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Archive for the ‘Lo-jong’ Category

Pues ya si en el ejido
de hoy más no fuere vista ni hallada,
diréis que me he perdido;
que, andando enamorada,
me hice perdidiza, y fui ganada.

S. Juan de la Cruz, Canciones entre el alma y el Esposo 20

 

Mientras te complazcas en tus deseos hasta el punto de perder de vista tu naturaleza esencial, la acción nunca es correcta.

Lao Tse, Wen-Tzu 134 (versión de T. Cleary)

 

Ofrezco otra humilde versificación castellana en octavas reales con estrambote de un canto de uno de los grandes maestros sakya, uno de los principales teorizadores tibetanos de la disciplina del bodhisattva: Gyalsé Ngulchu Tokmé (1297-1371). Son sus principales textos Las treinta y siete prácticas del bodhisattva, de importancia capital para todas las escuelas tibetanas, y el Océano de la buena explicación, un comentario al Bodhicharyavatara de Śāntideva, comentario que, parece ser, Patrul Rinpoché, quizá el más famoso de los maestros budistas del XIX, tomó a menudo como guía para su enseñanza de la obra (enseñanza recogida a su vez en La ambrosía de las palabras de Mañyusri de su discípulo Kunsang Pelden). En este breve y sencillo poema que traduzco, el autor, también conocido como Tokmé Zangpo, anima a ver el lado positivo de todos los giros de la rueda de la fortuna; enfermedad, salud, pobreza, riqueza, vida o muerte, todas son oportunidades de oro para practicar la virtud, auxiliar a los demás, crecer espiritualmente y avanzar en el camino hacia la Iluminación de todos los seres; oportunidades, en definitiva, para practicar el Dharma, la Ley revelada y ejemplificada por el Buda. Sigo el mismo texto de Rigpa Translations que en ocasiones anteriores, sirviéndome tanto de la versión inglesa como de la española, dado mi completo y lamentable desconocimiento de la lengua tibetana. De la adenda en prosa solamente he cambiado el título de “gueshe” (propio de los gelug-pa pero, hasta donde yo sé, no de los sakya-pa) por el de maestro a secas, aplicable cualquier escuela; por lo demás he dejado allí intacta la traducción que me he encontrado en castellano. A mi entender, mi versión no me ha quedado tan fluida como las que realizase anteriormente, y, en cambio, sí mucho más libre y poetizada, quizá en parte por la propia naturaleza del original, quizá en parte por la inmadurez de mi mérito para asimilar con nitidez las verdades contenidas en sus versos; pido disculpas.

¡Que reine la virtud!

Gyalsé Ngulchu Tokmé (1297-1371)

¡Homenaje al maestro!

1. El cuerpo aglomerado y tan ficticio
que, al igual que los otros, yo poseo,
si enferma, ¡que así sea!; porque indicio
del karma que se agota es lo que veo,
y así me alegraré en cuerpo sin vicio
aun de la enfermedad siendo yo reo.
Pues muchas son destrezas del gran Dharma
que ante las dos negruras se hacen arma.

2. Si en cambio es la salud lo que me tiene,
¡que así sean las cosas!; sin dolencias
la mente en cuerpo sano no detiene
la práctica del bien, siempre en crecencias
y siempre vigorosa sobreviene.
Pues no hay para esta vida otras querencias
más nobles que entregar a la virtud
palabra, cuerpo y mente en rectitud.

3. Si enfrento a la pobreza, ¡que así sea!;
en sobria poquedad me gozaré,
no habiendo propiedad que me posea
que a guardar obligado yo me esté.
Pues toda ya malicia, ya pelea,
que en este nuestro orbe uno ve
de afán de beneficio y de riqueza
rebrotan sin dudarlo en la cabeza.

4. Si alhajas me encontrase, ¡las recibo!;
en próspera existencia, la alegría
al mérito aumentar mientras que vivo
alentaráme, y eso bastaría.
Cualquier caudal que no me sea esquivo,
cualquier felicidad que en cualquier día
me halle, bien ahora, bien futura,
serán fruta del mérito madura.

5. Si debo morir pronto, ¡que suceda!;
al Reino de la Muerte iré contento
sin nada ya viciado que una veda
imponga en mi sendero impedimento,
y en cambio la corriente que se queda
de aquello meritorio que en mi intento
constante acumulé, me habrá ayudado
a abrirme en el Sendero paso alado.

6. Si vivo largamente, ¡concedido!;
gozoso en larga vida seré firme.
Nacida la cosecha del sentido,
y siempre que no inviten a salirme
la falta de la lluvia y del sol fido
de la enseñanza en donde debo asirme,
si nunca se la deja de cuidar,
sin duda al tiempo habrá de madurar.
Entonces, pues, ya pase lo que pese,
del gran gozo el cultivo nunca cese.

