Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Romanzas’ Category

Viva nihil dixi, quae sic modo mortua canto.

[“Nada dije estando viva, yo que ahora muerta canto así”.]

Sinfosio, Aenigmata 20, refiriéndose a la tortuga, cuyo caparazón servía de caja de resonancia para la lira antigua.

Cuando mi copa está vacía, me resigno a su vaciedad; pero cuando está a la mitad, me duele que no esté llena.

K. Gibran, Arena y espuma (1926)

Fuig-ne de la terra immoble,
fuig dels horitzons mesquins:
sempre al mar, al gran mar noble;
sempre, sempre mar endins.
Fora terres, fora platja,
oblida’t de ton regrés:
no s’acaba el teu viatge,
no s’acabarà mai més.

[“Huye de la tierra inmóvil,
huye de los horizontes mezquinos:
siempre al mar, al gran mar noble;
siempre, siempre mar adentro.
Fuera tierras, fuera playa,
olvídate de tu regreso:
no se acaba tu viaje,
no se acabará nunca más.”]

J. Maragall, Excèlsior (1895)

A todos los seres. A todos y cada uno de ellos. 

Yo reposaba y soñaba que me encontraba frente a todas las naciones, todos los tiempos, todas las razas. Y, tras estos y otros velos, dormían latentes como embriones las criaturas unidas en su sensibilidad. Apartaba yo a las naciones, los tiempos, las razas, para, libre de obstáculos y perspectivas vidriosas, aproximarme al fin a los individuos en su rostro más simple, y admiré su expresión doliente. Una colección de fantasmas me pareció aquella visión, pues las almas, aturdidas por estertores del sinsentido, se mecían lúgubremente, como niñas aun vírgenes y maltratadas las unas, como dementes sin remedio las otras. Una lágrima se deslizó por mi mejilla hasta caer sobre mis manos y lubricarlas: así pude ungir con óleos de mi sangre a mis nuevos amigos, todos los que alguna vez suspiraron, al roce de caricias que yo mismo descubría sorprendido mientras las impartía como alimento en eucaristía. Quise decir cosas bellas y benevolentes, motivaciones para náufragos, azucenas para esclavos…. pero me olvidé del lenguaje, y tuve que recurrir a fórmulas mágicas heredadas de épocas de prudente fermento. Las sílabas del mantra fluían de mi boca como los meandros de una melodía de violín y llevaban sus colores simbólicos a las membranas de todos los seres hasta hacerlas partícipes de la resonancia compasiva que todo lo templa.

Entonces los cuerpos y las almas empezaron a brillar, y corolas de luz descendían desde los sonidos nacidos de la estirpe de mi aliento. Se fueron coloreando entonces a distinto ritmo y en innumerables colores, cada uno según su predisposición y sus posibilidades, desde los tonos más tenues hasta el blancor más puro, propio de los espíritus. Y las guirnaldas ensortijadas de mis fórmulas aprovechaban con delicadeza los interesticios entre las ilusorias fronteras de las criaturas y se iban enroscando en torno a todos. Una nueva vestimenta de plegaria y luz unía finalmente a las cosas como las vajillas de oro se acoplan por un mismo manto protector que las envuelve. Cumplida la promesa de los profetas, se fundió la derecha con la izquierda, lo alto con lo bajo, y el sufrimiento se repartió ecuánimamente hasta diluirse y pasar a formar parte de la historia atávica del tejido, como los anillos en el tronco milenario de los árboles o como los rasguños que permanece en los huesos soldados tras duras batallas. El cielo se hizo mundo y los seres me revelaron que no hablaba yo con nadie, pues nadie había que no fuera yo mismo. No encontré, pues, Unidad, pues aquélla aún puede desmembrarse: antes bien llegamos todos a la conclusión de que nada, ni siquiera la Unidad última, sufriría menoscabo alguno cuando el Tiempo dejase a la Vida reinar sobre sí misma, vaciándose de la falsa creencia en la solidez. Y en un abrazo sin substancia hicimos perecer dulcemente a los accidentes del universo. Quedó, flotando o lo que pueda parecerse a flotar, un beso sin labio, un recuerdo sin memoria, un amor sin corazón, un triunfo sin triunfador, un único partícipe de la esencia sin que quedase una esencia para ser señalada.

