Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Ensoñaciones’ Category

La Garbo aún pertenece a ese momento del cine en que el encanto del rostro humano perturbaba enormemente a las multitudes, cuando uno se perdía literalmente en una imagen humana como dentro de un filtro, cuando el rostro constituía una suerte de estado absoluto de la carne que no se podía alcanzar ni abandonar. […] El rostro de la Garbo representa ese momento inestable en que el cine extrae una belleza existencial de una belleza esencial, cuando el arquetipo va a inflexionarse hacia la fascinación de figuras perecederas, cuando la claridad de las esencias carnales va a dar lugar a una lírica de la mujer.

R. Barthes, El rostro de la Garbo (Mitologías, 1957, pp. 42-43; trad. H. Schmucler)

Y es cierto que cuando estoy junto a un río, éste se desvanece —no me explico cómo— y, en su lugar, creo que eres tú el que fluye, hermoso, grande, mucho mayor que el mar. Y cuando miro al cielo pienso que el sol se pone y que deambula en algún tipo de nivel inferior, y que en su lugar luce quien yo quiero.

Filóstrato, Cartas de amor 10 (trad. R. J. Gallé Cejudo)

Es en los orígenes de las cosas cuando se establecen los paradigmas puros, los arquetipos que posteriormente se comentan y se varían con matices a menudo engañosos, decadentes o simplemente superfluos. En el caso del cinematógrafo, ya en tiempos mudos se definieron los paradigmas centenarios: Chaplin quedó como el mejor ejemplo del humorismo inteligente, Rodolfo Valentino como el amante apasionado y apasionante, Hitchcock como el maestro del suspense y Emil Jannings como el malvado de libro, aunque muchos otros (Roy D’Arcy, por ejemplo) podrían haber disputado el puesto. Se destacaron no por una sola obra, sino por encasillamiento propio de los que

Greta Garbo fue y será siempre icono de la belleza de un carácter y unos rasgos misteriosos. Fue y será siempre la esencia del enigma de la atracción por lo extraño, el encanto inasible, la sugestión desbordada. Sus labios amplios, sus delineadas cejas, tan incisivas, su cuerpo zigzagueante… más que un poder sexual ejercen una llamada extraterrestre hacia un apéndice a las razas diseñado por los más exquisitos de los modernistas de entreguerras. Es la humanidad que surge del claroscuro, de la media luz, de la incierta posibilidad de todo palpitar, de la noche inacabable y fatalmente no consumada. Greta Garbo, para los caballeros y para las damas que la contemplan con la fascinación que merece un prototipo o una escultura repulida, manifiesta el secreto del magnetismo personal, una de las fuerzas que con mayor impulso hacen girar el mundo. Sin sonrisas inocentes (“¡Garbo ríe!” fue el principal eslogan publicitario de la comedia Ninotchka), sus facciones son reconcentración de inminente arremetimiento, son deseos sedientos y cristalizados en ángulos, afán contenido en su máxima y más elegante expresión. No hay nada infantil ni religioso en su mirada; tan sólo hay una voluntad infinita pero agazapada de asaltar a la vida, de poseer una experiencia, un amante, una mirada, un instante, una eternidad.

En su inexplicable inexpresión, carente de voz cuando todavía no había llegado el cine a balbucear palabras en su banda sonora, el rostro de la Garbo promete todo lo que un rostro humano, nada más que humano, puede prometer. Todo el misterio que tiene la carnalidad más delicada está representado en ese símbolo secular. Quien ve la insuficiencia de ese dios mundano, poca insuficiencia le queda ver en el resto del entorno. Ahí es donde radica su enseñanza. En efecto, a pesar de ser lo que es, la efigie de la Garbo sólo era una forma vacía en evolución. Ella no era más que un ser humano. Pero en absoluto era menos que eso, que una completa criatura humana, es decir, encarnación consumada de todas las potencias existenciales del alma.

