Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Buddhadharma’ Category

 

Incluso en la decadencia, un hombre virtuoso
incrementa la belleza de su comportamiento.
Una tea ardiendo, aunque vuelva al suelo,
tiene una llama que se eleva a lo alto.

Sakya Pandita, Un precioso tesoro de dichos elegantes 15

 

Las ochenta maravillosas actividades surgen
de la causa concordante del amor;
temiendo que este texto fuera demasiado largo,
¡oh, rey!, no lo explicaré.

Nagarjuna, La preciosa guirnalda 197

 

Cuando vean que una lluvia de flores y perfume extingue
el flujo incandescente de lava de los infiernos,
saciados de dicha, de repente se preguntarán: “¿Cómo es posible?”
Que entonces los habitantes de los infiernos contemplen al que sostiene el Loto.

Śāntideva, Bodhicharyāvatāra 10.12

Je ne parlerai pas, je ne penserai rien:
Mais l’amour infini me montera dans l’âme,

[No hablaré, ni pensaré en nada, / pero el amor infinito ascenderá en mi alma.]

A. Rimbaud, Sensación, Marzo de 1870

 

A los bodhisattvas que, a la luz del día o en el completo anonimato, abrillantando cada hora de cada milenio el mundo sin que lo sepamos, comprometiendo todas sus encarnaciones futuras a su noble voto, persisten en su desmedida labor sin final de erradicar cualesquiera taras de los seres sintientes. A todos los seres sintientes.

 

¡Sugatas de los tres tiempos, elevad el acento de mi proclama! Os invoco en el cielo del corazón, donde empieza a correr sangre nueva, teñida del color de sílabas de mantras, bendecida por maestros perfectos que, como centinelas de la sabiduría, guardan el terreno conquistado para que nosotros, los recién centelleados por el resplandor de su purificación, lleguemos más rápidamente hasta donde llegaron ellos en combate contra tiempos sin principio. Con acritud sin medida contra la opresión de todos los seres, reflejo del que dependo, ¿cómo no me he decidido a dar rienda al más transgresor de los deseos alumbrados, la liberación de todos los seres? Habrá de ser satisfecho tal deseo por mis agregados hasta el punto de separarse ellos mismos, caiga la lluvia de la violencia o el duro invierno de la carestía. Troceado, caminaré entre las calles tenebrosas del mundo impuro agitando la campana ritual para ahuyentar los vicios y las actitudes ciegas que nos abisman a todos. Moldearé, esculpiré, desangraré o cercenaré mi carácter con tal de coronarme y gobernar a las aflicciones, pues preferible es repartir oro cojeando que residuos a buen paso. Lleno de rencor, libraré mi batalla contra el coágulo deforme de mi continuo mental: o sobrevivirá éste o sobrevivirá el Buda; no hay tercera opción. Solamente se detendrá la Rueda de Renacimientos si descendemos de ella los seguidores del Conquistador y atrancamos su mecanismo con las más preciadas de nuestras posesiones, con la posibilidad de transmigraciones a reinos superiores, con la carne de nuestras piernas, entrañas y cráneos, con nuestros corazones aún palpitantes, ofrecidos sobre hojas de palma.

Escucha, Perfección: habrás de ser mía más pronto o más tarde, con mayor o menor bagaje de dolor a mis espaldas, pero te encontraré y te multiplicaré entre mis madres los seres. Nada podrían hacer los dioses para impedirlo, pues convencido estoy de que, con la verdad absoluta de mi parte, anhelando también el despertar para sus adormiladas mentes felices mas mortales, lograría convencerles durante un diálogo que no duraría más de un eón. En cambio, sellando los sentidos, amenazo a mi cuerpo: “Si me sirves en mi determinación de erradicar el sufrimiento de todo lo que existe, no te faltará lo necesario; mas, en caso contrario, no te daré tregua”. Algo parecido diré a los venenos que me recorren: “Sois mis enemigos, de suerte que o aceptáis convertiros en vasallos, fuerzas virtuosas al servicio de todos los seres, u os aniquilaré con la espada fulminante de mi arrojo”. Seré avaro con la avaricia, traidor a la inmoralidad, displicente con la desidia, airado con la ira, ignorante de tantas falsedades como pueblan los reinos, y no prestaré la más mínima atención a la distracción. De un modo u otro me cubriré de los pāramitās, ornado así con los únicos ornamentos dignos de tal nombre. Y, perdiendo la noción de hacedor, acción y receptor, no seré más que un bálsamo al sufrimiento, allí donde surja. Sin virtud no hay sanación para quien sufre, pero sin víctima a la que sanar no puede haber cultivo de la virtud; toda bendición no es, pues, más que un reequilibrio de un mismo vacío lloroso y ávido de falsas plenitudes. Tan sólo falto yo, pues, en ese collar excelente, en ese juego supremo, puesto que el sufrimiento y la acción que lo remedia ya están a la espera ante mi dubitativa figura. Aupado por las aflicciones ajenas, me vestiré de méritos para poder rescatar a los afligidos una vez adquiera las treinta y dos marcas del Omnisciente.

Esta guerra se combate en los actos cuidadosos de las manos y tras los velos del rostro: una sonrisa afable e incondicional será el destilado de las fuerzas que se purifican al rojo vivo en el secreto de mis pasiones. Mientras mis maneras delicadas empiecen a penetrar suavemente el sensible ánimo de los seres pueriles, mi corazón arderá por el trabajo de dejar de ser uno de ellos, siempre con el único fin de atraerlos a las atalayas que la diligencia de los Victoriosos vaya apuntalando para su resguardo. Amabilidad discreta y elegante condescendencia será lo que vean y lo que les ofrendaré en mi aspecto, por más que afinar una pureza incondicional me cueste tempestades e infiernos corriendo por mis venas, que no describiré a nadie. A todos contestaré como amigo cortés o gentil doncella, o afinaré mi canto si es que renaciese en un nido de pájaros o en solitaria montaña de titanes. Entretanto, me ofreceré como néctar al sediento, como talismán milagroso a todo anhelo, como blanca nieve al espíritu incendiado y como cálida brasa al aletargado por el helor de mundos descompuestos. En ordinarias situaciones me conduciré como uno más mientras contemple el cultivo de las virtudes en el silencio solitario o al fuego de la sabiduría que deseca de fascinación a los fenómenos. Resistiré todo el daño que me hagan durante vidas sin número si con ello logran un paso hacia la dicha irreversible. ¿Y acaso no son en verdad mis estados aflictivos, espirales alimentándose a sí mismas, las que me laceran, causando destinos infortunados a aquellos seres que en su ofuscación creen ser los heridores? ¿Por qué acusas a otros seres de ser la causa de tus males, cuando en verdad tú, el objeto de sus aflicciones destructivas, eres la causa de los suyos? ¡Oh necio de mí! Pidamos perdón por dar forma a los odios y agresiones de los otros. Que me descuarticen, que me aguijoneen, que me destrocen en todas mis naturalezas siempre que les beneficie: yo me encargaré por mi lado de sostener en alto el estandarte de la aspiración pura. Jamás obedeceré mis caprichos, nunca emprenderé acción alguna que no piense en beneficio de los que sufren. ¿Cuándo fueron dulces los dolores de parto? Pero esta vez se trata de parir a un adolescente ya erguido, decidido, aguerrido, que habrá de madurar hasta convertirse en la preciosa bodhicitta, joya mayor que la Joya-que-colma-todos-los-deseos.

