Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Maya’ Category

 

Una y otra vez renacen en el Saṃsāra interminable,
constantemente atormentados por las tres formas de sufrimiento.
Así están todas tus madres de tus vidas pasadas.

Je Tsongkhapa, Tres aspectos principales del Camino

 

IF I can stop one heart from breaking,
I shall not live in vain;
If I can ease one life the aching,
Or cool one pain,
Or help one fainting robin
Unto his nest again,
I shall not live in vain.

[Si logro salvar un corazón de romperse,
no viviré en vano;
si logro borrar de una vida el dolor,
o enfriar una herida
o ayudar a un desmayado petirrojo
a regresar a su nido de nuevo,
no viviré en vano.]

E. Dickinson, Poemas I.6

 

Puedan todos los seres tener la felicidad y las causas de la felicidad.
Puedan estar libres del sufrimiento y de las causas del sufrimiento.
Puedan nunca separarse de la felicidad sin sufrimiento.
Puedan permanecer en ecuanimidad, libres de parcialidad, apego y aversión.

Las Cuatro Contemplaciones Inconmensurables o “Moradas de Brahmā” (Brahmavihāras)

 

Que todo lo que haya dicho o hecho a lo largo de mi vida o de mis vidas anteriores, redunde en la obtención de la disolución del sufrimiento y, a ser posible, en la Iluminación de todos los seres de los seis reinos de existencia. De no ser así, que al menos no haya obrado en alejarlos de la felicidad y del sendero sublime. Que toda la belleza de los mundos guíen a los seres hacia el bien, y el bien hacia la verdad. Nunca haya más sufrimiento del ya habido, y aun el ya habido se desvanezca del registro de los tiempos pasados. Puedan estas peticiones cumplirse sin demora por medio de la intervención de los Conquistadores de los tres tiempos, por medio de los inestimables bodhisattvas de todos los pueblos y credos y por las acciones virtuosas de los seres ordinarios. Puedan pronto estas palabras ser meros recuerdos obsoletos de tiempos en que la perfección aún no había coronado todas las cabezas ni las guirnaldas de lotos de la sabiduría habían ceñido aún las frentes de los seres adiestrables, y sea esta petición un completo sinsentido por innecesaria. Esté yo a la altura de mi aspiración, y que se reconozca en la compasión la semilla de la naturaleza divina de cada cual, allí donde surja; y, una vez surgida, se sostenga y crezca hasta culminarse. Amén.

¡Larga vida a los portadores de virtudes y enseñanzas!

[Música: Nubshem (Tibetan Buddhist Rites from the Monasteries of Bhutan vol. 4)]

 

Anuncios

Read Full Post »

Sí, la esperanza del impío es como brizna que arrebata el viento;
como espuma ligera que la tempestad arrastra;
se disipa como humo en el aire,
pasa como el recuerdo del huésped de un día.

Sab 5:14

 

En todas partes nos reconocemos en la resonancia de nuestros movimientos, enlaces de causas y efectos, más que en la claridad profunda de la mente que nos define más allá de las categorías. Adictos a las características, nos vemos incapaces de reposar en la naturaleza esencial, que es indefinida, sin fronteras entre individuos, sin que se la pueda señalar aquí o allá, sin que pueda afirmarse de ella más que el nombre negativo de vacuidad. Preferimos percibir nítida nuestra silueta en el espejo o, cuando menos, en el eco insustancial de nuestras prescindibles palabras, o en la sombra que reflejamos en el suelo y que se deshace bajo algunos pocos rayos de luz. Nos complace definirnos en aquello que, bien lo sabemos, se diluye como la música en el viento o como el rocío de corta vida, que sólo se coagula y desciende a la tierra para durante algunas horas de penumbra creer que perteneció a ella y, con suerte, saciar la sed momentánea de algún insecto.

[Música: Ink Spots, We three]

Read Full Post »

Non es cosa so el sol que non sea muy lazrada,
non es cosa so la luna que non sea muy menguada,
e lo que se faze a tiempo es grand vanidad provada,
ca quanto que nós fazemos todo es polvo e nada.

Libro de miseria de omne 74

 

¿No veis esos cambiantes rojos de sus carnes mórbidas y transparentes?… ¿No parece que por debajo de esa ligera epidermis azulada y suave de alabastro circula un fluido de luz color de rosa?… ¿Queréis más vida?… ¿Queréis más realidad?…

G. A. Bécquer, Leyenda 14

Caminaba sobre el siglo
cojeando un mudo beso.
Se detuvo en embeleso
frente a un lúgubre vestiglo:
Apartada calavera
distinguió entre la maleza:
de una por venir realeza,
-díjose- sin duda fuera.
Los adentros no advirtiendo,
se trabó de amores tiernos
y, creyendo ver los cernos
de su amada, fue diciendo:

EL BESO.- Esperé con celo puro
sin otro par criatura,
y en jornada tan escura
al fin de amores aburo.
¿No has nacido, bella frente,
para ser por mí besada,
para ser la dulce hada
que borbotea en mi miente?