Desde entonces me quedé con el orbe entre mis brazos, como el que sostiene a un niño recién nacido. Lo llevaba a que el sol irradiase suavemente su blanca y delicada piel; lo posaba sobre mi pecho a la hora de dormir, dejando que el latido de mi corazón acompasase sus sueños; le recitaba oraciones antiguas de protección; lo separaba del frío con mi única y desplumada ala pero lo bastante amplia como para darle por unos instantes la sensación del hogar. En cada beso quise transmitirle un acto; en cada acto, una nueva visión de la existencia; en cada visión, una penetración del Infinito. Y en la respiración de todos los personajes se fueron diluyendo los personajes de la sagrada comedia, y en el paso del viento, que acariciaba mientras se llevaba todas las nociones, creí ver que en nuestro más íntimo ser no deseamos nada para nosotros mismos, aunque pocos lo confiesen.

Yo soñaba en estas cosas hasta que me desperté con el sabor agrio que deja el sueño cuando encontramos que nos ha trasladado misteriosamente de posición durante su transcurso. Una tristeza por lo insatisfactorio que es todo lo que no sea obtención de la totalidad me dejó postrado en el lecho más tiempo del necesario. Las ortigas del pensamiento irritaron mi corazón cuando desgrané la insuficiencia de los actos consumados y por consumar, como queriendo dejar que el desaliento me atenazase para eximirme de responsabilidades. Deposité el cetro en el suelo y me senté en un rincón a rememorar cada paso de mi aspiración, en un deseo de poder señalar más tarde, reconociéndolos, los colores que había imaginado según me los hubieron presentado los genios de otros mundos. Muchas de esas tonalidades, ¡ay!, las tengo olvidadas para siempre: el viaje no había hallado las cumbres de Shambhala. Pero al menos aprendí aliviado que el sufrimiento de los seres, algún día, será librado de sí mismo, sea por medios sublimes o brutales, sea en la Iluminación o en la Conflagración universal; y tal día el Todo cantará su canción de merecido silencio, un silencio de clamor obedecido, un silencio atronador como la Naturaleza sin principio, ni final, ni carácter sagrado ni mundano.

*

[Música: Michele Stratico, Concierto para violín en Sol menor. II. Grave. Stratico, alumno de Tartini, es un buen ejemplo del cosmopolitismo de su siglo y una muestra del vínculo entre Oriente y Occidente: compositor de la Zadar veneciana, hoy croata, provenía de una familia de origen cretense, aunque su formación musical es eminentemente paduana.]

Read Full Post »

Romanza VIII

Tout ce qui est impersonnel dans l’homme est sacré, et cela seul.

[“Todo lo que en un hombre es impersonal es sagrado, y solo eso.”]

S. Weil, Escritos de Londres (1942)

みる人の
旅をし思へ
かきつばた

[“Lirios, pensad
que se halla de viaje
el que os mira”.]

Sōgi (1421-1502), trad. de A. Cabezas

fantin latour - roses

Ya no saldré a cazar a Fortuna, numen huidizo, ni a su corte de intereses y ambiciones, asesinos de náufragos. Permito que mis miembros se aflojen en manos de los genios que patrocinan este día: derrámese el reposo por mi ánimo, y venza el clamor de las chicharras del verano a mis párpados atentos infundiéndoles sopor. Fesona me libera del ardor de los afanes, Sencia me da su bebedizo del buen juicio, Rúsor me relata el ciclo inevitable de las cosas, y otros muchos dioses tan antiguos como la mies me regalan por no reclamarles ya nada para mi porvenir, donde tampoco ellos habitan, sino para este preciso instante caldeado por el sol de la tarde y perfumado por los tilos florecientes.