“La vida sería maravillosa si supiésemos qué hacer con ella”, parece que dijo la actriz sueca. Palabras muy reveladoras, que indican una aspiración que, por ignorancia, por falta de un entorno propicio, no se puede colmar donde únicamente puede ser colmada: en el reino del espíritu, ajeno al brillo de las superficies que el nuevo siglo parecía adorar en forma de brillantinas, baquelitas y fotogramas. Indica también, al menos, la conciencia de un vacío, un vacío que acaso sea la causa oculta del misterio que sus ojos inyectaban en el público de medio mundo. Reconoció ese vacío en los amagos rápidamente retirados con los que aparentaba trastocar su vida: plantones ante el altar, relaciones lésbicas, retiros a Suiza y una reclusión final entre las cuatro paredes de su apartamento neoyorquino, lejos los carteles que nunca amó y de las mansiones con las que estrellas parecían incubar su fama y apariencia de alegría en California.

La Greta que no salía en la pantalla, la Greta que coleccionaba arte bajo la guía de sus amigos esnobs, no parecía tener gran educación, ni una especial incisión en temas profundos, ni una sensibilidad afectiva particularmente lúcida. Su carácter acaso fuese más adicto al repliegue herido que a la recolección sanadora, acaso más hastiado que meditabundo. Era, pues, una fuerza sin dirección, y de ahí también su nítida esencia humana, no difuminada por los contenidos. Su paso por el mundo, sobre todo durante su juventud, dejó tras de sí un molde de porcelana de la naturaleza de la persona: su labor fue mostrar la fascinación humana envasada al vacío. Ni la dulzura encantadora de Jobyna Ralston, Janet Gaynor o Mary Pickford, ni la picardía de Bebe Daniels, Dorothy Gish o Clara Bow, ni el carácter virulento de Pola Negri, ni la profundidad dramática de Lilian Gish, Brigitte Helm o Gloria Swanson, ni el terrible coqueteo de Louise Brooks, pueden competir con la fascinación de la irrepetible Greta, la única Greta que no necesita apellido para ser reconocida, la única Garbo que no necesita nombre de pila para traer a la mente al icono de un mundo espectacular.

No hay ni una sola joven en Hollywood o en ningún otro muestrario de carne que se aproxime remotamente a la magia profana del caso Garbo. Ni todas las poses antipáticas con las cuales creen algunas adoptar misterio y suficiencia roza ni un átomo la calidad de la radiación de Garbo, experta en no hacer nada más allá de entornar tentadoramente puertas en las mansiones de Venus. Garbo exhalaba un desprecio tangencial, una sobredosis de languidez punzante -o, inversamente, de penetración sin búsqueda concreta-, un dolce far niente perlado y pulido por la técnica de una era ávida de fascinarse. Acaso ocultase su sonrisa -hermosa sonrisa- por pudor, por demasiado hermosa, es decir, por no encontrar motivo para repartirla burdamente ante los indecentes focos que violaban el sfumato de su presencia.

Todas estas especulaciones sobre las facciones de Greta Garbo son, desde luego, simple filosofía conversable, sabiduría de tocador, metafísica barata. Una sorpresa, en todo caso, para quien conozca mi línea editorial, por decirlo de algún modo. Mas quiero notar, por añadidura, que encontrar ejes y símbolos en ciertos hechos y objetos es una táctica fecunda del pensamiento. El mundo nos ofrece llamaradas de realidad en forma de una persona o una música o una anécdota especialmente candente, transparente. Sea el rostro que muchos y muchas escrutaron con mirada exploradora e incluso con devoción, sea la caída de una manzana con la que caen todos los cuerpos, o sea la convalecencia de una polilla en la que uno cree ver a todas las víctimas del devenir, hay que estar atento, atento para cazar al vuelo las fluctuaciones del universo, aquéllas en las cuales leemos la composición de la inmensidad restante, tan aparentemente quieta, tan aparentemente oscura.

Periódicamente, en la era de madurez de los estilos y de los inventos, surge un modelo especialmente acabado, oportuno como ningún otro, y que deja tras de sí la estela de un modelo que alcanzará indirectamente incluso a quienes ya nada saben de él. Su influencia es legendaria, casi un cliché, aunque a menudo ya ni se comprenda por qué. Mucha gente que nunca ha oído música de Mozart lo pone de ejemplo cuando se trata de mencionar a un genio. Por otra parte, nada surge de la nada, y, sin duda, la actitud y mirada de femme fatale no surgieron con la fantasmagórica mujer de Estocolmo.

