Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Fantasmagorías’ Category

And Devadatta answered, “The wild thing,
Living or dead, is his who fetched it down;
‘Twas no man’s in the clouds, but fallen ‘tis mine.
Give me my prize, fair cousin.” Then our Lord
Laid the swan’s neck beside his own smooth cheek
And gravely spake: -“Say no! the bird is mine,
The first of myriad things which shall be mine
By right of mercy and love’s lordliness.
For now I know, by what within me stirs,
That I shall teach compassion unto men
And be a speechless world’s interpreter,
Abating this accursed flood of woe.

[Y Devatta replicó: “El ave silvestre,
viva o muerta, es del que la abatió;
en las nubes a nadie pertenece; pero caída es mía.
Dame mi presa, primo”. Entonces nuestro Señor
oprimió contra su tierna mejilla el cuello del cisne
y dijo gravemente: “¡Os digo que no! El pájaro es mío:
es la primera de una miríada de cosas que me pertenecerán
por derecho de clemencia y señorío del amor.
Porque ahora sé, por lo que en mí se agita,
que enseñaré la compasión a los hombres
y seré un intérprete del mundo que no puede hablar,
menguando el flujo maldito del dolor.]

E. Arnold, The Light of Asia, 1

Morando una vez en Greccio, un hermano le trajo una liebrecilla cazada a lazo. Al verla el beatísimo varón, conmovido de piedad, le dijo: “Hermana liebrezuela, ven a mí. ¿Por qué te has dejado engañar de este modo?” Luego, el hermano que la tenía la dejó en libertad, pero el animalito se refugió en el santo, y, sin que nadie lo retuviera, se quedó en su seno, como en lugar segurísimo.

T. de Celano, Vida primera de San Francisco, 1.21.60

Dice un filósofo: «mátalo, no es más que un animal irracional», pero otro replica: «reprímete. ¿Y si se tratara del alma de un pariente o de un amigo que ha migrado a este cuerpo?…».

Plutarco, Sobre comer carne (Moralia 9.998 F)

Yo ya he sido antes un muchacho y una muchacha, un arbusto, un pájaro y un mudo pez de mar.

Empédocles, Fr. 31 B 117

Durante la visita la mujer se sonó la nariz y le salió un gusano. La mujer quiso matarlo, pero el monje conoció su origen y la detuvo con estas palabras: “No mates a tu marido. Has de saber que este gusano es tu difunto marido. Se ha convertido en gusano pegado a tu nariz por el excesivo apego que sentía por ti. Y es que apego llama a apego”. Después se puso a explicar la Ley. El gusano escuchó la explicación, remurió y esta vez renació en el cielo.

Ichien Mujū, Colección de arenas y piedras, VII 18.6

Tineola.bisselliella.7218

Es en la fría luz artificial con que alumbro mi noche donde empecé a percibir, hará unos días, un aleteo de vida. Cavilaba yo sobre alguna cosa seria -tal como la vida o la muerte o el destino de los mundos-, cuando, interrumpiendo mi lectura, como heraldo de un dios informante, se me apareció esa pequeña compañía, una silenciosa y solitaria aventurera en la ciudad. A pesar de su discreción, no pudo evitar hace algo de ruido mientras se debatía contra la luz incandescente a la que parecía amar y odiar al mismo tiempo. Abrasada por su contradicción, la polilla descendía de tanto en tanto para descansar. Y, en uno de sus aquietamientos, pensé que pensaba en mí, como si al detener la agitación se apercibiese de que allí estaba yo, escrutándola. Y tuvimos un diálogo de miradas y de pensamientos, un intento mutuo de comprender al otro, un deseo de tomar posición frente al entorno.

