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Archive for the ‘Ensoñaciones’ Category

Si quieres lavarme, desde lo alto de mi cabeza siempre correrá el agua clara, y en todas mis acciones me encontrarás como el oro puro, que se ve rojo al ser frotado con la piedra de toque, y cuya superficie no atacan el negro orín ni el moho y conserva siempre su genuino esplendor.

Teognis, Elegías, 447-452

Es grato grabar en un árbol sagrado versos de júbilo para revelar los hados.

Calpurnio Sículo, Ecl. I 39-40

Justin Sweet - Fifth sourcerous

Un valle en el que todos los amores sean legítimos, un caballo al que monte el paladín insobornable, un trono ocupado por el noble, una adicción a la compasión ilimitada, una hermandad entre los seres dotados de sensibilidad, un libro que convenza inevitablemente de la vanidad del siglo a su lector, un arte que glorifique lo eterno de lo efímero y la impermanencia de lo aparente, un gesto que concuerde con la virtud, unas rodillas dobladas ante los victoriosos del espíritu, un silencio atento a la tradición, un cuidado de no pisar ningún insecto, un ejército conformado por gimnosofistas, un simbolismo comprendido por los grandes raciocinios, una jurisprudencia asentada por ascetas, una música cuidada de no alterar los humores ni alejarlos del equilibrio que el ánimo precisa para autocontemplarse.

Un señorío ganado por la pureza de corazón, un enjambre de sonrisas a cada paso, una ceremonia real en la que se corone al héroe ajado por el desprecio y meditabundo, un bautismo de verdugos del sufrimiento, unas palabras que venzan definitivamente por su tono, una barriada en la que cada hogar sea un palacio de la misericordia, una familia de templos andantes, una virginidad interior a la que ningún cuerpo pueda violar. Una oda infinita y hospitalaria a la que se puedan sumar rapsodas con sus versos, labriegos con el soniquete de sus azadas y las alimañas del bosque con el traqueteo de sus pezuñas.

Gurney-Dinosaur Parade

Un viento que sintamos como el beso del universo, una entrega de brazos abiertos a ese momento del día en el que todas las criaturas libres somos susurradas por lo sublime de lo sin principio, una grandeza a la que nunca se pueda colmar señalando esto o aquello, sino solamente aproximándose a ella con nuestro carácter, despojándonos de ataduras profanas, de rencores de niños malcriados, de despotismos tumorales. Una verdad sin velos, un velo sin necesidad de descubrirse, una alegría en todo lo que alegra y una piadosa esperanza ante todo el dolor que atenaza a todas las mentes, mentes que son la nuestra con cierto desfase horario. Una utopía, en fin, que no será sino ternura afectuosa para con la impotencia de las utopías, una aceptación de la imposibilidad de aceptación, cálido bálsamo para el desgarro de aquellos nervios rotos que no pueden sino ser ya insensibles a los bálsamos.

Allí habremos de vivir, así habremos de rodearnos nosotros los utopistas, alimentando naciones en nuestro interior. Y esas naciones, a pesar de las guerras invasoras, siempre sobrevivirán a saqueos e incendios si se renuevan como los territorios legendarios que ocuparon uno tras otro los continentes, en sucesión, reinos devorados por imperios e imperios que se desmiembran en aldeas, sabiendo que también mueren las utopías como muere todo lo que se atrevió a nacer, y como todo lo nacido puede engendrar herederos en una inconmensurable cadena de dichas y aflicciones.

James Gurney - Garden of Hope (Dinotopia)

[Música: O. Respighi, Feste romane. III. L’Ottobrata]

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Y el lucero de la tarde es el más bello de los astros no por la proporción que existe entre las partes y el todo, sino por la claridad risueña y dulce que derrama ante nuestros ojos.

San Basilio de Cesarea, Homilia in Hexaëm., II 7 (P. G. 29, c. 45)

“Estamos aquí sólo de paso -respondieron las flores-. Una familia de espíritus llegará en breve y le preparamos el camino y el albergue”.