La querencia de un mañana es un desprecio para con el acaecer de hoy. Esta jornada pródiga aún no ha terminado, y aún es posible en ella respirar aire limpio, contemplar el cielo de curvo manto, navegar por el suelo que pisamos, mirar a los ojos a los hermanos desconocidos, percibir deidades disimuladas bajo aspectos de sabios cabizbajos, ancianos perplejos de su propia calma, doncellas distraídas, niños encaprichados de esquivas libélulas… Aún es posible rendir un himno al genio que preside tu mirada, señalándote todo aquello que ahora percibes con tierno embeleso. Aún quedan horas para entender el peso de los átomos, el beso suicida de los insectos en el agua, la paciencia de los gatos, el oleaje de tu alma, la nube del azar. Y, con todo eso por hacer, ¿a qué suspirar por plenitudes sin nombre? Si puedes dar todo tu amor ahora al Todo que te circunda, ¿a qué prometerlo a largos eones con palabras de prosapia y altitonante regusto? Date ya al mundo que percute en tus sentidos como reclamando tu atención, apretando tu entraña, y ofrécete entero a él sin dejar de reconocer su fina levedad, ornamento del dios ignoto de blanco vacío.

Aún queda mucho tiempo, pero el mucho tiempo corre rápido, y antes de darse uno cuenta sonará la campana que dará paso libre al recomienzo.

alen kopera - Reborn-28x36-oil-on-canvas-2011-copy

[Música: S. Rachmaninov, Romances Op. 38, No. 3 (“Margaritas“), arr. J. Heifetz]

Read Full Post »

¿Dónde podría encontrarse suficiente cuero
para cubrir la superficie de la tierra?
Pero con tan sólo el cuero de las suelas de mis zapatos
es como si toda la tierra estuviese cubierta con él.

Śāntideva, Bodhicaryāvatāra, 5.13

Allegory of Music, 1649 - Laurent de La Hyre

Ved cómo se abre por la mitad y muestra un valle florido entre sus cicatrices, acumuladas a lo lardo de mundos de los que él mismo desconoce el nombre. Ved cómo ha llegado hasta aquí bamboleándose entre las edades del todo, buscando tesoros que no sabría describir, encarnando y desencarnando una y otra vez, rememorando y olvidando rumbo y origen. Se encuentra aquí, mascullando primaveras, lustrando incensarios, musitando fórmulas mágicas, fantaseando en torno a ojos que se le han cruzado y que le sugieren fraternidades largo tiempo extraviadas. Todos los recuerdos se le hacen gratos cuando contempla la curvatura oculta del horizonte y acompasa su latir al Aliento del Mundo, y recibe una promesa de gratitud por parte de todas las cosas, como la orquesta que acoge entrañable al nuevo músico.

Sí, vedle ahí, dispensando flores, cantando himnos con voz quebrada, trenzando torpemente pero con amor blancas guirnaldas para que las lleven las doncellas de los ritos más hermosos, abrazando a los animales mansos, temiendo no saber amansar a los fieros. Es de buen corazón, pero las trazas de sus antiguos dominios oscuros asoman a ratos con malevolencia desde vidas pasadas, de rutas y palacios que se creían también ellos eternos y centros insustituibles. Rueda por las laderas del tiempo, pero los golpes no borran todas sus sonrisas. Se envalentona y clama júbilos en defensa de una promesa de gloria, en defensa del ronroneo de un inocente, de la felicidad de una mujer, del viento del bosque, de la enseñanza de un invulnerable. Se arma con la coraza de hermosos planes, genera una esfera de decisión en sus entrañas, sale a buscar delicias conocidas de oídas, mencionadas por extraños profetas y santones que se ocultaron tras las colinas. Sería capaz de despedazarse vivo cien mil veces para que los lemas que saluda se propagasen y alcanzasen a todas las eternidades. Criado en un circo histórico de pasiones, el único amarre con la ataraxia lo encuentra en una reinvención imaginada, en una versión ornamentada y poética de una gnosis que desnuda parecería gélida a las criaturas inmaduras como él pero en la que es necesario embeberse de algún modo; precisa de música para serenar su respiración.

Luego el pulso de su corazón se regula y entronca con el rumor cíclico de la noche. Y toda actividad pasa a su interior, invisible para cualquiera salvo para los actores de su drama psíquico. Calibrando sus fuerzas, quizá se disponga a transmutar el fervoroso azufre en oro ceremonial y hierático. Tras los velos de una meditada soledad se gesta un regalo del que nada sabemos. Sólo se percibe su esfuerzo en la tensión de los apretados párpados y en las perlas de sudor que escapan de su frente. Está cociendo a fuego lento la fortaleza de un ánimo manso en gestos pero ardoroso en voluntades, henchido de bellos y nobles anhelos, embrión de un éxtasis futuro, muy lejano, pero en consonancia con todo lo que fue, es y será. Vedle de nuevo, miradlo, míralo con detalle, pues eres tú, nunca ha dejado de ser tú, tú, confundido con todos, confundido contigo mismo.