LA CALAVERA.- ¿Qué barruntas, desdichado,
de esta cabeza ya muerta,
de esta nada descubierta
que en el silencio ha anidado?
¿No ves que soy la dureza
bajo la que enamoraba
con su mentirosa aljaba
la vana y fugaz belleza?

EL BESO.- Mas, ¿qué dices, traicionera,
tú que portas el secreto
de mi magnánimo veto
A todo lo que se era?
¡Oh primacía, oh jazmín,
oh piedra de mis altares
do perderé mis andares
hasta su próximo fin!

LA CALAVERA.- ¿Cómo no ves lo que soy,
siendo rescoldo de ayeres?

EL BESO.- Bien sé yo lo que tú eres
en el mañana que es hoy.

LA CALAVERA.- Muy sin remedio deliras.

EL BESO.- Sólo si el delirio es tacto
de lo más veraz y exacto.

LA CALAVERA.- ¿Por qué no ves lo que miras?

EL BESO.- Tu candor veo. LA CALAVERA.- Neblina
es de frío miembro rasgo.

EL BESO.- Por tu mirada me engasgo.

LA CALAVERA.- No hay allí sino cetrina
triste ausencia que fue vida.

EL BESO.- Yo la aprecio. LA CALAVERA.- Mas ya es ida.

EL BESO.- Permanece aunque ya fina.

LA CALAVERA.- No abrazas flor, sino espina.
¿Es que tu ceguera ve
como deseos falaces,
que en el vacío ven haces
y en el horror ponen fe?

EL BESO.- ¿Acaso me crees estulto
hasta en no ver tu ceniza
de lánguida piel caliza
y de polvo ya no oculto?
¿No sería yo muy vano
si en la prueba manifiesta
de la degradación esta
no hallase el morir mundano?
Eso todo veo y más,
y veo empero otra hazaña
que aún no alcanzó la guadaña
y que aún al mundo das:
veo las rosas que asoman
por tus ojos sin sustancia
y que, en infinita errancia,
entregando, nada toman.
Veo la quietud serena
de tu invencible sonrisa,
tu complacencia sin prisa,
tu apostura de azucena.
Amo tu longevo ocaso
que tras breve vida queda,
tu lustre de fina seda;
amo tu claror escaso
y el color blanco sincero
que con marfil te confunden
mientras las carnes se hunden
en lodazal plañidero.
Tú lo dices, tú lo callas,
todo el saber de los hombres
agitado en muchos en nombres
y que en la mudez nos hallas.
Eres muerte, que es ser vida,
eres tiempo en fría noche,
eres el fin del derroche,
eres libertad sin brida.
Eres verdad consumada,
cándido y dulce vacío,
austera espiga de estío,
sólida nada encantada.

*

En la más eterna sombra
se abrazaron sobre el lecho
la promesa y el deshecho,
quien renace y quien escombra.
Con lucidez sin medida,
con fervor sin sal, sin rapto,
para amar al frío apto,
quedó un labio ya sin vida.

 

[Música: E. di Cavalieri, Rappresentatione di Anima e di Corpo 1.4 (“Anima mia che pensi?”), con personajes alegóricos y cantantes con bellas voces mas imperfectamente moduladas. En esta escena de este oratorio que inaugura el estilo barroco, el Cuerpo inquiere al Alma por sus cuitas y le ofrece placeres, honores y el gozo de sí misma. Pero el Alma no vislumbra satisfacción auténtica en todo ello (“Non vo’ più ber quest’acque, / ché la mia sete ardente / s’infiamma maggiormente.”). Finalmente el Cuerpo decide acompañar al Alma en su viaje hacia el reposo divino, y así empiezan a enfrentar con duros enemigos, agoreros y tentadores como el Tiempo, el Placer, el Mundo; también contarán, en cambio, con el auxilio de Intelecto.]

Read Full Post »

Aún para la compasión budista el individuo es sólo sombra que se desvanece. La dignidad del individuo es impronta cristiana sobre arcilla griega.

N. Gómez Dávila, Escolios a un texto implícito

 

La segunda hechura es la que cayó sobre la tierra; el mar la asumió y su propio pensamiento fue su delineador; se plasmó a sí misma como una naturaleza que es la raíz de la muerte.