Siempre se puede volver a mirar las cosas bajo un prisma enriquecido. Irradiado por las pistas enigmáticas del Tao o del Vedanta Adavaita, uno llega a poder ver verdades muy profundas en la trivialidad de un mito de Hollywood. En las superficies se leen vicios o virtudes del espíritu, y es en cierto modo que, como decía Mishima, lo más interesante de los ambos lados está en sus puntos de contacto. Lo más profano nos puede impartir una enseñanza suprema sobre lo más sagrado, y lo más sagrado puede adoptar un cariz rígido y cerril opuesto a lo que predica. Es en los puntos de intersección donde se ponen a prueba, donde se matizan y perfeccionan. No sería decente una doctrina que no se enfrentase al hecho de bellezas, felicidades y bondades cultivadas en regiones que les son ajenas. La grandeza del Buda no se ve solamente en la cantidad de sufrimiento evidente al que puso coto, sino sobre todo en el placer de los sentidos que no lograron satisfacerle. Es por ello que no me avergüenzo de dedicar tantas palabras al hilo de un escaparate humano explotado por capitales y lujuria. Una estrella de Hollywood no es más que nadie, pero tampoco menos. Y es ambas cosas, y es tan buen motivo de reflexión como el murmullo de los vientos entre calles abandonadas, o como el alumbramiento de una criatura sensible, o como la desaparición de un hombre santo.

En términos absolutos, Greta Garbo no merece ni desprecio ni idolatría, como ningún ser humano. En cambio, según el ángulo de nuestro cuello, sea con la vista puesta hacia las alturas o hacia nuestras manos y piel, merece lo uno y lo otro. Dentro de la magia del cine, que, como la pintura y la escultura antes, es muy poderosa y ha hechizado a millones de personas de todos los pueblos, hay figuras con una especial posición, un fulgor semidivino difícilmente repetible con tal intensidad; principalmente se coagularon cuando el séptimo arte alcanzó su culmen de perfección artística, es decir, en la década prodigiosa de los veinte. Por otro lado, no hay nada especial en un rostro humano cualquiera, nada que no esté a su manera en el rostro de un obrero indio o de una mantis religiosa. Las ilusiones que más gala hacen de su carácter ilusorio son las que más diáfanamente nos convencen de la intrascendencia de los fenómenos: el cine, mostrando cuerpos en movimiento donde no hay ni siquiera relieve, no puede ser más didáctico. La totalidad del universo que puede representar una secuencia de fotogramas, con planetas lejanos, aventuras microscópicas, dioses voladores y labios a la par carnosos e incorruptibles, toda la totalidad de esa realidad ficticia y nada son lo mismo. Más que una nada, conforman el sutil vapor de los más intrincados anhelos humanos, reductibles, al fin y a la postre, a una eternidad a la que poder estrechar entre los brazos. Todo se reduce a una nada que quiere ser infinito, a una descomposición imparable que insiste en entregarse sin fisuras, en amar.

*

THE  END

*

[Música: En primer lugar suena el amable Hollywood Stars (1932), del alemán Lothar Perl, a manos del pianista Alex Hassan. En segundo lugar, Rudy Vallée canta You Oughta Be in Pictures, canción, exitosa en su tiempo desde su estreno en 1934, escrita por Dana Suesse. Después suena el vals y el tema de amor que el prolífico Carl Davis compuso hace pocos años pero genial y románticamente para la producción muda Flesh and the Devil (véase el fotograma de la pareja protagonista incluido más arriba), donde la Garbo, adoptando los rasgos de carácter definitorios de su carrera, y John Gilbert, galán de la época, dieron comienzo a su aparatoso romance, en el cual el plantón de ella a él ante el altar fue solamente una parada. Finalmente, el dramatismo del Warsaw Concerto de Richard Addinsell, compuesto para la película de 1941 Moonlight Sonata a raíz de la negativa de Rachmaninov de ceder los derechos de su segundo concierto para piano, aporta el tono que la Garbo parecía destilar en cada una de las actuaciones que la inmortalizaron en los años veinte, a pesar de que en dicha cinta no aparezca la actriz.]

Anuncios

Read Full Post »

Si quieres lavarme, desde lo alto de mi cabeza siempre correrá el agua clara, y en todas mis acciones me encontrarás como el oro puro, que se ve rojo al ser frotado con la piedra de toque, y cuya superficie no atacan el negro orín ni el moho y conserva siempre su genuino esplendor.