Isaac-van-Amburgh-and-his-Animals-by-Sir-Edwin-Henry-Landseer

[Música: W. A. Mozart, Serenata No. 10 en Si bemol Mayor (“Gran Partita”) K. 361 (K. 370a). III. Andante.]

Read Full Post »

No debemos sólo amar, sino ser, como Dios, nosotros mismos el amor.

Angelus Silesius, El peregrino querúbico, I, 71

Hubo un germen que se propaga sin tiempo ni compás. Surgió del último chakra, y me hizo creer en la luz que no muere. Lo seguí a través de los bosques y las montañas, a través de de los mares, que anegan ejércitos, a través del desierto, tumba de intrépidos. Vibrante, me llevaba de aquí para allá, revoloteando como luciérnaga despistada, oscilando al ritmo de los latidos de mi yo. Su titilar me recordaba al lucero de la mañana, pero su cualidad era la de la esmeralda pulida o la de la beatitud del sabio iluminado. Adoptando la forma de una corona, se dejó ceñir por mi sien. Y viéndome ataviado con indumentarias preciosas, me ofrecí a la humanidad para mostrar y expandir la realeza.

Ese germen desafía toda geometría, aniquila todo concepto, burla toda mezquindad. Sí, se propaga sin tiempo ni compás, doblando los pliegues de la sucesión de acontecimientos. Fue, es y será. Refulge en la noche invitando a que lo amen. Las criaturas noctámbulas obedecen, hipnotizadas por el trance del viaje astral, alentadas por las deidades que adoptan formas animales. Te está convocando, ¡oh iluso!, pues eres para él un espejo divino en el que reflejarse una vez más, en todas direcciones, con todos los atributos de la dulce serenidad sin edad.

THOMAS J. ABERCROMBIE 2

[Música: John Tavener, Dhyana]

Read Full Post »

El cielo regala su amor,
como una llama prende la paja,
como una vela atrae al halcón.

Cantos de amor del Antiguo Egipto (versión de Siegfried Schott)

 

Mira: recorro los prados del ser. Los árboles se mecen como centinelas del fondo metafísico de todo lo manifiesto. Corales de pájaros multicolores armonizan mi entrada a modo de marcha triunfal. Y tú vienes conmigo.

Avanzamos con el pecho descubierto y adelantado como el de los reyes. Habiendo retirado las adherencias psíquicas, el espíritu inmarcesible reluce diamantino. Barrido lo accesorio, sólo queda la esencia regia que a menudo olvidamos ostentar, y somos como joyas que ahora se saben joyas y vibran al son de todos los seres. Grande es la expectación: los duendes retroceden a nuestro paso, las abejas zumban sinfonías por un nuevo Adviento, y la brisa agita nuestro cabello como si quisiera peinarlo para una inminente gala estratosférica.

Ahora suaves mirlos estiran cintas aéreas para anunciar algún tipo de rito. Se hacen oír nuestros votos, emitidos en tonos frescos y musicales. Se propaga la noticia: muchos vienen a amarnos desde la lejanía. Y regalamos flores a los viandantes mientras la comitiva que nos sigue agita hojas de palmeras, saludando al mundo. Todo es boato en el camino al templo, donde actualizamos las ofrendas y nos unimos a una en torno al altar de oro alquímico, y la Belleza nos bendice a todos, y los dioses antes enemistados pactan simbiosis sincréticas, y beatas vestales danzan dibujando con el fuego sagrado lienzos de éter y amor supremo.

Grácil es la noche. Sublime es el amanecer de los mil soles que parimos con nuestro fervor. Inmensa es la perfección. Tamaña dicha ha de permanecer en la eternidad.