Empiezo ofreciendo tantos ensortijados mundos como granos de arena hay en el Ganges. De cada uno de esos mundos, con su monte Meru, sus cuatro continentes, el sol y la luna, surgen cien millones de dakinis, portando cada una otros tantos mundos aun más bellos en bandejas de oro, repletas también de ofrendas dignas de monarcas universales, manjares divinos, incienso bendecido, perfume destilado de los primeros jazmines tras el nacimiento de un Buda. En vasijas de color de lapislázuli entre mi cuerpo despiezado y mi ilusoria alma, una vez fermentados sus kleśās, esparcida entre diversos recipientes que habrán de ser quemados en la hoguera de la absorción meditativa. ¡Oh, Venerables, otorgadme la iniciación! ¡Tomo refugio en la infabilidad de vuestra palabra, en la santidad de vuestra conducta, en la apacibilidad de vuestra postura y en la claridad de vuestra visión ilimitada! Me postro junto con los infinitos cuerpos de las infinitas criaturas ante la humildad resplandeciente de vuestros hábitos. Ayudadme, ¡os lo ruego!, a alcanzar el logro supremo, y pueda convertirse cada uno de mis gestos en un mudra sagrado que transfigure en dicha eterna los tres venenos de la existencia, que en todas partes anidan.

Espíritus locales, no permitáis que esta aspiración decaiga. Recordadme mi compromiso, ¡os lo ruego!, con lluvias, con plagas mágicas de insectos, o acaso con el canto del agorero cuervo. Que pueda sostener en alto la flor de utpala azul mientras duren los tiempos, allí donde para albergar esperanzas en el sendero de la Iluminación sea preciso que los pueblos alcen su vista y exclamen: “¡Mirad!, por allí levita un Honrado-por-todo-el-mundo, un libertador inmortal, la esencia de nuestra mente”. Y que se deleiten con el juego de las innumerables formas del orgullo divino en su sutil y mágica manifestación Saṃbhogakāya, que brillará sosteniendo cuencos de néctar, reconcentrando el universo entero en su inmaculado mandala, su paraíso particular, que no es sino el de todos, pues, desconocedores de la avaricia, siempre dejaron los paraísos sus puertas abiertas. No debo dejar abandonados a los seres ahora que me he comprometido a convertirme en su eterno valedor; ¿no les abatiría una tristeza sin medida saber que les ha traicionado quien pretendía anhelar la glorificación de los perseguidos, los tullidos, los hambrientos, los incapaces y los melancólicos? Será por honor que renunciaré a todo honor, al que esparciré como cenizas de cadáver en el océano de la interdependencia, sobre el suelo misterioso de la vacuidad.

Adoptaré una mirada adamantina que anhelarán poseer todos los seres con los que me encuentre, y sin dudarlo les indicaré el próximo paso que han de seguir para obtenerlo. Serán rasgados todos los velos o navegaré entre océanos de eones, reposando brevemente en los puertos de vidas ejemplares. ¿Quién podrá descansar hasta que se escriba el punto y final a los anales del pesar? De nada me servirá la condición sublime si ajetreadas quedan todas mis madres hocicando espantajos en Saṃsāra. Así, cueste lo que cueste, caigan los reinos que caigan, se sucedan los mundos que hayan de sucederse, nada se detendrá, nada se cambiará, nada alterará la decisión del paso firme. Llegará el día, acaso fuera de esta era, en el cual, derrengado hasta el agotamiento de todo desafío, ofreceré la Tierra Pura de Tushita a cada criatura, mi hermana, mi madre, mi verdadero yo, iridiscencia cien mil millones de veces reflejada de un vacío supremo e inasible al que es preciso devolver el gobierno de las conciencias. Bendecidas por la sabiduría inmarcesible de los santos, el devenir será al fin el paseo de un cisne en un estanque de lotos, ya fuera del tiempo, allí donde Kalachakra y su consorte trascienden toda sucesión. Seré tesoro de los buscadores, el árbol del ave, la mitra del clero, la cuerda del armónico laúd. Seré refugio para los perseguidos, canoa para el navegante, esmeralda para el cuello imperial, sílaba para el enmudecido, claridad para los entendimientos, ungüento para desgarrados, sandalia para el viajero. Me tornaré milagro para el incrédulo, recuerdo para el olvidadizo, flores para el lloroso, párpado para el visionario, miel para el agriado, abrazo sin cese para el desabrigado y el desolado. Lustraré lo contaminado, cauterizaré lo infecto, suturaré lo rasgado, bendeciré a los condenados. Me enamoraré de todos y con todos bajo palio santificaremos nuestro amor. ¡Oh seres, voy en vuestro auxilio, no temáis! Poco podré hacer mientras camino introspectivo sacudiéndome oscurecimientos; pero esperadme a lo largo de esta vida o, a lo sumo, unos pocos eones: llegará el día en que los lotos medicinales que os lance con júbilo llegarán certeros a vuestras heridas, iluminando vuestros cinco agregados antes de que se dispersen gozosamente, y la beatitud se convertirá en un sol en vuestra mente y hará estallar todo lo que ahora creéis ser.

Todo sea por siempre auspicioso, en cualquier universo, en cada fibra de entidad, en cada brote y en cada desasimiento. Amén, amén, amén.

***

[Música: Namgyal Lhamo canta la canción tibetana Chang ya-re. De A. Scriabin suena el primer movimiento (Luttes) de la sinfonía No. 3 Op. 43 (Le divin poème); la sinfonía relata en tres grandes movimientos las etapas de la liberación humana: Luttes, Voluptés y Jeu divin.]

Anuncios

Read Full Post »

 

Una y otra vez renacen en el Saṃsāra interminable,
constantemente atormentados por las tres formas de sufrimiento.
Así están todas tus madres de tus vidas pasadas.

Je Tsongkhapa, Tres aspectos principales del Camino

 

IF I can stop one heart from breaking,
I shall not live in vain;
If I can ease one life the aching,
Or cool one pain,
Or help one fainting robin
Unto his nest again,
I shall not live in vain.

[Si logro salvar un corazón de romperse,
no viviré en vano;
si logro borrar de una vida el dolor,
o enfriar una herida
o ayudar a un desmayado petirrojo
a regresar a su nido de nuevo,
no viviré en vano.]

E. Dickinson, Poemas I.6

 

Puedan todos los seres tener la felicidad y las causas de la felicidad.
Puedan estar libres del sufrimiento y de las causas del sufrimiento.
Puedan nunca separarse de la felicidad sin sufrimiento.
Puedan permanecer en ecuanimidad, libres de parcialidad, apego y aversión.