Teognis, Elegías, 447-452

Es grato grabar en un árbol sagrado versos de júbilo para revelar los hados.

Calpurnio Sículo, Ecl. I 39-40

Justin Sweet - Fifth sourcerous

Un valle en el que todos los amores sean legítimos, un caballo al que monte el paladín insobornable, un trono ocupado por el noble, una adicción a la compasión ilimitada, una hermandad entre los seres dotados de sensibilidad, un libro que convenza inevitablemente de la vanidad del siglo a su lector, un arte que glorifique lo eterno de lo efímero y la impermanencia de lo aparente, un gesto que concuerde con la virtud, unas rodillas dobladas ante los victoriosos del espíritu, un silencio atento a la tradición, un cuidado de no pisar ningún insecto, un ejército conformado por gimnosofistas, un simbolismo comprendido por los grandes raciocinios, una jurisprudencia asentada por ascetas, una música cuidada de no alterar los humores ni alejarlos del equilibrio que el ánimo precisa para autocontemplarse.

Un señorío ganado por la pureza de corazón, un enjambre de sonrisas a cada paso, una ceremonia real en la que se corone al héroe ajado por el desprecio y meditabundo, un bautismo de verdugos del sufrimiento, unas palabras que venzan definitivamente por su tono, una barriada en la que cada hogar sea un palacio de la misericordia, una familia de templos andantes, una virginidad interior a la que ningún cuerpo pueda violar. Una oda infinita y hospitalaria a la que se puedan sumar rapsodas con sus versos, labriegos con el soniquete de sus azadas y las alimañas del bosque con el traqueteo de sus pezuñas.

Gurney-Dinosaur Parade

Un viento que sintamos como el beso del universo, una entrega de brazos abiertos a ese momento del día en el que todas las criaturas libres somos susurradas por lo sublime de lo sin principio, una grandeza a la que nunca se pueda colmar señalando esto o aquello, sino solamente aproximándose a ella con nuestro carácter, despojándonos de ataduras profanas, de rencores de niños malcriados, de despotismos tumorales. Una verdad sin velos, un velo sin necesidad de descubrirse, una alegría en todo lo que alegra y una piadosa esperanza ante todo el dolor que atenaza a todas las mentes, mentes que son la nuestra con cierto desfase horario. Una utopía, en fin, que no será sino ternura afectuosa para con la impotencia de las utopías, una aceptación de la imposibilidad de aceptación, cálido bálsamo para el desgarro de aquellos nervios rotos que no pueden sino ser ya insensibles a los bálsamos.

Allí habremos de vivir, así habremos de rodearnos nosotros los utopistas, alimentando naciones en nuestro interior. Y esas naciones, a pesar de las guerras invasoras, siempre sobrevivirán a saqueos e incendios si se renuevan como los territorios legendarios que ocuparon uno tras otro los continentes, en sucesión, reinos devorados por imperios e imperios que se desmiembran en aldeas, sabiendo que también mueren las utopías como muere todo lo que se atrevió a nacer, y como todo lo nacido puede engendrar herederos en una inconmensurable cadena de dichas y aflicciones.

James Gurney - Garden of Hope (Dinotopia)

[Música: O. Respighi, Feste romane. III. L’Ottobrata]

Read Full Post »

Y el lucero de la tarde es el más bello de los astros no por la proporción que existe entre las partes y el todo, sino por la claridad risueña y dulce que derrama ante nuestros ojos.

San Basilio de Cesarea, Homilia in Hexaëm., II 7 (P. G. 29, c. 45)

“Estamos aquí sólo de paso -respondieron las flores-. Una familia de espíritus llegará en breve y le preparamos el camino y el albergue”.