Como respuesta a una pregunta de un maestro Sakya, que preguntaba qué había que hacer en caso de enfermedad y demás, yo, el monje Tokme, que platica sobre el Dharma, escribí estas maneras de llevar la enfermedad y otras circunstancias al camino espiritual. ¡Sarva mangalam!

[Música: P. Glass, Thirteenth Dalai Lama (Kundun OST).]

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Cuando sale la respiración por los dos orificios
de tu nariz, visualízala bajo la forma de una luz blanca
que lleva consigo toda la felicidad y todo acto bueno:
envíalos hacia delante en un viaje a la par con la respiración.
Imagínalos entrando por los orificios nasales de cada ser, tus madres,
y que llenan a todas esas madres nuestras con toda la felicidad.

I Changkya Rimpoche, Entrenamiento para Aquellos del Elevado Camino

¡Que horrible es abandonar a mis padres en este terrible sufrimiento,
anhelando y buscando únicamente mi propia felicidad!

Jetsün Drakpa Gyaltsen, Desprenderse de los cuatro apegos

Aquí presento una nueva, libre y pobre versificación mnemotécnica de un poema de aspiración: “Un canto de compasión”, del yogui budista tibetano Shabkar Tsokdruk Rangdrol (1781-1851), considerado emanación de Milarepa y denodado defensor del vegetarianismo ético. El poema retrata la rueda de renacimientos a través del afecto que cada uno ha de sentir por los “seres madres”, sus parientes reencarnados en sucesivos reinos de existencia (infiernos calientes, infiernos fríos, pretas, animales, humanos, asuras y dioses). Tal reconocimiento pasa por ser el primer punto de la instrucción de seis causas y un efecto para alcanzar la boddhicitta, tal y como lo transmitió Atisha en el siglo XI. La estrofa elegida esta vez para su trasvase al castellano es la de los tercetos encadenados (con el serventesio final preceptivo), primando el endecasílabo heroico (acentuando segunda, sexta y décima sílabas) siempre que haya sido posible. El epílogo contextual del final lo he dejado en prosa tal y como aparece en la traducción de Rigpa Translations. No deja de ser curioso a priori el tono patético del poema. Pero recordemos aquí que Geshe Langri Tangpa, de quien versifiqué las famosas Ocho estrofas, era conocido por su incapacidad de sonreír; cuando le preguntaron por ello, respondió: “Cuando pienso sobre el sufrimiento sin fin de los diferentes reinos del Saṃsāra, ¿como podría nunca sonreír?” (no obstante, se dice que sonrió una vez al ver a un ratón intentando llevarse una turquesa de su mandala; el ratón, incapaz de lograrlo, llamó a otro ratón y lo intentaron juntos, algo que causó hilaridad en el venerable maestro). Con todo, este y otros ejemplos no quieren decir que la tristura sean inherentes a los maestros realizados (de hecho, suelen ponderar la alegría como soporte de un carácter virtuoso y como uno de los siete factores de Iluminación); antes bien habría que pensar que cada maestro adopta los roles persuasivos oportunos según la necesidad de carismas distintos por parte de individuos y comunidades. 

¡Que abunde la virtud!

shabkar

Shabkar acariciando a un zorro.

1. Mi alma a los que sufren rememora,
mis madres que amorosas me han cuidado
de tiempo sin principio hasta esta hora.

2. Madres que en el calor me han refrescado
en un ardiente infierno han renacido.
¡Las compadezco! En fuego se han quemado.

3. Madres que del helor me han protegido
en un glacial infierno resurgieron.
¡Las compadezco! En frío se han hundido.

4. Mis madres su alimento me ofrecieron,
y algunas como Espíritus Hambrientos
¡las compadezco!, hambrientas revivieron.

5. Mis madres mucho amáronme en momentos,
y algunas se tornaron animales,
¡las compadezco!, usados con tormentos.

6. Cumplieron mis deseos madres tales,
y algunas regresaron como humanos,
¡las compadezco!, a mil daños letales.

7. Mis madres me acogieron con sus manos,
y algunas se encontraron como asuras
¡las compadezco!, en duelos tan insanos.

8. Las madres que bondades dieron puras
volverán, tras el mundo de los dioses,
¡las compadezco!, a vida y muerte duras.

9. Vosotras no rehuís vuestros acoses
y sufrís sin cobijo y con espanto,
¡os compadezco!, todos los adioses.

10. Al ver que el sufrimiento con su manto
a todos nos recubre, yo me pienso:
“¡que hoy mismo me ilumine y me haga santo”.