Las Cuatro Contemplaciones Inconmensurables o “Moradas de Brahmā” (Brahmavihāras)

 

Que todo lo que haya dicho o hecho a lo largo de mi vida o de mis vidas anteriores, redunde en la obtención de la disolución del sufrimiento y, a ser posible, en la Iluminación de todos los seres de los seis reinos de existencia. De no ser así, que al menos no haya obrado en alejarlos de la felicidad y del sendero sublime. Que toda la belleza de los mundos guíen a los seres hacia el bien, y el bien hacia la verdad. Nunca haya más sufrimiento del ya habido, y aun el ya habido se desvanezca del registro de los tiempos pasados. Puedan estas peticiones cumplirse sin demora por medio de la intervención de los Conquistadores de los tres tiempos, por medio de los inestimables bodhisattvas de todos los pueblos y credos y por las acciones virtuosas de los seres ordinarios. Puedan pronto estas palabras ser meros recuerdos obsoletos de tiempos en que la perfección aún no había coronado todas las cabezas ni las guirnaldas de lotos de la sabiduría habían ceñido aún las frentes de los seres adiestrables, y sea esta petición un completo sinsentido por innecesaria. Esté yo a la altura de mi aspiración, y que se reconozca en la compasión la semilla de la naturaleza divina de cada cual, allí donde surja; y, una vez surgida, se sostenga y crezca hasta culminarse. Amén.

¡Larga vida a los portadores de virtudes y enseñanzas!

[Música: Nubshem (Tibetan Buddhist Rites from the Monasteries of Bhutan vol. 4)]

 

Read Full Post »

Pues ya si en el ejido
de hoy más no fuere vista ni hallada,
diréis que me he perdido;
que, andando enamorada,
me hice perdidiza, y fui ganada.

S. Juan de la Cruz, Canciones entre el alma y el Esposo 20

 

Mientras te complazcas en tus deseos hasta el punto de perder de vista tu naturaleza esencial, la acción nunca es correcta.

Lao Tse, Wen-Tzu 134 (versión de T. Cleary)

 

Ofrezco otra humilde versificación castellana en octavas reales con estrambote de un canto de uno de los grandes maestros sakya, uno de los principales teorizadores tibetanos de la disciplina del bodhisattva: Gyalsé Ngulchu Tokmé (1297-1371). Son sus principales textos Las treinta y siete prácticas del bodhisattva, de importancia capital para todas las escuelas tibetanas, y el Océano de la buena explicación, un comentario al Bodhicharyavatara de Śāntideva, comentario que, parece ser, Patrul Rinpoché, quizá el más famoso de los maestros budistas del XIX, tomó a menudo como guía para su enseñanza de la obra (enseñanza recogida a su vez en La ambrosía de las palabras de Mañyusri de su discípulo Kunsang Pelden). En este breve y sencillo poema que traduzco, el autor, también conocido como Tokmé Zangpo, anima a ver el lado positivo de todos los giros de la rueda de la fortuna; enfermedad, salud, pobreza, riqueza, vida o muerte, todas son oportunidades de oro para practicar la virtud, auxiliar a los demás, crecer espiritualmente y avanzar en el camino hacia la Iluminación de todos los seres; oportunidades, en definitiva, para practicar el Dharma, la Ley revelada y ejemplificada por el Buda. Las condiciones favorables nos permiten generar mérito (también la divulgación y contemplación de enseñanzas entran en este campo), mientras que las ingratas nos permiten quemar y purificar el demérito acumulado en esta u otras vidas previas. Sigo el mismo texto de Rigpa Translations que en ocasiones anteriores, sirviéndome tanto de la versión inglesa como de la española, dado mi completo y lamentable desconocimiento de la lengua tibetana. De la adenda en prosa solamente he cambiado el título de “gueshe” (propio de los gelug-pa pero, hasta donde yo sé, no de los sakya-pa) por el de maestro a secas, aplicable cualquier escuela; por lo demás he dejado allí intacta la traducción que me he encontrado en castellano. A mi entender, mi versión no me ha quedado tan fluida como las que realizase anteriormente, y, en cambio, sí mucho más libre y poetizada, quizá en parte por la propia naturaleza del original, quizá en parte por la inmadurez de mi mérito para asimilar con nitidez las verdades contenidas en sus versos; pido disculpas.

¡Que reine la virtud!

Gyalsé Ngulchu Tokmé (1297-1371)

¡Homenaje al maestro!

1. El cuerpo aglomerado y tan ficticio
que, al igual que los otros, yo poseo,
si enferma, ¡que así sea!; porque indicio
del karma que se agota es lo que veo,
y así me alegraré en cuerpo sin vicio
aun de la enfermedad siendo yo reo.
Pues muchas son destrezas del gran Dharma
que ante las dos negruras se hacen arma.

2. Si en cambio es la salud lo que me tiene,
¡que así sean las cosas!; sin dolencias
la mente en cuerpo sano no detiene
la práctica del bien, siempre en crecencias
y siempre vigorosa sobreviene.
Pues no hay para esta vida otras querencias
más nobles que entregar a la virtud
palabra, cuerpo y mente en rectitud.

3. Si enfrento a la pobreza, ¡que así sea!;
en sobria poquedad me gozaré,
no habiendo propiedad que me posea
que a guardar obligado yo me esté.
Pues toda ya malicia, ya pelea,
que en este nuestro orbe uno ve
de afán de beneficio y de riqueza
rebrota sin dudarlo en la cabeza.

4. Si alhajas me encontrase, ¡las recibo!;
en próspera existencia, la alegría
al mérito aumentar mientras que vivo
alentaráme, y eso bastaría.
Cualquier caudal que no me sea esquivo,
cualquier felicidad que en cualquier día
me halle, bien ahora, bien futura,
será fruta del mérito madura.

5. Si debo morir pronto, ¡que suceda!;
al Reino de la Muerte iré contento
sin nada ya viciado que una veda
imponga en mi sendero impedimento,
y en cambio la corriente que se queda
de aquello meritorio que en mi intento
constante acumulé, me habrá ayudado
a abrirme en el Sendero paso alado.

6. Si vivo largamente, ¡concedido!;
gozoso en larga vida seré firme.
Nacida la cosecha del sentido,
y siempre que no inviten a evadirme
la falta de la lluvia y del sol fido
de la enseñanza en donde debo asirme,
si nunca se la deja de cuidar,
sin duda al tiempo habrá de madurar.
Entonces, pues, ya pase lo que pese,
del gran gozo el cultivo nunca cese.

Como respuesta a una pregunta de un maestro Sakya, que preguntaba qué había que hacer en caso de enfermedad y demás, yo, el monje Tokme, que platica sobre el Dharma, escribí estas maneras de llevar la enfermedad y otras circunstancias al camino espiritual. ¡Sarva mangalam!

[Música: P. Glass, Thirteenth Dalai Lama (Kundun OST).]

Read Full Post »

419px-sede_vacante-svg

Escudo de armas del Vaticano en sede vacante.

Et, postquam uenerint ante sedem regis Jerosolime, Ypocrisis insusurret Ypocritis annuntians eis adaentum Antichristi. Qui statim occumint sibi cantantes:
Sacra religio iam diu titubauit.
matrem ecclesiam uanitas occupauit.
Vt quid perditio per uiros faleratos?
deus non diligit seculares prelatos.
Ascende oulmina regię potestatis.
per te reliquie mutentur uetustatis.
Tunc Anticliristas:
Quomodo fiet hoc? ego sum uir ignotus.
Tunc ipsi:
nostro consilio mundus fauebit totus.
Nos occupauimus fauorem laicorum.
nunc per te oorruat dootrina clericorum.
Nostris auxiliis hunc tronum occupabis: […]
Tunc Antichristus neniens ante sedem regis Jerosolime cantat ad Ypocritas:
[…] Ascendam igitur et regna subiugabo,
deponam uetera, noua iura dictabo.