Novalis, Los discípulos en Sais, II

En un ciclo mirífico se develan los dones rebosantes de los altos legados, y brota un manantial eterno de aguas claras como los principios geométricos, y los sultanes rezan con la piedad de ángeles, y todo canto armoniza con la música de las esferas, y el juglar entra en un arrobamiento transformativo y contagioso, y la suavidad de los gestos los convierte en curativos, y los duendes bailan derramando miel de sus cuencos, y la dulzura titila desde las lágrimas de alegría, y los antiguos versos actualizan la Edad de Oro, y el aroma del tomillo y del sándalo serena a las fieras, y razas de seres inconexos se unen a coro para ritualizar la epifanía, y todo lo vulgar ha sido olvidado como un mal sueño, y coronas y guirnaldas se confunden como las arboledas, y la paciencia y la mirada serena de lechuza vuelven solemnes y nobles a los humillados, y se rinde pleitesía recíproca entre todas las criaturas, y en todo lo ajeno se observa una superioridad complementaria respecto de la propia, y los hayedos cubren compasivos las congregaciones con palacios de otoño, y en cada pensamiento despunta una sutileza nunca antes verbalizada, y los pares de opuestos demoran su conjunción definitiva con coqueta nostalgia, y los faunos vigilan que nadie deje de apurar la copa de la libación, y los héroes de larga cabellera se arrodillan ante sus paternos dioses, y la ironía se ha rendido ante la grandeza, y el mar añora inundar los sagrados eventos con su salino oleaje, y la bacanal se aborda con la seriedad de una mística transfiguración, y lo verde y lo azul deambulan entre las vetas de alba pureza, y renacer queda ya como el único acto legítimo, y el vergel ondea beatífico como un lago jocoso, y hasta doncellas y efebos pronuncian verdades divinas igual que se habla de juegos inocentes o de votos nupciales, y cada dicha es trasunto de un aleteo inconmensurable de las almas, y ya no se aplaza ninguna plenitud, y la parsimonia se abraza a la belleza como significando un reino en cada brizna de ser.

(c) The Wallace Collection; Supplied by The Public Catalogue Foundation

[Música: Recreación del grupo Synaulia de lo que pudo ser la música romana en una fantasía titulada “Symphoniaci”]

Read Full Post »

… y en medio de estas rocas danzantes una vez y siempre
surgía de repente el río sagrado.

S. T. Coleridge, Kubla Khan

Báñate las costillas en vino, que ya vuelve la estrella, y es penosa la época, y todo está sediento y con ardor…

Alceo de Mitilene, 21 (94D)

En una selva de heliotropos carmesíes se concitaban duendes y oráculos, poetas y salios, besos y cantos. Todos a una homenajeaban el retiro sepulcral de bellezas sin nombre, profundas como la piel, doradas como el centro de la santa tiniebla. Y un baño de diamantes nos desnudó a todos bajo la mirada aprobatoria de Afrodita, la de trono multicolor. Y una lágrima surgió del corazón de alguien y con alegre fervor se inmiscuyó en nuestra ternura, compitiendo con ella. Formado un cristalino lago, odas de hondo calor derramaron ámbar sobre las flores. Las flores se derramaron sobre los corazones; los corazones, sobre la tierra roja pisada por antiguos y venerables gigantes. Y renegamos solemnemente de las dualidades. ¡Cuántas coronas se dispensaron aquel día! ¡Cuánto encanto hechizó a los soñadores que se sumaban venidos de todas partes! Ciertamente se cultivó un arco de bendiciones, extasiadas por muchos, salmodiadas por otros, reverenciadas por todos. El oro fluyó de todas las bocas, comunicadas entre sí por el lenguaje propio de los hiperbóreos, ingrávidos como pensamientos. Nunca tantos coros se concertaron con tan rosada piedad. ¡Oh nobles hijos de la edad!, nunca sabréis lo dulce que fue aquella hora en la que Tiempo y Bien se amaron bajo la estrellada bóveda que cobija a hombres y dioses.

Parsifal - Mestres Cabanes

[Música: S. Vasilenko, Suite india Op. 42bis. II. Dithyrhamb.]

Read Full Post »

No debemos sólo amar, sino ser, como Dios, nosotros mismos el amor.

Angelus Silesius, El peregrino querúbico, I, 71

Hubo un germen que se propaga sin tiempo ni compás. Surgió del último chakra, y me hizo creer en la luz que no muere. Lo seguí a través de los bosques y las montañas, a través de de los mares, que anegan ejércitos, a través del desierto, tumba de intrépidos. Vibrante, me llevaba de aquí para allá, revoloteando como luciérnaga despistada, oscilando al ritmo de los latidos de mi yo. Su titilar me recordaba al lucero de la mañana, pero su cualidad era la de la esmeralda pulida o la de la beatitud del sabio iluminado. Adoptando la forma de una corona, se dejó ceñir por mi sien. Y viéndome ataviado con indumentarias preciosas, me ofrecí a la humanidad para mostrar y expandir la realeza.