Allí tuve enfrente durante algún rato un insecto raquítico, cansado, cerril como un impulso, fugaz como un verano, gris como un triste eslabón de cadena. Tuve el deseo de expulsarlo a través de la ventana, pero a la sazón rememoré las palabras de Jesús sobre los cinco pajarillos que se venden por dos monedas y a los que, sin embargo, el Señor no olvida. Y la advertencia de Empédocles sobre el hombre que, degollando a la víctima en el sacrificio, no degüella sino a su propio hijo, cubierto con otra túnica de carne. Y recordé el lema budista de que todos los seres han sido nuestras madres y que nos han cuidado con todo el amor que fuera posible entre criaturas. Y a San Fracisco predicando a los pájaros, y el clamor con que éstos respondían y cómo él los acariciaba con la túnica a su paso. Y en ese momento percibí la belleza de aquel animal aturdido, y lo vi como la mariposa que en realidad era, y una emoción me impelió a hablarle con amabilidad: “Hermana polilla, no somos tan distintos ahora. Compartimos la misma habitación, buscamos luces a nuestra manera, nos caemos de nuevo. Dime, ¿por qué hablamos tan poco? Tú me habrías admirado con tus dibujos  en el aire si yo te hubiese prestado atención, y yo te habría alimentado si te hubieses posado sin miedo sobre mi mano, enamorándome”.

Casi pude oír su respiración, como pude notar sus espasmos erráticos en busca de una posición más equilibrada y cómoda. Su mirada empezó a figurárseme expresiva, y aun pude detectar alguna semejanza de parentesco: insegura y absorta como un alma humana, la polilla hacía lo posible por mantener la postura y la atención frente al sinsentido de los acontecimientos.

Continué diciendo: “Hermana polilla, ¿sabes tú algo del universo que yo desconozca? Sin duda, tu opinión sobre los fenómenos y los negocios ha de diferir de la mía, y tanto me resultaría útil para mis proyectos conocer tu mirada como para los tuyos conocer la mía. Pues yo sé dónde hay comida, pero ignoro cuál es la que te gusta para ofrecértela. Y tú reconoces sufrimientos que, de experimentarlos yo, me darían buena medida de los míos”. Y seguí jugando con ella entre ignorancias, complaciéndome en la distancia que nos separaba a pesar de nuestros intereses comunes, nuestra búsqueda incesante de felicidad y la hermandad de nuestras almas voluntariosas.

Entonces abrí la ventana y empujé a aquella amiga hacia la lejanía. Noté que una parte de mí arrancaba con ella: sus ojos multicolores y su cortedad de miras también habían sido míos, y es que una vez fui embrión y quién sabe qué otras cosas mucho antes. Y mi hermano insecto por su parte había procedido de la mente universal, en un tiempo en que no se distinguía de un dios y participaba de todos los conocimientos. Reflejos intercambiables, nos despedimos del otro cada uno a su manera. Ahora me tocaba a mí abrirle la ventana; en otras ocasiones quizá ella me librase de algún aprieto. En esa misma noche, de hecho, me vino a recordar una sublime verdad, como un filósofo  a domicilio que se empeñase en que no olvidase yo la lección suprema: la inanidad de las formas, la identidad del substrato común. Repartidas así las suertes, hombre y polilla, polilla y hombre, se reconocieron un algo común. Sí, había venido amorosamente a impartirme la enseñanza eterna, una vez más, acaso sin proponérselo, movida únicamente por su periódica atracción hacia mí, procuradora de mi bien. Mientras se alejaba, sin dejar de considerarla una hermana en este mundo, la contemplé como mi criadora en otra vida, cuando acaso me había salvado del hambre y de la muerte aun a costa de su propia salvación. Aquel retrato de familia me vino en los últimos instantes en que pude divisar su vuelo, antes de que escapase a mi vista. Agradecí con ternura su tierna visita, y sonriendo callé unas palabras que habría dirigido inútilmente a mi madre porque no las habría entendido… mi madre, que se perdía en la noche tambaleándose sin rumbo.

Moths--Graphics-Fairysm

[Música: Romance del conde Olinos, un raro relato popular de transmigración de las almas en tierras cristianas (versión de Joaquín Díaz).]

Read Full Post »

Atkinson Grimshaw 1836-1893 - British Victorian-era painter - Tutt'Art@ (3)

Background

I never can be tied to raw, new things,
For I first saw the light in an old town,
Where from my window huddled roofs sloped down
To a quaint harbour rich with visionings.

Streets with carved doorways where the sunset beams
Flooded old fanlights and small window-panes,
And Georgian steeples topped with gilded vanes—
These were the sights that shaped my childhood dreams.

Such treasures, left from times of cautious leaven,
Cannot but loose the hold of flimsier wraiths
That flit with shifting ways and muddled faiths

Across the changeless walls of earth and heaven.
They cut the moment’s thongs and leave me free
To stand alone before eternity.