[Después de que hayan llegado ante la sede del rey de Jerusalén, Hipocresía susurrará a los Hipócritas que el Anticristo ha venido. Ellos al instante se aproximarán a él, cantando: “La sagrada religión ya estaba en entredicho desde hacía tiempo. La vanidad se ha apoderado de la Madre Iglesia. ¿A qué viene este despilfarro en varones tan ricamente adornados? Dios no ama a los prelados seculares. ¡Alcanza la cima de la potestad regia! Gracias a ti cambiarán los recuerdos del pasado”. Entonces el Anticristo: “¿Cómo se podrá hacer esto? Soy varón desconocido” Entonces ellos: “Por medio de nuestros consejos todo el mundo te aceptará. Nos hemos ganado el favor de los laicos. Ahora gracias a ti la doctrina de los clérigos se vendrá abajo. Con nuestra ayuda ocuparás el trono […]”. Entonces el Anticristo se situará ante la sede del rey de Jerusalén y, dirigiéndose a los Hipócritas, cantará: […] “Así pues, subiré y someteré los reinos. Derogaré las leyes anteriores y promulgaré otras nuevas”.]

Ludus de Antichristo (s. XII) 28-32 (trad. de E. Castro Caridad en Dramas escolares latinos: siglos XII-XIII, ed. Akal).

Ecclesiam, Agni immaculati sponsam, vaferrimi hostes repleverunt amaritudinibus, inebriarunt absinthio; ad omnia desiderabilia eius impias miserunt manus. Ubi sedes beatissimi Petri et Cathedra veritatis ad lucem gentium constituta est, ibi thronum posuerunt abominationis et impietatis suae; ut percusso Pastore, et gregem disperdere valeant.

[Enemigos llenos de astucia han colmado de oprobios y amarguras a la Iglesia, esposa del Cordero inmaculado, y sobre sus bienes más sagrados han puesto sus manos criminales. Aun en este lugar sagrado, donde fue establecida la Sede de Pedro y la cátedra de la Verdad que debe iluminar al mundo, han elevado el abominable trono de su impiedad con el designio inicuo de herir al Pastor y dispersar al rebaño.]

León XIII, Oratio ad Sanctum Michael, 1890

Omnis enim libertas legitima putanda, quatenus rerum honestarum maiorem facultatem afferat, praeterea nunquam.

[Una libertad no debe ser considerada legítima más que cuando supone un aumento en la facilidad para vivir según la virtud. Fuera de este caso, nunca.]

León XIII, Libertas praestantissimum (1888)

[Dicit enim Ambrosius quod omne verum, a quocumque dicatur, a spiritu sancto est.]

Pues dice Ambrosio que toda verdad, dígala quien la diga, proviene del Espíritu Santo.

Sto. Tomás de Aquino, ST 2.2.172.5

kuliuks1_0_0-icon-of-st-john-the-theologian

No han faltado en mi haber las jeremiadas por las transformaciones de la Iglesia católica en el último siglo, e incluso me declaré abiertamente sedevacantista (después me habría debido considerar sedeimpeditista al sospechar que la silla de Pedro pueda haber estado formalmente ocupada por el cardenal Giuseppe Siri). Tales opiniones son las que me han alejado de la fe en la que fui despreocupadamente bautizado y me han confirmado de forma consciente en lo que ya venía siendo una apostasía de facto. 

Sin embargo, son doctrinas orientales las que me han hecho rebajar el tono. Los ciclos cósmicos que reconocen las filosofías surgidas de la India, tan abiertas a tomar perspectivas más distantes de las peripecias históricas humanas, explican también el devenir de la Cristiandad, y la aprecian en su auge y en su decadencia. No es de recibo alabar al joven vigoroso y vilipendiarlo cuando, ya anciano, va perdiendo la lucidez y cuando se las arregla para caminar cojeando, agarrándose allí donde pueda. Aunque sigo pensando que, cuanta más novedad pide la humanidad malcriada en lo moderno, menos se la debería conceder en aras de contrapesar la tendencia a la molicie excesiva; aunque encuentro una contradicción entre el Magisterio eclesiástico que se conserva desde la época del imperio romano y todo el que se prodiga desde la revolución posconciliar; aunque entiendo bastante poco de las reformas de las últimas cinco décadas, empezando por el Novus ordo missae; aun con todo eso, me cuestiono si es que no hubiese alternativa. Los siglos han sido lo que han sido y han hecho mella hasta en las almas más aptas para la santidad. Ante los nuevos analfabetos del espíritu y de la disciplina, quizá no quepa más que rudimentos simplificados y lemas fácilmente memorizables por quienes ya carecen de memoria y de veneración por la fidelidad de sus ancestros. Reconozco también que almas diez mil veces más piadosas y beatas que la mía han abrazado el mensaje modernista, aunque por otro lado no se deba descuidar la posible piedad mayúscula que también hierva aún en las catacumbas tradicionalistas. ¿Acaso no fue una simplificación el amidismo, el budismo devocional de la Tierra Pura? La cronología budista comprende el estadio actual de sila-kala, la era de la virtud, centrada en la moral por encima de la práctica estricta, y aún anuncia el final Jina-matradharana, el periodo en el que, perdidos conocimiento y praxis, sólo se conservan de la religión sus símbolos vacíos. Incluso el profeta de los musulmanes advirtió de la condescendencia para quienes han dado con épocas de confusión y relajación: “Al comienzo del Islam, quien omita una décima parte de la Ley se condenará; al final, quien observe una décima parte de la Ley se salvará”.

No me atrevo ya a asegurar que los portadores del solideo blanco desde Juan XXIII (o, según algunos, desde muchos siglos antes) hayan sido antipapas. Ciertamente, el aparato legal canónico, herencia del ordenado derecho romano y no susceptible de abrogación según sus propios presupuestos, permite interpretar la existencia de una herejía modernista, sí (Unam sanctam, Mirari vos, Quanta cura, Pascendi, Lamentabili sine exitu, Immortali Dei, Qui pluribus, Singulari quadam, Aeterni Patris...), y es consenso de todos que un vicario de Cristo no puede ser hereje (solemnemente proclamado por la bula Cum ex apostolatus officio de Paulo IV), al menos cuando se pronuncia infaliblemente ex cathedra, so pena de perder ipso facto su condición de vicario de Cristo, dado que es imposible establecer como dogma de la Iglesia una proposición que contradiga a otro dogma aceptado; pero, por otra parte, las religiones mutan como mutan los cuerpos, y, por muy indeseable que sea la mutación de la doctrina que nos advierte de dichas mutaciones, es tan inevitable como anunciado está en la naturaleza de todas las cosas. Una tradición ha declinado a todos los niveles (místico, doctrinal, litúrgico, escolástico y artístico) a lo largo del siglo XX, y es la tradición cristiana latina. ¿Qué hacer ante dos afirmaciones contradictorias, máxime si la primera advierte de que no podrá ser alterada por la segunda y máxime cuando la segunda se legitima a sí misma por ser heredera tradicional de la otra? Toda solución será paradójica, como paradójico es todo lo sagrado. Parece que, rota en la latinidad la dicotomía entre exoterismo y esoterismo, se dice ya todo en el mismo tono, lo cual es ciertamente difícil y peligroso. Pero, al igual que la física de Einstein no invalida la de Newton sino que la abraza y trasciende, algo parecido podría quizá decirse del catolicismo modernista respecto del tradicional, sin que muchos entendamos muy bien cómo ha de articularse tal cosa para evitar entre los fieles -almas necesitadas de directrices nítidas e impresionantes- la proliferación de todos los errores.