Kephalion maniqueo copto 55.136, trad. J. Montserrat

 

El Amor te confiere este poder: dalo todo, pues todo es tuyo.

Hadewijch de Amberes, Visiones 1.21

 

Me debato entre el amor a las aguas que fluyen agolpándose aturdidas y la conciencia de que su destino es ser ese no ser, ese rizarse una y otra vez en caudal sin reposo ni contorno definitivo. Veo su belleza, alternada entre lúcida mansedumbre y agitación sin sentido, entre caída y saciedad de sed para peces y gorriones, veo su poder benéfico y su perdición lenta, inconsciente, en piélago de abertura sin dirección, en nuevo receptáculo de nuevas vidas saladas, perdido ya el sabor de la dulzura y de la línea que se contoneaba entre montañas. Esas aguas que descendían dibujando valles e irrigando bosques y juncales, esas aguas límpidas y enturbiadas a un tiempo, el conjunto de los seres, nadan a la carrera hacia donde llegarán de todos modos.

Y una tonalidad de compasión me invade, pues considero irrespetuoso no concederles la dignidad de partículas eternas. Pues, ¿cómo amar a una sombra? ¿Cómo reverenciar con sinceridad a una ilusión, un reflejo, un fenómeno tan vano como el sueño en un sueño? ¿No es irrespetuoso serenarse en la idea de que todo es falso, incluso lo que decimos querer salvar, incluso aquello que decimos merece todo el honor de los tres mundos? Pero si el mundo es tan ilusorio como nuestro propio ser, entonces las conciencias ennoblecidas, sombras que aman a otras sombras, vacíos que auxilian a más vacíos, ni siquiera aman con veracidad, y el propio amor no es más que una energía de escena entre causas y efectos, una onda sin substancia, una nada que juega a embellecer la inanidad universal. ¿Cómo convertir en reyes a los personajes de un espejismo? ¿Pero qué pretendemos de las palabras, si, como bien sabemos, no ha habido más realeza que la ficticia ni más humanidad que la convencional atribución de ciertos rasgos a animales bípedos en descomposición? Hagamos de la realidad espectral, la única que conocemos con certeza, un conocimiento de espectrales certezas, y una fusión real entre sus indiscernibles naturalezas profundas. Sea el fundir nomenclaturas irreales nuestro modo de rendir homenaje a lo que de real haya en el centro misterioso e inalcanzable de los seres. Vacuidad del amor y amor de vacuidades no son sino dos caras de una misma moneda de valor incalculable, tan incalculable como lo supremo y lo desvanecido.

Y yo también me sé una gota más en esa masa líquida contra la que me defino en pueril competición y a la cual sin embargo digo estar aprendiendo a amar. Y así, en melancólica compañía, no exenta de destellos de gozos y paces, labramos las riberas en las que jamás reposaremos más que en accidental salpicadura y posterior reconversión en tierna hierba, en acuífero de insectos, en humus fértil que también se secará algún día sin llegar a saber nunca si alguna vez amó o no verdaderamente y en dulce alegría.

[R. Hahn, À Chloris, cantada por J. Cummings, sobre poema de Théophile de Viau: “S’il est vrai, Chloris, que tu m’aimes, / Mais j’entends, que tu m’aimes bien, / Je ne crois point que les rois mêmes / Aient un bonheur pareil au mien. / Que la mort serait importune / De venir changer ma fortune / A la félicité des cieux! / Tout ce qu’on dit de l’ambroisie / Ne touche point ma fantaisie / Au prix des grâces de tes yeux.”]

Read Full Post »

Gravitas

Quae dicitur levitas relativa, non est vera levitas, sed apparens solummodo; et oritur a praepollente gravitate corporum contiguorum.

[La levedad relativa no es verdadera levedad, sino sólo aparente, que brota de la gravedad preponderante de los cuerpos contiguos.]

R. Cotes, Prefacio del editor a la segunda edición de los Philosophiae naturalis principia mathematica de I. Newton (trad. A. Escohotado)

 

Quicquid premit vel trahit alterum, tantundem ab eo premitur vel trahitur. 

[Cualquier cosa que arrastre o comprima a otra es igualmente arrastrada o comprimida por esa otra.]

I. Newton, Philosophiae naturalis principia mathematica (Axiomata Sive Leges Motus: Lex III [trad. A. Escohotado])

 

Ideas habemus attributorum ejus, sed quid sit rei alicujus Substantia minime cognoscimus.

[Tenemos ideas sobre sus atributos, pero no conocemos en qué consiste la substancia de cosa alguna.]