John_Atkinson_Grimshaw_-_Evening_Glow_-_Google_Art_Project

Paisaje de fondo

Nunca he podido apegarme a las cosas nuevas y crudas,
pues vi la primera luz en una ciudad antigua,
donde los tejados apiñados descendían desde mi ventana
hacia un puerto pintoresco, rico en visiones.

Calles con puertas cinceladas donde los rayos del sol poniente
bañaban viejos montantes de abanico y pequeñas vidrieras,
y campanarios georgianos rematados con veletas doradas…
Tales fueron las vistas que modelaron mis sueños infantiles.

Estos tesoros, heredados de épocas de prudente fermento,
desdibujan la presencia de las débiles quimeras
que se agitan en vana mudanza y con fe confusa

entre los muros inmutables de la tierra y el cielo.
Cortan las cadenas del instante y me dejan libre
para erguirme en solitario ante la eternidad.

H. P. Lovecraft, Fungi from Yuggoth (1930), XXX (trad. J. A. Santos)

grimshaw-vertical-leeds-mother-and-child

 

[Música: P. I. Tchaikovsky, Souvenir d’un lieu cher. III. Mélodie.]

Read Full Post »

I do not know if ever it existed—
That lost world floating dimly on Time’s stream—
And yet I see it often, violet-misted,
And shimmering at the back of some vague dream.

[“No sé si existió alguna vez
ese mundo perdido que flota oscuramente en el río del Tiempo,
pero lo he visto a menudo, envuelto en una bruma violeta,
y brillando débilmente al fondo de un sueño borroso.”]

H. P. Lovecraft, Fungi from Yuggoth, 23

Trägt nichtalles, was uns begeistert, die Farbe der Nacht?

[“¿No lleva todo lo que nos entusiasma el color de la noche?”]

Novalis, Himnos a la Noche, 4

[Música: J. S. Zamecnik, Paris Fashions (Sam Fox Moving Picture Music, vol. 2)]Jobyna Ralston 1

El pianista acompaña la película muda de 1924 con acordes convencionales, traídos por la necesidad, por la ingenuidad narrativa, con melodías entreoídas, procedentes quizá de viejas canciones pasadas de moda que ningún vivo recuerda ya. Acompaña a “la chica”, la femineidad hecha celuloide, tanto que no precisa un nombre propio su personaje. Sigue sus gestos, mimetiza las tensiones de su rostro en retardos y floreos, en dulces consonancias su mirada límpida. Colorea su tez pálida y los bucles obscuros que caen sobre sus hombros. Le presta su voz a cambio de que ella le diga cuándo gritar, cuándo llorar, cuando reír. La abraza con vibraciones que se expanden por la sala, inundando al público de su amor secreto, luciendo con exhibicionismo una calidez que pasa inadvertida para todos, porque nadie atribuye aquella música nostálgica más que a los simulacros propios de un trabajo artístico. Sin embargo, la está amando, la ama del único modo que se hace legítimo ese amor prohibido, un amor adúltero, separado por un siglo y por un océano de lejanías, todas las lejanías posibles, y expuesto impúdicamente a cientos de personas que no lo entienden mientras ríen. A fuerza de sugestionarse con su propio sonido, metiéndose en el papel de comentador y traductor del silencio, se ha enamorado del aura que él mismo ha perfilado en torno a un delicioso trampantojo. Y los dedos del pianista acomodan y acarician melancólicamente a Jobyna Ralston, rozan su piel en la superficie de las teclas, calentadas por esas yemas educadas en un sensible pudor, una suavidad incapaz de dañar cuerdas y oídos.