No es que las aparentes contradicciones no hayan florecido entre los documentos magisteriales. Por ejemplo, el conciliarismo del Concilio de Constanza fue condenado por el IV Lateranense o por la constitución Pastor aeternus, y el Sínodo de Pistoya fue condenado por la bula Auctorem fidei de Pío VI. Pero ante casos de ese tipo, o bien la nueva declaración declara nula e inválida a la anterior (entendiéndola como no inspirada por el Espíritu Santo), o bien se acomodan entre sí mediante sutiles interpretaciones. El llamado Concilio Vaticano II, por su parte, parece no tener precedentes en el número de tradiciones que cuestiona, dejando a un lado sus defectos formales de promulgación y demás. Aun pretendiéndose ante todo un concilio pastoral y no dogmático, ha suscitado una transformación de las creencias mayoritarias de los fieles como ningún otro evento en la historia.

sede-vacante

La verdadera doctrina católica es amorosa y perdonadora, pero también, en otro plano, dura y excluyente, pues extra Ecclesia nulla salus. Nunca se ha rechazado el margen para la salvación por la Gracia y, lo que es más importante, siempre se ha animado al amor incondicional por los no creyentes: Absit vero, ut catholicae Ecclesiae filii ullo unquam modo inimici sint iis, qui eisdem fidei caritatisque vinculis, nobisenm minime sunt coniuncti, quin immo illos sive pauperes, sive aegrotantes, sive aliis quibusque aerumnis afllictos omnibus ebristianae caritatis ofliciis prosequi, adiuvare semper studeant… [“Lejos, sin embargo, de los hijos de la Iglesia católica ser jamás en modo alguno enemigos de los que no nos están unidos por los vínculos de la misma fe y caridad; al contrario, si aquellos son pobres o están enfermos o afligidos por cualesquiera otras miserias, esfuércense más bien en cumplir con ellos todos los deberes de la caridad cristiana y en ayudarlos siempre…”] (Pío IX, Quanta conficiamur, 1863). En general, todas las tradiciones ponen el énfasis en que es su tradición el mejor camino, si no el único, para culminar el sendero espiritual. Quizá lo enfatice todavía más el catolicismo. Y es que fue una religión surgida en el desierto para pueblos de corazón duro.

Quizá simplemente sean pocos los que se salven (Mt 7:13-14; Nt 22:14; Lc 13:22-27; Rm 9:27), y muchos estén condenados a la confusión, mientras que otros estamos muchos hoy llamados al exilio espiritual: demos gracias de que el mundo actual nos ofrece, como contraparte, la posibilidad de conocer y practicar casi todas las tradiciones que persisten. Aunque una religión ha de violentar el ego y las concepciones asentadas y acomodadas de cada uno, y por ello no basta como motivo el sentirse un poco encorsetado para abandonar la vía, no deja de ser cierto que, cuando se siente una violencia psíquica inaceptable, un choque doctrinal o ritual que chirría una y otra vez en nuestra cabeza o en nuestro corazón por mucho que amemos y veneremos las Escrituras y los ejemplos de los grandes santos, es claro que no estamos destinados a esa comunidad de fieles. No hemos de perder ningún vínculo con la comunidad humana, pero eso no nos obliga a permitir al credo que comparten nuestros hermanos moler nuestras expectativas a fuerza de un deseo pueril de encajar entre los vecinos. Es por ello que, muchos de los que fuimos bautizados como católicos romanos, no hemos logrado mantener una práctica modernizada en la que no vislumbramos ya el Misterio. Entre esta imposibilidad y la de hallar sin asomo de duda un linaje sacerdotal formalmente válido que pueda consagrar y administrar los sacramentos bajo los auspicios de la tradición bimilenaria (¿quizá en la Petite Église?), no queda otra opción sincera y ávida de plenitud que salir a explorar la presencia del Espíritu Santo en otros enclaves.

Hay que decir que la apertura sorprendente a lo que no es la propia religión no se ha dado únicamente en la Iglesia. También el actual Dalai Lama ha tenido sus más y sus menos con su comunidad Gelug. Algunos fieles al protector Dorje Shugden han producido un auténtico cisma que ya no conoce a Su Santidad como al líder de la escuela, inclinándose más bien hacia el Ganden Tripa (líder oficial de la escuela pero que, por su parte, está en comunión con el Dalai Lama). El Dalai Lama parece ser, en algunos aspectos, un entusiasta del modernismo, aunque, como sucede con los líderes espirituales orientales, parece tener dos voces: una para el desarraigado Occidente y otra para su propia comunidad tradicional. Lo que tienen a favor todas las religiones en cuanto a su capacidad para conciliar lo antiguo y lo moderno, salvo la católica, es la carencia de un corpus legislativo dogmático, exhaustivo y perfectamente archivado, que cierra multitud de posibilidades y hace saltar las alarmas del rigor en cuanto una contradicción lógica puesta en negro sobre blanco es pronunciada ex cathedra o en nombre del Espíritu Santo durante un concilio. Los católicos modernistas han querido hacer flexible una religión que ha ido estrechando sus márgenes a lo largo de dos milenios mediante bulas pontificias, encíclicas, actas conciliares y constitutiones apostolicae. Por ende, la Iglesia, para seguirle el paso al mundo, tiene que aprender a perder los sellos que llevaba en su esencia: la racionalidad legal y la fidelidad a su propia tradición documental. Pero con ello se olvidan las palabras del Maestro: “El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama “ (Mt 12:30); y “nadie puede servir a dos señores” (Mt 6:24). No es agradable tener que elegir, ni es agradable tener que disciplinar las propias inclinaciones de uno, habitualmente inclinaciones hacia el siglo. Pero de eso trata en buena medida la religión: en desafiar lo fácil para obtener lo puro.