Novalis, Los discípulos en Sais, II

En un ciclo mirífico se develan los dones rebosantes de los altos legados, y brota un manantial eterno de aguas claras como los principios geométricos, y los sultanes rezan con la piedad de ángeles, y todo canto armoniza con la música de las esferas, y el juglar entra en un arrobamiento transformativo y contagioso, y la suavidad de los gestos los convierte en curativos, y los duendes bailan derramando miel de sus cuencos, y la dulzura titila desde las lágrimas de alegría, y los antiguos versos actualizan la Edad de Oro, y el aroma del tomillo y del sándalo serena a las fieras, y razas de seres inconexos se unen a coro para ritualizar la epifanía, y todo lo vulgar ha sido olvidado como un mal sueño, y coronas y guirnaldas se confunden como las arboledas, y la paciencia y la mirada serena de lechuza vuelven solemnes y nobles a los humillados, y se rinde pleitesía recíproca entre todas las criaturas, y en todo lo ajeno se observa una superioridad complementaria respecto de la propia, y los hayedos cubren compasivos las congregaciones con palacios de otoño, y en cada pensamiento despunta una sutileza nunca antes verbalizada, y los pares de opuestos demoran su conjunción definitiva con coqueta nostalgia, y los faunos vigilan que nadie deje de apurar la copa de la libación, y los héroes de larga cabellera se arrodillan ante sus paternos dioses, y la ironía se ha rendido ante la grandeza, y el mar añora inundar los sagrados eventos con su salino oleaje, y la bacanal se aborda con la seriedad de una mística transfiguración, y lo verde y lo azul deambulan entre las vetas de alba pureza, y renacer queda ya como el único acto legítimo, y el vergel ondea beatífico como un lago jocoso, y hasta doncellas y efebos pronuncian verdades divinas igual que se habla de juegos inocentes o de votos nupciales, y cada dicha es trasunto de un aleteo inconmensurable de las almas, y ya no se aplaza ninguna plenitud, y la parsimonia se abraza a la belleza como significando un reino en cada brizna de ser.

(c) The Wallace Collection; Supplied by The Public Catalogue Foundation

[Música: Recreación del grupo Synaulia de lo que pudo ser la música romana en una fantasía titulada “Symphoniaci”]

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… y en medio de estas rocas danzantes una vez y siempre
surgía de repente el río sagrado.

S. T. Coleridge, Kubla Khan

Báñate las costillas en vino, que ya vuelve la estrella, y es penosa la época, y todo está sediento y con ardor…

Alceo de Mitilene, 21 (94D)

En una selva de heliotropos carmesíes se concitaban duendes y oráculos, poetas y salios, besos y cantos. Todos a una homenajeaban el retiro sepulcral de bellezas sin nombre, profundas como la piel, doradas como el centro de la santa tiniebla. Y un baño de diamantes nos desnudó a todos bajo la mirada aprobatoria de Afrodita, la de trono multicolor. Y una lágrima surgió del corazón de alguien y con alegre fervor se inmiscuyó en nuestra ternura, compitiendo con ella. Formado un cristalino lago, odas de hondo calor derramaron ámbar sobre las flores. Las flores se derramaron sobre los corazones; los corazones, sobre la tierra roja pisada por antiguos y venerables gigantes. Y renegamos solemnemente de las dualidades. ¡Cuántas coronas se dispensaron aquel día! ¡Cuánto encanto hechizó a los soñadores que se sumaban venidos de todas partes! Ciertamente se cultivó un arco de bendiciones, extasiadas por muchos, salmodiadas por otros, reverenciadas por todos. El oro fluyó de todas las bocas, comunicadas entre sí por el lenguaje propio de los hiperbóreos, ingrávidos como pensamientos. Nunca tantos coros se concertaron con tan rosada piedad. ¡Oh nobles hijos de la edad!, nunca sabréis lo dulce que fue aquella hora en la que Tiempo y Bien se amaron bajo la estrellada bóveda que cobija a hombres y dioses.

Parsifal - Mestres Cabanes

[Música: S. Vasilenko, Suite india Op. 42bis. II. Dithyrhamb.]

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No debemos sólo amar, sino ser, como Dios, nosotros mismos el amor.

Angelus Silesius, El peregrino querúbico, I, 71

Hubo un germen que se propaga sin tiempo ni compás. Surgió del último chakra, y me hizo creer en la luz que no muere. Lo seguí a través de los bosques y las montañas, a través de de los mares, que anegan ejércitos, a través del desierto, tumba de intrépidos. Vibrante, me llevaba de aquí para allá, revoloteando como luciérnaga despistada, oscilando al ritmo de los latidos de mi yo. Su titilar me recordaba al lucero de la mañana, pero su cualidad era la de la esmeralda pulida o la de la beatitud del sabio iluminado. Adoptando la forma de una corona, se dejó ceñir por mi sien. Y viéndome ataviado con indumentarias preciosas, me ofrecí a la humanidad para mostrar y expandir la realeza.

Ese germen desafía toda geometría, aniquila todo concepto, burla toda mezquindad. Sí, se propaga sin tiempo ni compás, doblando los pliegues de la sucesión de acontecimientos. Fue, es y será. Refulge en la noche invitando a que lo amen. Las criaturas noctámbulas obedecen, hipnotizadas por el trance del viaje astral, alentadas por las deidades que adoptan formas animales. Te está convocando, ¡oh iluso!, pues eres para él un espejo divino en el que reflejarse una vez más, en todas direcciones, con todos los atributos de la dulce serenidad sin edad.