Ese germen desafía toda geometría, aniquila todo concepto, burla toda mezquindad. Sí, se propaga sin tiempo ni compás, doblando los pliegues de la sucesión de acontecimientos. Fue, es y será. Refulge en la noche invitando a que lo amen. Las criaturas noctámbulas obedecen, hipnotizadas por el trance del viaje astral, alentadas por las deidades que adoptan formas animales. Te está convocando, ¡oh iluso!, pues eres para él un espejo divino en el que reflejarse una vez más, en todas direcciones, con todos los atributos de la dulce serenidad sin edad.

THOMAS J. ABERCROMBIE 2

[Música: John Tavener, Dhyana]

Read Full Post »

Seda

Cuando acabamos de despertarnos de los sueños al alba y nada se mueve todavía, es el momento en el que emergemos de lo que se halla todavía indiferenciado. Si puedes servirte de estos momentos para poner tu atención en el interior de la conciencia, te darás cuenta de que todos los sentidos y los deseos son obstáculos.

Huanchu Daoren, Charlas de raíces vegetales (vers. T. Clearey y A. Colodrón)

¿Quién ha de despertar al alma de aquel dulce y sabroso sueño, si se duerme en la nada?

Miguel de Molinos, Guía espiritual, 3.20.194

Dulces tránsitos se dan entre los vaporosos doseles que rocían el dormitorio, en las incertidumbres de la mañana somnolienta, en los ocasos ambarinos. Esas sensaciones de leve embrujo, de otoño injertado en el ahora, le sumen a uno en una melancolía provechosa, en una quietud sapiencial de barniz indolente. Momentos de seda y terciopelo que acarician la conciencia con ternura de nodriza. Embriaguez efímera que abre una puerta a colinas espirituales para quien mantenga la atención suficiente en medio del adormecimiento. Allí podemos sentir el sabor tenue de la vacuidad. Allí la soledad o los besos son como pétalos mustios de una belleza caduca, y un color de cereza nos recuerda la edad resignada de los follajes rojizos cuando las estaciones apagan las arboledas, arrugando a la naturaleza para un posterior comienzo, igual de vacío, igual de pleno, igual de hermoso y sagrado.

Serge Marshennikov - Shell’s Battle (2013)

[Música: A. Scriabin, Poème Op. 32 No. 1, ]

Read Full Post »

I cannot tell why some things hold for me
A sense of unplumbed marvels to befall,
Or a rift in the horizon’s wall
Opening to worlds where only gods can be.
There is a breathless, vague expectancy,
As of vast ancient pomps I half-recall,
Or wild adventures, uncorporeal,
Ecstasy-fraught, and as a day-dream free.
It is in sunsets and strange city spires,
Old villages and woods and misty downs,
South winds, the sea, low hills, and lighted towns,
Old gardens, half-heard songs, and the moon’s fires.
But though its lure alone makes life worth living,
None gains or guesses what it hints at giving.

H. P. Lovecraft, Fungi from Yuggoth, XXVII

No sabría decir por qué algunas cosas me producen
una sensación de maravillas inexploradas por venir,
o de grieta en el muro del horizonte
que se abre a mundos donde sólo los dioses pueden vivir.
Es una expectación vaga, sin aliento,
como de grandes pompas antiguas que recuerdo a medias,
o de aventuras salvajes, incorpóreas,
plenas de éxtasis y libres como un ensueño.
La encuentro en puestas de sol y en extrañas agujas urbanas,
en viejos pueblos y bosques y cañadas brumosas,
en los vientos del Sur, en el mar, en collados y ciudades iluminadas,
en viejos jardines, en canciones entreoídas y en los fuegos de la luna. 
Pero aunque sólo por su encanto merece la pena vivir la vida, 
nadie alcanza ni adivina el don que insinúa.

SIR-LAWRENCE-ALMA-TADEMA-THE-POET-GALLUS-DREAMING

[Música: Respighi, I pini del Gianicolo]

Read Full Post »

Older Posts »