dish_bernardolippi

Sea como fuere, hay una institución a la que mil millones de personas dicen creer en todo o casi todo. Si fuera cierto que la Iglesia católica no existe ya a plena luz del día y pervive, en cambio, oculta en unas pocas parroquias leales al misal tridentino, al menos podemos suponer que en cualquier caso existe en su lugar algo todavía beneficioso, aunque sólo fuera por la mención constante de conceptos como la caridad o la paciencia. Y, por muy poco beneficioso que fuera, por más que fuera el cumplimiento del Tercer Secreto de Fátima o el anuncio del fin de los tiempos, aun con todo, visto lo visto, seguiría mereciendo protección frente a la ola de zafiedad indisimulada, inmoralidad libre y grotesca que invade nuestro mundo completamente profano y materialista hasta lo inimaginable. Ante el diluvio de las costumbres, una herejía ya ni siquiera parece el peor de los problemas. No afirmo, pues, que no haya habido un desfile de herejías que invaliden la pretendida sucesión apostólica de los últimos papados; más bien intuyo que, aun cayendo en lo que para el Magisterio infalible era visto como herejía, todavía es seguramente posible permanecer en una misteriosa comunión con la Santa Iglesia invisible, aunque ciertas proposiciones magisteriales den a entender lo contrario. Pero no hemos de limitarnos a tolerar un mal menor: los seres mediocres no somos quienes para conceder permiso de existencia a todo un imperio de almas volcadas en prácticas que ya nos son ajenas, si es que alguna vez no lo fueron. Habida cuenta de la confusión doctrinal, de la que muchos teólogos y la mayoría de los fieles no puede discernir ni una pequeña parte (dos milenios de legajos, cánones y decretos en latín dan para una investigación inabarcable), la única opción plenamente legítima radicaría en dar mucho amor y repetir sin cesar el nombre de Jesús, como acostumbran a hacer los cristianos orientales. Y solamente podemos y debemos hacer una cosa quienes ya no comulgamos con la asamblea de la Iglesia: desear que clero y feligreses acierten en su rumbo indiferentista y rezar para que todo salga finalmente como las profecías prometieron (aunque algunas, como la de 2 Ts 2.3-4, anuncien el paso del Anticristo por la Santa Sede) para regocijo de los cristianos. Deseemos desde fuera del templo que el argentino Francisco, reconocido por muchos como obispo de Roma, sea digno de la Apostólica Sede y un auténtico iluminado, un reformador certero y necesario que al menos ha sabido reconocer la preocupante relación del hombre moderno con la naturaleza (encíclica Laudato si), un hombre santo y sabio y no un populista superficial y desnortado, a pesar de lo que de él dicen los sedevacantistas (impresiona, desde luego, el volumen de casi dos mil páginas en el que se cotejan todas las declaraciones dogmáticamente cuestionables de Francisco a la luz del Magisterio bimilenario). Y lo mismo con quienes lo precedieron y con quienes lo sucederán. Doctores tiene la Iglesia para hablar más allá. Y más allá, a la postre, todo queda en manos de Dios.

Probablemente los católicos tradicionalistas, en su tono apocalíptico y anatematizador, dirían que mi postura, más que heterodoxa, es apóstata, puesto que no me reconozco católico. Los budistas, más pragmáticos, probablemente me preguntarían por qué me dedico a dirimir cuestiones de una religión que ya no es la mía en vez de dedicar ese tiempo a mi propia práctica espiritual. Los posconciliaristas, aunque quizá molestos por mis reservas a sus innovaciones, acaso fueran los que, en su habitual espíritu de concordia cosmética, mejor recibirían mis palabras. Pero, como ya he dejado caer, pienso que, precisamente, quizá lo más útil de las religiones en el término inmediato sea el espoleo del alma mediante la desaprobación de nuestras actitudes, nunca lo suficientemente buenas, nunca lo suficientemente justas y nobles. Aunque la Verdad requiera firmes defensas aproximadas y aun el sacrificio de la propia vida, es igualmente cierto que, cerca ya de sus más elevadas manifestaciones, en el silencio expresaremos nuestra más elocuente atención al Misterio; y con nuestros actos, nuestros amores y la conciencia inefable de lo infinito hablaremos con más autoridad que barajando cánones y excomuniones.

ribera-gregorythegreat

[La primera de las músicas es Congaudeant catholici (“Regocíjense los católicos”) (Codex Calixtinus [f. 214 -185-], Magister Albertus Parisiensis) del s. XII, la primera composición polifónica a tres voces conservada en Occidente. Conmemora la festividad de Santiago y su texto es el siguiente: Congaudeant catholici, / letentur cives celici, / die ista. / Clerus pulcris carminibus / studeat atque cantibus, / die ista. / Hec est dies laudabilis, / divina luce nobilis, / die ista. / Qua Iacobus palacia / ascendit ad celestia, / die ista. / Vincens Herodis gladium / accepit vite bravium, / die ista. / Ergo carenti termino / Benedicamus Domino, / die ista. / Magno patri familias / solvamus laudis gracias, / die ista. La segunda música es de W. A. Mozart, de la celestial Große Messe in c-Moll KV 427, II. Gloria (Cum Sancto Spiritu). Quizá sea ésta la misa de ordinario más brillante e inspiradora jamás escrita, probablemente dedicada como voto matrimonial a Constanze Weber, quien cantó como solista en el estreno. El genio de Salzburgo murió pensándose católico y francmasón, y ello a pesar de la bula In Eminenti (1738) en la que Clemente XII había prohibido que los católicos perteneciesen a cualquier tipo de logia masónica, condena ratificada por Benedicto XIV en su constitución apostólica Providas romanorum (1751). Puede cuestionarse si un compositor divino como Mozart pudo o no haber sido hereje, pero más sorprendente sería reconocer, como se sospecha, que Juan XXIII o Pablo VI no dejaron de ser masones tras investirse la tiara papal, y ello choca aun más con la renovación de la condena de la masonería por parte de Ratzinger y Wojtyla. Parece bastante evidente que, para bien o para mal, el Vaticano está ya repleto de masones.]

Read Full Post »

Cuando sale la respiración por los dos orificios
de tu nariz, visualízala bajo la forma de una luz blanca
que lleva consigo toda la felicidad y todo acto bueno:
envíalos hacia delante en un viaje a la par con la respiración.
Imagínalos entrando por los orificios nasales de cada ser, tus madres,
y que llenan a todas esas madres nuestras con toda la felicidad.

I Changkya Rimpoche, Entrenamiento para Aquellos del Elevado Camino

¡Que horrible es abandonar a mis padres en este terrible sufrimiento,
anhelando y buscando únicamente mi propia felicidad!

Jetsün Drakpa Gyaltsen, Desprenderse de los cuatro apegos

Aquí presento una nueva, libre y pobre versificación mnemotécnica de un poema de aspiración: “Un canto de compasión”, del yogui budista tibetano Shabkar Tsokdruk Rangdrol (1781-1851), considerado emanación de Milarepa y denodado defensor del vegetarianismo ético. El poema retrata la rueda de renacimientos a través del afecto que cada uno ha de sentir por los “seres madres”, sus parientes reencarnados en sucesivos reinos de existencia (infiernos calientes, infiernos fríos, pretas, animales, humanos, asuras y dioses). Tal reconocimiento pasa por ser el primer punto de la instrucción de seis causas y un efecto para alcanzar la boddhicitta, tal y como lo transmitió Atisha en el siglo XI. La estrofa elegida esta vez para su trasvase al castellano es la de los tercetos encadenados (con el serventesio final preceptivo), primando el endecasílabo heroico (acentuando segunda, sexta y décima sílabas) siempre que haya sido posible. El epílogo contextual del final lo he dejado en prosa tal y como aparece en la traducción de Rigpa Translations. No deja de ser curioso a priori el tono patético del poema. Pero recordemos aquí que Geshe Langri Tangpa, de quien versifiqué las famosas Ocho estrofas, era conocido por su incapacidad de sonreír; cuando le preguntaron por ello, respondió: “Cuando pienso sobre el sufrimiento sin fin de los diferentes reinos del Saṃsāra, ¿como podría nunca sonreír?” (no obstante, se dice que sonrió una vez al ver a un ratón intentando llevarse una turquesa de su mandala; el ratón, incapaz de lograrlo, llamó a otro ratón y lo intentaron juntos, algo que causó hilaridad en el venerable maestro). Con todo, este y otros ejemplos no quieren decir que la tristura sean inherentes a los maestros realizados (de hecho, suelen ponderar la alegría como soporte de un carácter virtuoso y como uno de los siete factores de Iluminación); antes bien habría que pensar que cada maestro adopta los roles persuasivos oportunos según la necesidad de carismas distintos por parte de individuos y comunidades. 