THOMAS J. ABERCROMBIE 2

[Música: John Tavener, Dhyana]

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Seda

Cuando acabamos de despertarnos de los sueños al alba y nada se mueve todavía, es el momento en el que emergemos de lo que se halla todavía indiferenciado. Si puedes servirte de estos momentos para poner tu atención en el interior de la conciencia, te darás cuenta de que todos los sentidos y los deseos son obstáculos.

Huanchu Daoren, Charlas de raíces vegetales (vers. T. Clearey y A. Colodrón)

¿Quién ha de despertar al alma de aquel dulce y sabroso sueño, si se duerme en la nada?

Miguel de Molinos, Guía espiritual, 3.20.194

Dulces tránsitos se dan entre los vaporosos doseles que rocían el dormitorio, en las incertidumbres de la mañana somnolienta, en los ocasos ambarinos. Esas sensaciones de leve embrujo, de otoño injertado en el ahora, le sumen a uno en una melancolía provechosa, en una quietud sapiencial de barniz indolente. Momentos de seda y terciopelo que acarician la conciencia con ternura de nodriza. Embriaguez efímera que abre una puerta a colinas espirituales para quien mantenga la atención suficiente en medio del adormecimiento. Allí podemos sentir el sabor tenue de la vacuidad. Allí la soledad o los besos son como pétalos mustios de una belleza caduca, y un color de cereza nos recuerda la edad resignada de los follajes rojizos cuando las estaciones apagan las arboledas, arrugando a la naturaleza para un posterior comienzo, igual de vacío, igual de pleno, igual de hermoso y sagrado.

Serge Marshennikov - Shell’s Battle (2013)

[Música: A. Scriabin, Poème Op. 32 No. 1, ]

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I cannot tell why some things hold for me
A sense of unplumbed marvels to befall,
Or a rift in the horizon’s wall
Opening to worlds where only gods can be.
There is a breathless, vague expectancy,
As of vast ancient pomps I half-recall,
Or wild adventures, uncorporeal,
Ecstasy-fraught, and as a day-dream free.
It is in sunsets and strange city spires,
Old villages and woods and misty downs,
South winds, the sea, low hills, and lighted towns,
Old gardens, half-heard songs, and the moon’s fires.
But though its lure alone makes life worth living,
None gains or guesses what it hints at giving.

H. P. Lovecraft, Fungi from Yuggoth, XXVII

No sabría decir por qué algunas cosas me producen
una sensación de maravillas inexploradas por venir,
o de grieta en el muro del horizonte
que se abre a mundos donde sólo los dioses pueden vivir.
Es una expectación vaga, sin aliento,
como de grandes pompas antiguas que recuerdo a medias,
o de aventuras salvajes, incorpóreas,
plenas de éxtasis y libres como un ensueño.
La encuentro en puestas de sol y en extrañas agujas urbanas,
en viejos pueblos y bosques y cañadas brumosas,
en los vientos del Sur, en el mar, en collados y ciudades iluminadas,
en viejos jardines, en canciones entreoídas y en los fuegos de la luna. 
Pero aunque sólo por su encanto merece la pena vivir la vida, 
nadie alcanza ni adivina el don que insinúa.

SIR-LAWRENCE-ALMA-TADEMA-THE-POET-GALLUS-DREAMING

[Música: Respighi, I pini del Gianicolo]

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Fueron, efectivamente, reyes durante toda una mañana en la que las colgaduras carmesíes se alzaron nuevamente sobre las casas, y durante toda la tarde, en la que caminaron por los caminos de palmas.

A. Rimbaud, Las iluminaciones

Quiero subir a la tecla de un piano y viajar a lomos de su resonancia hasta mundos donde la belleza sea el alfa y el omega. Quiero amar hasta que los sauces llorones, transmutados en euforia biológica, aplaudan el espectáculo. Quiero blandir una sonrisa pacífica pero de una intensidad contenida, hasta derretir el hierro oxidado que cubre a las más ásperas calaveras. Quiero desposarme con un hada para hacer de su figura mi modelo iniciático y mi reflejo. Quiero forjar nuevas razas con cada suspiro, levantar rutas a Shambhala con cada pincelada de mi vista, abrogar leyes telúricas con cada creación que surja de mi mano abierta. Quiero coronar a todo lo inocente con puros besos, y volver inocentes a los poderes agonizantes. Quiero querer con sangre lo que ahora sólo quiero con palabras. Quiero contemplar el fuego sagrado día y noche, y recordar en cada hora a mi dios, a mi dama, a mi arquetipo y a mi Jerusalén interior, patria de nefelibatas purificados por los rituales del arte, la guerra y el amor.

[Música: Schubert, Der Doppelgänger]

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