El ciclo le ha permitido retratarla en múltiples posturas y hábitos: había sido la rica heredera, la joven pobre y abnegada, la feriante huérfana, la esposa fiel, la humilde hija del hostelero, la perpetuadora de una piadosa misión religiosa. En cualquiera de los casos permanece firme en la dulzura extrema y el paciente amor. Hope, Peggy, Mary, han sido algunos de sus nombres, impresos en caracteres en la pantalla pero no pronunciados más que mediante cadencias arpegiadas en diminuendo. Su sonrisa, en un blanco negro brillante, ofrece un registro inédito de la ternura. Laura, Jenny o The Woman in the Window relataban las historias de imágenes pictóricas o ensoñaciones de las que se enamoraron hombres desubicados, insatisfechos con el mundo de los seres materiales. Pero Jobyna, más allá de la pasiva inconsciencia de aquellas otras, danza al compás de su desfasado amante, se mueve con él, y éste, al tiempo que canta con sus manos los compases de un decadente y desafinado vals-boston, empieza a elaborar en torno a ella una suerte de biografía coherente basándose en sus caracteres dramáticos, enlazados todos por una misma inocencia y entrega. Poco importa que Harold Lloyd o Richard Arlen sean los que la abracen con sus cuerpos a lo largo de noventa años: él toca rincones mucho más íntimos del ser de aquella mujer misteriosa. Sin embargo, hay que resignarse a que su alma no se dignaría nunca a descender ni a mirar a los ojos a ningún hombre vivo de carne y hueso.

Jobyna Ralston 3

Pero mientras tañe la música de una boda que nunca celebrará, el pianista recuerda haber leído ciertos datos tristes sobre el devenir real de la actriz. Recuerda que no logró insertarse en el cine sonoro debido a su fuerte ceceo, que fue detenida por indecencia, que cayó en el adulterio y en atracciones antinaturales, que murió divorciada, gruesa, afeada, apenada, sola, posiblemente alcohólica, apresada por el reumatismo, la neumonía y las apoplejías. Esa mujer ya declinada, sombra de lo que fue en sus años florecientes, estaba en el tiempo más cerca del pianista. Su cuerpo pulverizado en un ataúd era lo que realmente compartía el mundo con todo el que hoy pensase en ella. Suspirando en la obscuridad -aprovecha las resonancias del instrumento para ocultarlo-, parapetado tras el biombo de sus pentagramas, el músico concluía la evocación en un morendo conclusivo que envolvía al último fotograma. Jobyna pasaba un día más a un fundido en negro y desaparecía de la mente del que la viera. Porque la mente era el único lugar en el que aquel espectro renacía sin substancia propia, producto de una alucinación, una broma de la percepción que la humanidad se otorga a sí misma para poder decir que el mundo aún conserva algo de encanto. Toda la vida de la pantalla era un hechizo invocado por proyeccionistas y espectadores, almas tortuosas que se buscan a sí mismas en reflejos grisáceos y en retazos de vidas condensadas.

Jobyna ya había desaparecido cuando se encendieron las luces. Tras el aturdimiento de los aplausos, el pianista regresó a su casa deseando verla de nuevo al día siguiente, a sabiendas de que su dulce rostro era un canto a la bella impermanencia de la belleza. Durante aquel mes, Jobyna resucitaba sin cesar y se dispersaba a las pocas horas, como rocío de la noche, que carece de unidad substancial y regresa una y otra vez ante nuestro pensamiento porque le damos un único nombre a una secuencia continua de destellos. Acaso no la pudiese abrazar ya nunca más con la directa ofrenda de sus notas musicales cuando acabase el ciclo. Acaso aquella veneración silente se subsumiría definitivamente en la escena final de la última bobina programada, escena que quedaría a modo de máscara funeraria en el recuerdo. Pensó finalmente que Jobyna no había existido nunca; como los personajes del cine, la criatura es un fragmento de luz que se proyecta en el mundo durante breve lapso de tiempo y se disgrega en la indefinición a medida que cesa la ilusión óptica. Pensó que, en efecto, toda la matriz sentimental humana, al igual que la identidad de una persona extinta o momentáneamente animada, encantadora o no, no es menos efímera y vacua que una vieja película deteriorada o que una partitura meliflua próxima al olvido.

Annex - Lloyd, Harold (Girl Shy)_05

[Música: R. Israel, “Love theme” (Girl Shy OST)]

Read Full Post »

Siempre llegamos, siempre partimos,
siempre, noche y día, estamos en movimiento.
Tanto si llegamos como si partimos,
siempre en un círculo de nacimiento y de muerte,
de nada a nada.
Pero sin duda aquí se oculta un misterio,
hay algo ahí que necesitamos descubrir.
Todo esto no puede carecer de sentido.