¡Que abunde la virtud!

shabkar

Shabkar acariciando a un zorro.

1. Mi alma a los que sufren rememora,
mis madres que amorosas me han cuidado
de tiempo sin principio hasta esta hora.

2. Madres que en el calor me han refrescado
en un ardiente infierno han renacido.
¡Las compadezco! En fuego se han quemado.

3. Madres que del helor me han protegido
en un glacial infierno resurgieron.
¡Las compadezco! En frío se han hundido.

4. Mis madres su alimento me ofrecieron,
y algunas como Espíritus Hambrientos
¡las compadezco!, hambrientas revivieron.

5. Mis madres mucho amáronme en momentos,
y algunas se tornaron animales,
¡las compadezco!, usados con tormentos.

6. Cumplieron mis deseos madres tales,
y algunas regresaron como humanos,
¡las compadezco!, a mil daños letales.

7. Mis madres me acogieron con sus manos,
y algunas se encontraron como asuras
¡las compadezco!, en duelos tan insanos.

8. Las madres que bondades dieron puras
volverán, tras el mundo de los dioses,
¡las compadezco!, a vida y muerte duras.

9. Vosotras no rehuís vuestros acoses
y sufrís sin cobijo y con espanto,
¡os compadezco!, todos los adioses.

10. Al ver que el sufrimiento con su manto
a todos nos recubre, yo me pienso:
“¡que hoy mismo me ilumine y me haga santo”.

11. Que alcance el despertar puro e inmenso
y, raudo, de miseria libre a todos,
y rezo para obrar común ascenso,
llevándoles la dicha en ciento un modos.

Cuando a la puerta de mi choza de retiro aparecieron mendigando una y otra vez grupos de gentes pobres, que nunca tenían suficiente comida ni ropa, mi corazón se llenó de un profundo sentimiento de compasión y, entre muchas lágrimas, escribí estas palabras.

bhavacakra

Los tres animales centrales de este Bhavachakra (visualización de la existencia cíclica samsárica) representan los tres venenos que hacen renacer: la serpiente representa la aversión; el gallo, el deseo; el cerdo (¿en este caso un lobo? ), la ignorancia.

[Música: M. de Sainte-Colombe, Les pleurs (arreglo para dos violas).]

Read Full Post »

Without a comprehensive appreciation of bodhichitta, all Buddhist practice degenerates into spiritual materialism.

Dzongsar Khyentse Rinpoche, Not for Happiness, p. 112

Aquí presento las Ocho estrofas del adiestramiento mental (Tib. བློ་སྦྱོང་ཚིགས་རྐང་བརྒྱད་མ་, Wyl. blo sbyong tshigs rkang brgyad ma) de Geshe Langri Tangpa (1054–1123) en una versión versificada por un servidor. Se trata de un poema muy sintético y precioso que contiene lo esencial del Lo-jong, la importante literatura gnómica tibetana que prescribe las conductas virtuosas que cualquiera con aspiración a incrementar su boddhicitta puede ejercitar en cualquier encuentro con los demás seres. Para llevarlo en todo momento con uno mismo, la memorización es, claro está, altamente recomendable, si no imprescindible. El motivo de esta versificación es la rápida memorización para quienes carecemos de retentiva para los textos pero contamos con algo de musicalidad interna, que siempre ayuda a interiorizar aquello a que acompaña. El endecasílabo castellano dactílico acentual es el modo más sencillo que he encontrado para combinar facilidad y agrado a oídos del hispanohablante en la estructuración del poema. He procurado no ornamentar el lenguaje apenas por no envilecer la pureza del texto, pero tampoco he omitido del todo el cuidar la proporción y el buen gusto, que son también útiles para transmitir el significado del mensaje moral. Dado mi total desconocimiento de la lengua tibetana, me he basado en las traducciones inglesas y castellanas de Rigpa Translations (2012). Debo decir que sigo prefiriendo dichas traducciones frente a mi versión poética, puesto que conservan el mensaje intacto y en todo su poder original a pesar del vertido a lenguas occidentales, y aclaro una vez más, por si quedase la duda, que esta versión mía es un mero apoyo de la habitual. Deseo, en fin, que mi mano humilde y falta de fe no desmerezca la excelencia de tan insigne poema, dedicado a la iluminación de todos los seres, más valioso que todos los palacios de oro y que todos los estanques de lotos. Asimismo espero que ésta sea la primera versificación mnemotécnica de una serie que se prolongue en próximas fechas.

¡Que cunda la virtud!

Geshe Langri Tangpa (1054–1123)

1. Cual si valiesen los seres sintientes
más que la joya que todo concede,
por arribar a la máxima sede
siempre mi afecto prometo a las gentes.

2. Cuando con otros esté en compañía,
me pensaré del conjunto el más vano,
y acordaré desde mi ánimo llano
ver en aquéllos sin par primacía.

3. En mis acciones mi mente vigilo,
y en el surgir de pasiones funestas
a un lado haré y venceré a todas éstas,
riesgos que a todos nos ponen en vilo.

4. Cuando crueles yo encuentre a los seres
u oscurecidos por el sufrimiento,
ríndales yo por escasos mi aliento,
como si hundido entre alhajas me vieres.

5. Siempre que alguno envidioso me hiciera
daño arruinándome hundido entre escombros,
yo la derrota cargare en mis hombros
y a quien me hirió la victoria cediera.

6. Y hasta a quien yo despojase del ciemo
o de quien yo mucho hubiese esperado
mucho me hiera con saña afanado,
contemplarélo cual guía supremo.

7. Por sinuosas maneras o claras
toda mi ayuda a mis madres daré,
y en mi espaldar en secreto arriaré,
hechos ya míos, sus daños y taras.

8. Aprenderé a mantener este jugo
ya sin las ocho congojas mundanas.
¡Pierda yo afán de las cosas por vanas
y sin apego me libre del yugo!

tt94

[El lama Tashi salmodia el mantra de Avalokiteśvara (Om Mani Padme Hum), el bodhisattva de la compasión, cuya principal encarnación es el propio Dalai Lama.]

Read Full Post »

Cuando aparecen las cinco señales de que su muerte se aproxima, el dios sufre porque sabe que se va a morir. Sus compañeros y compañeras celestiales también saben que va a morir y ya no pueden acercársele. Desde lejos le lanzan flores y expresan sus buenos deseos: “Que, cuando mueras, renazcas entre los humanos, hagas buenas acciones y renazcas de nuevo entre los dioses”. Y lo abandonan.

Patrul Rimpoché, Las palabras de mi maestro perfecto, p.186

Existe, brahmā [Baka], la esfera llamada de los dioses resplandecientes. Cuando allí falleciste viniste a renacer aquí, pero, como has pasado aquí mucho tiempo, lo has olvidado, no lo conoces ni lo ves, pero yo sí que lo conozco y lo veo.