Öèôðîâàÿ ðåïðîäóêöèÿ íàõîäèòñÿ â èíòåðíåò-ìóçåå gallerix.ru

[Música: Korngold, Concierto para violín y orquesta. II. Romance andante]

Read Full Post »

Fueron, efectivamente, reyes durante toda una mañana en la que las colgaduras carmesíes se alzaron nuevamente sobre las casas, y durante toda la tarde, en la que caminaron por los caminos de palmas.

A. Rimbaud, Las iluminaciones

Quiero subir a la tecla de un piano y viajar a lomos de su resonancia hasta mundos donde la belleza sea el alfa y el omega. Quiero amar hasta que los sauces llorones, transmutados en euforia biológica, aplaudan el espectáculo. Quiero blandir una sonrisa pacífica pero de una intensidad contenida, hasta derretir el hierro oxidado que cubre a las más ásperas calaveras. Quiero desposarme con un hada para hacer de su figura mi modelo iniciático y mi reflejo. Quiero forjar nuevas razas con cada suspiro, levantar rutas a Shambhala con cada pincelada de mi vista, abrogar leyes telúricas con cada creación que surja de mi mano abierta. Quiero coronar a todo lo inocente con puros besos, y volver inocentes a los poderes agonizantes. Quiero querer con sangre lo que ahora sólo quiero con palabras. Quiero contemplar el fuego sagrado día y noche, y recordar en cada hora a mi dios, a mi dama, a mi arquetipo y a mi Jerusalén interior, patria de nefelibatas purificados por los rituales del arte, la guerra y el amor.

[Música: Schubert, Der Doppelgänger]

Read Full Post »

Das Meer hat seine Perlen,
Der Himmel hat seine Sterne,
Aber mein Herz, mein Herz,
Mein Herz hat seine Liebe.

El mar tiene sus perlas,
el cielo tiene sus estrellas,
pero mi corazón, mi corazón,
mi corazón tiene su amor.

H. Heine

¡Esposa del dios de cuello hermoso!,
sobre mi cabeza pongo tus pies de loto azul,
bajo los que los Vedas se inclinan
como cisnes a los que atrae un anillo de oro tintineante.

Tantrasara (s. XI aprox.),  himno a Bhuvanesvari, 16

Sé que no soportaré tanto amor, tanta belleza. Me consumiré no por ser vencido, sino por la dicha hipnótica de la eterna victoria, que me empuja a lanzarme por los acantilados con sonrisas de éxtasis. Por mucho que el mundo intente rebajarme los humos ignorando mi aliento, por mucho que la mezquindad y la ausencia me aborden por los caminos, un fuego interior me conduce en la noche, y me siento como el caballo que escapó de la cuadra y cabalga atravesando países, y me extraviaré en alguna frontera inexplorada.

Sagrada soledad: te he rendido muchos tributos. De allí han salido ceremonias que sólo yo comprendo, inciensos privados, navíos metafísicos en los que viajado entre los tres mundos, y he besado a los arquetipos de todo lo digno de ser besado. Salvé océanos de inanidad para ser un ave semántica, un ágape olímpico, un paladín en Tierra Santa. Los conceptos me han abrazado, pero yo he querido ir más lejos, buscando plenitudes sin nombre. Las fieras me han prevenido y una otra vez. Yo, sin conciencia de mi identidad, he seguido buscando el útero supremo que resulta de cada flor, de cada rostro, de cada pentagrama inspirado. Y así, adaptándome a la solfa de mi destino, destilé perfumes hiperbóreos para la humanidad caída.

He rehusado sentirme individuo, pero sigo buscando soportes para la intelección y para desplegar mil amores. Para aprender, todo hombre que no haya alcanzado la santidad necesita espejos en los que poder mirarse, necesita cuencos humanos en los que poder divisar el firmamento como a través de un catalejo. El alambique que soy requiere el mosto y el mercurio para proseguir la investigación trascendental, ésa que ha de acabar en el vino de los vinos, en la piedra filosofal y en todas esas alquimias que dan sentido a la armonía del final del laberinto.

¡Oh qué derroche de ebriedad! ¿Hasta cuándo seguiré latiendo como el corazón de un adolescente? ¿Cuándo me disgregaré en la lluvia y culminaré la sabiduría de la tumba?

[Música: J. S. Bach, Partita 4 (BWV 828), Allemande]

Read Full Post »

Older Posts »