I. Newton, (Ibid. 2ª ed., Scholium generale [trad. A. Escohotado])

 

Los tonos más graves, más serios, son por ello mismo los que más nos arrastran hacia la tierra. Tanto más contundente es un peso cuanto menor es su capacidad de alzar el vuelo. Pero la ligereza descontrolada propicia la dispersión estratosférica, la ausencia de todo vector y el ahogo en los climas superiores, donde el aire irrespirable conduce a una muerte dolorosa. Habría que mantener, pues, un equilibrio entre densidades. Habría que levitar a medio palmo del suelo y desplazarse así sobre el mundo, sin dejar de prestar atención a las incongruencias cotidianas, sin dejar de resbalar sobre el aire y sentir la grata sensación de la torsión sin rozamiento. No es que sean despreciables la entereza plúmbea o la concentración suprema en el Absoluto; de hecho, contribuyen a la fortificación centrípeta de lo mejor de nosotros mismos. Pero cualquier gimnasia que pierda el pulso a la vida se aboca ella misma a la descompensación de sus potencias, a la sobreactuación, al derroche de lo superfluo y la poquedad en lo importante. Igualmente es preciso respirar entre contracción y contracción, o se está tentando al agarrotamiento y el desgarro. Los músculos de la virtud no son muy distintos en su mecánica a los del cuerpo.

No se puede y no se debe escapar de la gravedad. Cualquier relación entre dos cuerpos implica atracción gravitatoria, e incluso la repulsión no es sino un empujarse sobre el objeto para repelerlo; los golpes son otra forma contacto y compresión entre elementos, si bien una forma lamentable. Pero, si la frivolidad es prescindible, no lo es la amenidad. Si la primera es un forcejeo por mariposear, la segunda no brota del voluntarismo, sino de que el centro sobre el cual orbita suelta su soga gravitatoria, como el padre que ya confía en la autonomía relativa el vástago. La buena ligereza de espíritu comparte con el satélite su lealtad prudente, su elipse equilibrada y estacional, su periódico acercamiento, que no es sino veneración con tranquilidad, respeto con aplomo, amor con elegancia. Habría que ser, pues, como el ave, que flota sobre el mundo y se alimenta de todos los niveles; como el albatros, que estudia todas las fuerzas y las compensa, y de ese modo permanece estático, suspendido en la atmósfera en perfecta economía, desde que aprendió a planear contra el viento y contra la gravedad.

 

[Música: E. Rautavaara, Cantus Articus. I., para orquesta sinfónica y pájaros.]

Read Full Post »

What though the radiance which was once so bright
Be now for ever taken from my sight,
Though nothing can bring back the hour
Of splendour in the grass, of glory in the flower;
We will grieve not, rather find
Strength in what remains behind;
In the primal sympathy
Which having been must ever be;
In the soothing thoughts that spring
Out of human suffering…

[Pues, aunque el resplandor, tan radiante antaño,
se aparte para siempre de mi vista,
aunque nada pudiera restituir
a la hierba su esplendor y su gloria a las flores,
no he de apenarme, más bien
hallaré fuerzas en lo que aún perdura:
La primigenia simpatía
que, habiendo sido, debe ser por siempre,
los apaciguadores pensamientos que nacen
del humano sufrir…]

W. Wordsworth, Intimations of Immortality from Recollections of Early Childhood 10 (trad. P. Mathews)

 

Cuando el destino me obstaculiza a través de las circunstancias, las atravieso elevando mi manera de vivir. ¿Qué puede hacerme así el destino?

Huanchu Daoren, Charlas de raíces vegetales (vers. T. Clearey y A. Colodrón)

 

Look out of the window: everything you see is frozen fire in transit between fire and fire. Cities, equations, lovers, landscapes: all are hurtling towards the hydrogen crucible.

[Mira por la ventana: todo cuanto ves es fuego helado en tránsito entre fuego y fuego. Ciudades, ecuaciones, amantes, paisajes: todo va lanzado hacia el crisol de hidrógeno.]

J. Fowles, The Aristos 1.42 (trad. M. Martínez-Lage)

 

Como el matiz cetrino de las últimas aceitunas que caen en el dominio del olivar; como el rocío extasiado y transfijo por el alba; como viento del que nadie conoce su comienzo y final; como el papiro que contenía una fórmula mágica sanadora y que quedó desintegrado entre las arenas de un desierto cien mil veces pisoteados al galope; como el imperio de la dorada Palmira que Zenobia contempló por última vez antes de huir hacia la ignominia y el Éufrates; como la danza cuya coreografía se olvida y desaparece de la humanidad por no haber quedado registrada en soporte alguno; como la mirada aterrada del animal bajo el cuchillo del matarife; como el esplendor de los bellos amantes de quienes apenas quedan tres muelas y una pelvis carroñada; como el sacro mandamiento velado por el declive de una civilización; como todos los gozos y pesares; como mis palabras y como las vuestras; como el encanto de lo más y de lo menos duradero… Así estallan y se disuelven todas esas cosas.