Lalleshwari

[Música: Mondonville, Sonata Op.3 No.1. III. Giga]

Tantos reinos han caído, tantas bellezas mancilladas, tantos sacramentos profanados. Tantos héroes olvidados, tantas pompas pulverizadas, tantos templos saqueados, tantos dioses ofendidos, tantos sabios ignorados, tantos cánticos no escuchados… Y la rueda de los mundos sigue girando, como si nada hubiese sucedido, como si nunca fuera a haber nada nuevo bajo los soles. Y así es. Nada ha sucedido. Todo se agita y nada se mueve. El siglo vibra y el enclave absoluto permanece pulcro en su eternidad inmóvil, hierático pero nunca rígido, ecuánime pero siempre abierto para los amables. Y las fuerzas telúricas y aéreas compiten en su arquetípica y supratemporal batalla de cien mil millones de rostros, y la danza cósmica prosigue en su translúcida vacuidad, como un vidrio de colores que tiñen su nada interna.

Ráfagas de éter animan y envuelven los puños de los guerreros que encabezan caballerías y hordas de armaduras de bronce, en este preciso instante pero en otro mundo ya muerto para nuestra corta mirada. Es el mismo éter que respiraban sin saberlo las damas de centenarias cortes japonesas y los pastores tres veces milenarios de Jerusalén. El mismo éter presente en amores, traiciones, contratos, labores con bambú, pucheros, ídolos, ungüentos, versos, espadas, ramas de olivo, collares de prostitutas y de reinas, ofensas, cálculos, sorpresas, excreciones, inundaciones, conversiones, besos de placer y de pacto, nubes de incienso, sortilegios de adivinos. El mismo que infla las guerras de hoy, las hambrunas de los sin nombre, la trivialidad de los bostezos vespertinos, el agua de los mares, las dádivas de los que han abandonado la periferia, el ronroneo de las grullas y la violencia de las ficciones humanas.

Y el nudo del Tiempo se anuda y desanuda, invita a los muertos a que nos saluden cuando los pensamos, porque yacen aquí, en nuestro ser inhábil, en la unicidad última de todos nuestros desvelos y aconteceres. Las criaturas bailan, sabiéndolo o no, al son de las Cuatro Nobles Verdades y de las galaxias, y perciben, a veces, el perfumado encanto de la mañana o la plenitud de la noche falsamente vacía. Y los dioses nos abrazan y nos animan a impulsarnos más arriba de ellos mismos, allí donde las categorías no guardan ni su sombra, allí donde los malos sueños ni siquiera se recuerdan como tales.

Rudolf Ernst (1854-1932)-elegant_arab_ladies_on_a_terrace_at_sunset-large

[Música: Respighi, La Fontana di Villa Medici al tramonto]

Read Full Post »

El Bien envió una cierta potencia destinada a ser un anzuelo para moderar involuntariamente a la Materia. Y así sucedió. Cuando la Materia vio a la potencia enviada, se le aproximó como henchida de amor, pero llena de un fuerte deseo la devoró y se la comió, como si fuera una pieza de caza.

Tito de Bostra, Contra manicheos, 1.17

El vacío absoluto y su opuesto, yo lo soy todo eternamente.

Mahātmā Dattātreya, Avadhūt Gītā, 40

Hay hombres que arrasan el cosmos y hay hombres que colaboran en su edificación.

Hay quien blasfema y hay quien venera.

Hay odiadores y amadores.

Hay necios y hay sabios.

Hay destellos de Infierno y destellos de Paraíso.

Hay palabras hueras y palabras repletas de sentido.

Hay Caos y Orden.

Hay concepciones del yo y hay un Yo primordial y omniabarcante.

Hay dispersiones pluralistas y hay una Unidad intransferible, un Infinito sin forma ni ánimo de limitarse algún día.

Hay santidad y maldad en cada ser imperfecto, tanto en el monje como en la prostituta, y sólo se reabsorberá el polo negativo en el positivo cuando arribe el fin de los días.

Hay un eterno repensar todas estas dualidades, con su consiguiente subsumirse en la mixtificación final, que es la indiferenciación monista que todo lo succiona porque es la Madre de todo lo que tiene madre.

reuevolle_magdalena_hi

[Música: Reinhold Glière, 12 piezas para cello y piano Op. 51 No. 9]

Read Full Post »

Es mejor hacer la cosa más irrelevante del mundo que considerar irrelevante media hora de nuestro tiempo.