Brahma­niman­tanika­sutta (Majjhima Nikāya 49.10)

Mientras Él ignoraba lo que hacía, Sabiduría actuó y lo fortaleció todo, y, cuando en realidad era Ella la que obraba, el Demiurgo creía que de Él procedía la creación del mundo.

Hipólito de Roma, Refutación de todas las herejías, 6.33.1

Animula, vagula, blandula
Hospes comesque corporis
Quae nunc abibis in loca
Pallidula, rigida, nudula,
Nec, ut soles, dabis iocos…
“Pequeña alma, errante, tierna,
huésped y compañera del cuerpo,
¿dónde morarás ahora,
pálida, rígida, desnuda,
sin que te des a los juegos de antaño?”

Atribuido al emperador Adriano (Historia Augusta, Adriano 25.9)

Detail_from_'Five_Hundred_Arhats'_by_Kano_Kazunobu,_Scroll_57

Estaba la deidad prendada de su absorción de dicha, contemplando las delicias de su reino interior. El tiempo no tenía cabida en su percepción, y un gozo que se presumía completo ocupaba todo el espacio de su conciencia. La serenidad más perfecta le permitía no aspirar a otra cosa. Su sentido de la personalidad se limitaba al hecho de observar la misma paz que generaba en cada de una de sus respiraciones, que se convertían en vientos de gracia para profetas y gandharvas de reinos inferiores. Sonreía de amor ante las ofrendas y alabanzas que recibía de otros seres más ajetreados que no llegaban a contemplarlo cara a cara.

Pero, con la lentitud con la que se colapsa un mundo, sus ojos comenzaron a abrirse tras haber permanecido meditando durante cuatro eones sobre su propia luz ilimitada. Sus miembros sutiles, similares en tamaño a mil universos groseros, fuéronse desentumeciendo, tomando conciencia de sus propios condicionamientos. Se iba perdiendo el resplandor de su majestuoso cuerpo, su trono le va incomodando poco a poco, sus guirnaldas se marchitan, sus vestiduras se ensucian y huelen, empieza a sudar. Son las cinco señales que preconizan su muerte. Un pánico que no había sufrido nunca en su divina vida le atenaza: siente dolor. Divisa los próximos reinos en el que renacerá hasta que agote el peso de sus acciones oscuras, originadas en vidas anteriores. Primero será nueve mil veces animal: comprenderá la soledad del oso, se esforzará fanáticamente con las hormigas, huirá de las fieras entre alimañas asustadizas, será tortuga devorada por hombres y codiciará la podredumbre de frutos y cadáveres como un minúsculo gusano sucesivas veces. Después pasará a ser un preta, un espíritu hambriento, navegando durante un eón en un mar solitario y ardiente que le abrasará constantemente mientras la sed ahoga toda posibilidad de gozo. Las hachas y sierras de fuego seccionarán su cuerpo incontables veces en el infierno Kālasūtra, unas rocas lo aplastarán una y otra en el Saṃghāta, mientras que en los infiernos fríos de Nirarbuda y Hahava sentirá un helor extremo, paralizante, que le cubrirá de ampollas y pus su amoratada carne y que nunca terminará de matarlo. Y, entretanto, continuará acumulando acciones y predisposiciones tenebrosas que habrá de pagar todavía en vidas de las que nadie salvo un iluminado sabe nada. El desdichado dios vierte lágrimas como océanos, y en ellos comienzan a nadar, a su vez, millares de peces y de espíritus hambrientos que pagan por su parte sus propias deudas con el universo. Los cabellos, antaño cien mil veces más resplandecientes que el oro, hebras de soles que iluminasen cientos de mundos, se desprenden. La piel, tejida de tersos pensamientos puros, se deshilacha y se diluye en el suelo que se abre bajo sus pies.

life-of-buddha-56 (1)

Este paso de vejez y muerte se prolonga durante todo un eón, mientras reinos inferiores giran sus propias existencias innumerables veces. Cada uno de sus gemidos será el soporte físico de diversos reinos intermedios en sucesión donde millones de asuras combatirán con orgullo y ambición a los envidiados dioses. El longevo patriarca de sus universos comienza a jadear, y todos sus adoradores se estremecen con el caos en el que aquel malestar se manifiesta: todas las pestes posibles y muchas explosiones de estrellas, torbellinos de fuego y erradicación de razas reflejan la agonía del padre celestial. No pocos reinos quebrados y asolados se reconocen entonces como componentes del cadáver de quien les dio vida. “Parecía inmortal e invencible”, se dice el el último sacerdote de su culto, “pero nos ha abandonado, y ya sólo nos queda rumiar hasta la próxima muerte en esta su carne reseca y que llamamos nuestra tierra”.

Achacaso y dolorido en su entera mente, el soberano se alejaba del beato reino Apramāṇābha. Iba deslizándose por una nube de incertidumbre, y se tensaban sus pasiones, adormecidas durante su devenir paradisíaco. Llamaba a sus amigos benditos, pero nada hacían por él porque nada podían hacer. No encontraba ayuda en los tres mil mundos que ha concebido con su meditación. Una voz búdica que descendía de una Tierra Pura le habló en nombre del compasivo Amitābha: “Oh noble anciano: entre los estados múltiples del ser no alcanzarás jamás la libertad última. Serás tú también golpeado una y otra vez por los eones, tanto como mitades tiene cada grano de arena de todos los desiertos. Las condiciones te atenazarán, oh esplendoroso, como al águila a la que oscuros duendes han ensillado y cargado con bagajes para obligarla a regresar al duro suelo. Sigue el sendero de los excelsos sabios o persiste en el remolino”. El moribundo comprende las palabras y se fija la determinación de respetar la Ley de causas y efectos para liberarse del sufrimiento tras las próximas diez mil vidas que tiene ya adjudicadas. Si incluso un ser tan puro y sutil ha de regresar por la incesante rueda de sufrimientos, ¿qué demora no habrán de padecer los que, enfangados en sus afanes, complican cada vez más sus almas con estragos y miserias morales? Cuando una tormenta de treinta mil años ha abotargado su mente, el otrora bienaventurado despierta en el húmedo vientre materno de una salamandra sin guardar recuerdo alguno de sus antiguos dominios.

Los otros dioses que lo habían visto fenecer hubieron lanzado flores acompañadas de amistosas palabras. Pero quedaron aparte a la espera de que el hálito de vida abandonase al enfermo. Una vez convertido en un cadáver gris, los nobles celestiales lo recogieron y lo dispusieron en un altar, donde procuraron consolar con oraciones milenarias los ánimos de los que aún moraban en los universos a la deriva de sus entrañas muertas.

The_Six_Realms,_Hell,_from_'Five_Hundred_Arhats'_by_Kano_Kazunobu

[Música: J. Cererols, Missa pro defunctis (Libera me), sublime música responsorial para acompañar una voluntad de liberación: Libera me, Domine, de morte æterna, in die illa tremenda, quando coeli movendi sunt et terra. Dum veneris judicare sæculum per ignem. Dies iræ, dies illa, calamitatis et miseriæ, dies magna et amara valde. Kyrie eleison. (“Libérame, Señor, de la muerte eterna, en aquel tremendo día, cuando tiemblen los Cielos y la Tierra, cuando vengas a juzgar al mundo con fuego. Día aquel, día de ira, de calamidad y miseria, día grande e inmensamente amargo. Señor, ten piedad”.)]

Read Full Post »

Older Posts »