Todo está viajando hacia la reunificación: si no se acepta por las buenas, se producirá de un modo violento de todos modos inevitable. La única venganza posible reside en hacer de tal hecho el compás de nuestros amagos, en sincopar nuestro paseo en aras de reducir rodeos estériles y batallas contra las brisas. Cuando en la última noche todo se haya cumplido, cuando todas las miradas se vean puestas y emergidas en el Ojo de Dios, antes de que recomience el sentido de los mundos, en la hora sin hora y sin extensión, un vacío infinito vendrá a recordarnos -a nosotros, que ya no seremos tales- que optamos por la nada correcta. Sabremos, entonces, que nadamos en el saber en la misma medida que nada sabemos, que los cielos son reflejos del alma y ésta de aquéllos; y que la grandeza de los amores, anhelos, codicias, aversiones y agonías no es ni mayor ni menor que la de los gases y metales, ya descompuestos, amalgamados en abrazo final, o la de la brizna combustible del seco trigal a la hora en que el verano decide prologar con su insolar el fin de todos los centros y todos los círculos.

[Música: G. Gurdjieff y T. de Hartmann, 2.I.1927, vol. III, 1ª serie, No. 7, pno. A. Krenski]

 

Read Full Post »

Aquel cuya sonrisa le embellece es bueno; aquel cuya sonrisa le desfigura es malo.

Proverbio húngaro.

Cuando sonrió el hombre, el mundo lo amó. Cuando rió, le tuvo miedo.

R. Tagore, Pájaros perdidos, 299

No hay torsión más grácil que sus labios cuando un detalle, material o narrado, enternece a su facultad lúdica. Puente combado entre dos almas, la expresión de su rostro agiliza el entendimiento y muestra sus perlas blancas, sin ruido, con la suavidad de un orfebre que exhibe su  preciosa creación. Su sonrisa, la de cualquier ser humano, cuando brota de la gratitud a la vida y no del rencor satisfecho, alcanza reinos que difícilmente cupieron en silogismos, mandamientos, decretos y mapas. Hay en el mundo, ciertamente, muchos más motivos para llorar que para sonreír. Pero la exquisitez de un instante en el que simplemente se acaricia el terciopelo de la dicha plácida con el rostro nos convence de que hay una delicia en persistir en el navío del tiempo y en el amansamiento de los heridos. Heridos que van olvidando cómo dar gracias a todo lo que alguna vez saludó, saluda y saludará al mundo, a todo lo que una vez fue, es y será, a todo lo que sugiere que la candidez cuenta, más que con visado para el desangramiento, con la llave maestra de beatitudes agriamente tentadas por quienes desconocen ya el secreto del carácter.

La brisa en el verano, el color de los almendros, el despiste de una paloma, el beso entre dos niños, la coincidencia entre indumentarias, el tropiezo sin consecuencias, el recuerdo embellecido, el ideal inalcanzable, el bordado insuperable de un encaje, la suavidad de un mármol, la sonrisa ajena, la noche repleta de esperanzas, el amor incondicional, la belleza inesperada, el iluminador retruécano, los ojos que rebosan sinceridad, la melodía flotante que desde algún rincón de nuestra alma intuíamos tenía que existir… Motivos dignos de celebración, de grata aserción, de tolerancia afectiva, dulce pacto con el devenir, alegría discreta. Y es por cosas así que sonríe mi rostro o sonríe el suyo, trasladándose el gesto de uno a otro, ensamblando identidades. Su sonrisa, la de cualquier ser humano -e incluso la de cualquier criatura con la musculatura apropiada en torno a su hocico-, es un ídolo al que no renuncio. Incapaz de nada importante por sí misma, se expande en el momento en que le presto mi devoción, mi apostolado. Y es que allí encuentro la tan frágil justificación de la humanidad, el sentido de la existencia, no otro que la alegría serena por haber firmado gozosa paz con el instante, cualquiera que éste sea, instante que, bien lo sabemos, fluirá y se perderá en el horizonte con el imparable caudal amazónico de las edades.

Cherry Blossom by Emile Vernon, 1916

[Música: Rudolf Friml, Iris.]

Read Full Post »

Older Posts »