J. W. Goethe, Los años de peregrinaje de Wilhelm Meister

Este año he concebido más visiones sentimentales, que llamo romanzas -a pesar de que la más inspirada sigue siendo la primera, dos años más antigua-. Y otras que, sin ser llamadas de ese modo, se asemejan a ellas en su prurito.

He dedicado algunos pensamientos e himnos al Conocimiento puro.

He observado la vía del sufrimiento al menos un par de veces, a la par que lamenté el dolor desenfrenado producido por el caos. En la misma línea elogié las virtudes estoicas.

He rendido culto a la Belleza, como siempre. Apenas cité el concepto de patria y vine calibrando, como en ocasiones anteriores, el significado del amor personal.

He admirado y analizado el Siglo de las Luces, tanto por sus encantos como por su terrible semilla, por ser dechado histórico de muchas cosas. Quise resumir el significado de la monarquía y su destrucción, y también fantaseé literariamente sobre esa inflexión terrible que fueron los peores días de 1789. Me ha servido, también, para realizar una proclama en favor de los regímenes tradicionales. No han sido mis únicos pensamientos reaccionarios.

He visto también en Ícaro una muestra de las virtudes y arrogancias del alma humana.

Y he celebrado al Enviado de la Primavera. Hace pocos días también recordé al Enviado de los Cielos de la forma más escueta posible.

No ha sido un mal año, pues. Así como el mismo año no es sino una circunferencia reiterada en torno al sol, ha sido éste una vez más un orbitar sobre las mismas verdades, las mismas intenciones, las mismas añoranzas y las mismas beldades de siempre. Me acompañé de buena música, de buenas imágenes, de buenos autores, de buenas emociones, y también, al menos a ratos -si no me equivoco-, del Logos eterno. Y todo esto no ha sido más que una porción ínfima de las peripecias de mi conciencia, pues ni soy bitácora ni prosa. Debo dar gracias por la aventura de ser.

Me contento con que el año próximo sea una página ya editada de este eterno retorno de la existencia, que nos confunde o nos da clarividencia según la disposición de ánimo de cada cual.

astrological_calendar_original-Agnese, 1544

[Música: Albinoni, Concierto para oboe Op. 7 No. 12. I. Allegro]

Read Full Post »

Mi patria

En cada respiración se muestra el camino de regreso.
Protege ese tesoro de distracciones
en la guarida de tu corazón.

Ibn Arabí, Al-Futuhatu`l-Makkiyya

No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

Lc 6:19-21

El desarraigo es una buena cosa si las patrias que a uno se le ofrecen son fatuas ilusiones dispersantes. Distinta sería la cosa ante naciones sagradas, cuyos forma y aspecto vienen dibujados por el trazo del Espíritu, como las naciones antiguas o las tribus tradicionales. Poco importa que Europa se desmiembre en veinte o en doscientos estados: careciendo de Centro legítimo, totalmente profanas y profanadas, están abocadas a una escalofriante uniformidad en la estolidez.

Pero, así como el naufragio del patrimonio de Zenón de Citio propició la aparición del estoicismo, también la ausencia de pasaporte que sentimos los estrambotes de las sociedades modernas puede ser una vía de engrandecimiento. No encontrando un auténtico concepto de hogar en el plano horizontal -plenamente embrutecido-, no vemos otra solución que el viaje decidido y perentorio hacia lo Alto.

Hábito de visionarios y poetas fue acceder ópticamente a geografías nebulosas hechas de puro espíritu: el reino del Preste Juan, la Atlántida, Hurqalya, Shambhala, Hiperbórea… Regresemos a esas irradiaciones formales, imaginales pero no fantasiosas, donde aún se encarna con una energía inmarcesible la irradiación divina que generaciones lejanas pudieron percibir con contundencia -¡dichosos ellos!- en el plano físico, entre fronteras que entonces eran hermosas porque hermosos e incorruptos eran los reinos vecinos.

[Música: F. Couperin, Les nations: L’Imperiale (sonade)]

Read Full Post »

Older Posts »