11. Que alcance el despertar puro e inmenso
y, raudo, de miseria libre a todos,
y rezo para obrar común ascenso,
llevándoles la dicha en ciento un modos.

Cuando a la puerta de mi choza de retiro aparecieron mendigando una y otra vez grupos de gentes pobres, que nunca tenían suficiente comida ni ropa, mi corazón se llenó de un profundo sentimiento de compasión y, entre muchas lágrimas, escribí estas palabras.

bhavacakra

Los tres animales centrales de este Bhavachakra (visualización de la existencia cíclica samsárica) representan los tres venenos que hacen renacer: la serpiente representa la aversión; el gallo, el deseo; el cerdo (¿en este caso un lobo? ), la ignorancia.

[Música: M. de Sainte-Colombe, Les pleurs (arreglo para dos violas).]

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Without a comprehensive appreciation of bodhichitta, all Buddhist practice degenerates into spiritual materialism.

Dzongsar Khyentse Rinpoche, Not for Happiness, p. 112

Aquí presento las Ocho estrofas del adiestramiento mental (Tib. བློ་སྦྱོང་ཚིགས་རྐང་བརྒྱད་མ་, Wyl. blo sbyong tshigs rkang brgyad ma) de Geshe Langri Tangpa (1054–1123) en una versión versificada por un servidor. Se trata de un poema muy sintético y precioso que contiene lo esencial del Lo-jong, la importante literatura gnómica tibetana que prescribe las conductas virtuosas que cualquiera con aspiración a incrementar su boddhicitta puede ejercitar en cualquier encuentro con los demás seres. Para llevarlo en todo momento con uno mismo, la memorización es, claro está, altamente recomendable, si no imprescindible. El motivo de esta versificación es la rápida memorización para quienes carecemos de retentiva para los textos pero contamos con algo de musicalidad interna, que siempre ayuda a interiorizar aquello a que acompaña. El endecasílabo castellano dactílico acentual es el modo más sencillo que he encontrado para combinar facilidad y agrado a oídos del hispanohablante en la estructuración del poema. He procurado no ornamentar el lenguaje apenas por no envilecer la pureza del texto, pero tampoco he omitido del todo el cuidar la proporción y el buen gusto, que son también útiles para transmitir el significado del mensaje moral. Dado mi total desconocimiento de la lengua tibetana, me he basado en las traducciones inglesas y castellanas de Rigpa Translations (2012). Debo decir que sigo prefiriendo dichas traducciones frente a mi versión poética, puesto que conservan el mensaje intacto y en todo su poder original a pesar del vertido a lenguas occidentales, y aclaro una vez más, por si quedase la duda, que esta versión mía es un mero apoyo de la habitual. Deseo, en fin, que mi mano humilde y falta de fe no desmerezca la excelencia de tan insigne poema, dedicado a la iluminación de todos los seres, más valioso que todos los palacios de oro y que todos los estanques de lotos. Asimismo espero que ésta sea la primera versificación mnemotécnica de una serie que se prolongue en próximas fechas.

¡Que cunda la virtud!

Geshe Langri Tangpa (1054–1123)

1. Cual si valiesen los seres sintientes
más que la joya que todo concede,
por arribar a la máxima sede
siempre mi afecto prometo a las gentes.

2. Cuando con otros esté en compañía,
me pensaré del conjunto el más vano,
y acordaré desde mi ánimo llano
ver en aquéllos sin par primacía.

3. En mis acciones mi mente vigilo,
y en el surgir de pasiones funestas
a un lado haré y venceré a todas éstas,
riesgos que a todos nos ponen en vilo.

4. Cuando crueles yo encuentre a los seres
u oscurecidos por el sufrimiento,
ríndales yo por escasos mi aliento,
como si hundido entre alhajas me vieres.

5. Siempre que alguno envidioso me hiciera
daño arruinándome hundido entre escombros,
yo la derrota cargare en mis hombros
y a quien me hirió la victoria cediera.

6. Y hasta a quien yo despojase del ciemo
o de quien yo mucho hubiese esperado
mucho me hiera con saña afanado,
contemplarélo cual guía supremo.

7. Por sinuosas maneras o claras
toda mi ayuda a mis madres daré,
y en mi espaldar en secreto arriaré,
hechos ya míos, sus daños y taras.

8. Aprenderé a mantener este jugo
ya sin las ocho congojas mundanas.
¡Pierda yo afán de las cosas por vanas
y sin apego me libre del yugo!

tt94

[El lama Tashi salmodia el mantra de Avalokiteśvara (Om Mani Padme Hum), el bodhisattva de la compasión, cuya principal encarnación es el propio Dalai Lama.]

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