Nada más hemos de pedir por ahora. Nada más podemos hacer para enfrentarnos al sufrimiento ajeno y suturarlo sin pensar ya en mezquinos retraimientos. Irríguese la generosa aurícula y el viril ventrículo con sangre alegre, hábil para el sacrificio si fuera menester. Musculado el corazón, émbolo de venenos y grandezas sin cuento, seremos como ángeles pertrechados de material alambique de ambrosía, refresco fortificador de la copera Hebe, que gusta de nutrir a héroes y a dioses por el cumplimiento de hazañas delicadas como mariposas y la sanción de destinos trágicos como el olvido de un imperio.

Pule tu casa, adecenta las alfombras de tu mansión, que personas muy nobles habrán de honrarlas con sus visitas cuando Constancia y Humildad tomen recién casadas posesión de tu ofrenda. Salvado el corazón, flota en la estancia nuevo aire por el cual se prolongarán venas y arterias para alimentar con savia fresca los corazones con los que se comunique y de los que tome pesadumbres para purificarlas en el nuevo lavatorio musculado. Un eterno y nuevo cielo, tan perenne como indecible, tan fluido como no conformado, techará los latidos con los que el ritmo de Naturaleza se ama a sí mismo. Danzando, el interior se hará fuerte, abierto a quien no lo conozca, y no para hacerse conocer, sino para caldear la ciencia del emprendimiento sublime. Y no es cosa grandiosa, sino pálida insistencia en la rojez, placer vacío de intención o materia, sencillez confesa, hálito de maestros, nube dispersándose, beatitud sin nombre, afectos sin reverso, fin sin fin.

[Música: G. Fauré, Cantique de Jean Racine Op. 11, una límpida invocación al Verbe égal au Trés-Haut, notre unique espérance, jour éternel de la terre et des cieux...]

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