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Estoy de mi pensamiento
ya tan poco satisfecho,
que entre mí tengo despecho,
porque bien no marrepiento
de lo hecho.

J. Boscán, Canción II

 

Vio en esto una calavera, vieja de cien años; apartó las yerbas y, apuntando hacia ella su dedo, dijo: -«Sólo yo y tú sabemos que nunca ha habido vida, ni nunca muerte ha habido. ¿Estás tú verdaderamente triste? ¿Estoy yo realmente contento?»

Zhuang-Zi 18.6 (trad. I. Preciado)

 

Una cadencia lleva de ocaso a ocaso, con majestad. Ocasos que no son sino amaneceres vueltos frente a nuestro rostro. La brisa mediterránea acaricia como miríada de plumas, maquillándome para una rememoración. No hay aves. En esa hora sin argumento, me acuerdo de una hormiga a la que pisó cruel mi pie infantil, de un mal gesto que tuve contra alguien que me pedía ayuda, de un clavel blanco sobre la tumba de mi venerable abuela, de la voz cálida de una bella amiga, del icono de la bendita Tara del Bosque de Acacias, de una beatitud a la que decía aspirar de cuando en cuando, de la triste humanidad del futuro, de la compasión de Plutarco, de los crucificados, del inquieto entusiasmo que surge al paso de tres copas de vino, de un beso que no sé dar a todas las criaturas que sufren, de la contemplación cartujana, de los reinos caídos de los que nunca he oído hablar, de mis primeros juguetes, de los proyectos abandonados, del océano que me cubría de sal cuando no sentía la vacuidad bajo la piel del mundo, de noches de placeres y sonrisas, de mis composiciones más sentidas, de la injusticia entronizada, de las generaciones perdidas, de los hijos que no tendré, de las sonatas que los compositores galantes anotaban con voluntariosa alegría entre amoríos y tuberculosis, de mi indecisión por elegir los versos más bellos que he leído, de las revelaciones acogidas en el poso del té, o en la conversación en la que supuse que una polilla pretendía decirme algo, o en el hueso leve de un mamífero, y sobre todo en el rostro perfilado de aquella a quien amo. Y de todo ello he de descifrar un tono, un mandamiento, una violeta del entendimiento y de mi entero ser. Pero eso será otro día, cuando la brisa haya dejado de acariciarme bajo una luna tímida que ya ha retomado su báculo silencioso. Ahora, en este instante, dejo que las bandadas de imágenes se dispersen sobre el lomo de las suaves olas: disfruto de la quietud de mi pulso y del desfalleciente color de zafiro en el cielo, y nada de cuanto recuerdo importa.

[Música: M. Fiennes, Tatyana Skating (Onegin OST).]

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Forcé de parcourir la route où je suis entré sans le savoir, comme j’en sortirai sans le vouloir, je l’ai jonchée d’autant de fleurs que ma gaieté me l’a permis; encore je dis ma gaieté, sans savoir si elle est à moi plus que le reste, ni même quel est ce moi dont je m’occupe: un assemblage informe de parties inconnues; puis un chétif être imbécile, un petit animal folâtre, un jeune homme ardent au plaisir, ayant tous les goûts pour jouir, faisant tous les métiers pour vivre, maître ici, valet là, selon qu’il plaît à la fortune; ambitieux par vanité, laborieux par nécessité, mais paresseux… avec délices! orateur selon le danger, poète par délassement; musicien par occasion, amoureux par folles bouffées, j’ai tout vu, tout fait, tout usé. Puis l’illusion s’est détruite, et, trop désabusé…

[Forzado a recorrer el camino donde entré sin saberlo, como saldré de él sin quererlo, lo he sembrado de tantas flores como mi alegría me lo ha permitido; todavía digo “mi alegría”, sin saber si ella es mía más que lo demás, ni incluso cuál es este yo del que me ocupo: un ensamblaje informe de partes desconocidas; después un insignificante ser imbécil, un pequeño animal juguetón, un joven ardiente de placer, teniendo todos los gustos para gozar, ejerciendo todos los oficios para vivir, maestro aquí, sirviente allá, según lo que le place a la fortuna; ambicioso por vanidad, laborioso por necesidad, pero perezoso… ¡con deleite!; orador según el peligro, poeta como esparcimiento; músico en ocasiones, enamorado en locas ráfagas, lo he visto todo, lo he hecho todo, lo he consumido todo. Después la ilusión se destruyó y demasiado se desengañó…]

P.-A. C. de Beaumarchais, Le Mariage de Figaro V.3

 

1

Bregamos en esta vida blandiendo lo que tenemos a mano, fueran creencias, apegos, rutinas o ídolos de toda clase. Igual que padres desesperados en busca de sus hijos, nos servimos de cualquier cosa que pensemos nos conducirá a una felicidad definitiva, felicidad que siempre parece correr más rápida pero que en realidad está rociando por todas partes como una lluvia finísima que apenas sentimos.

2

El demócrata idolatra la libertad porque cree que es el único valor incuestionable; el sabio la respeta porque sabe que sin el temor a la coerción se hace más probable el avance espiritual genuino o, cuando menos, menos justificable el reproche a la acción ajena, que nada nos impuso.

3

Los dos mayores servidores del individuo: la voluntad de logro y el tiempo; de la alianza de ambos dos nace el único carácter capaz, a saber, el carácter constante.

4

El perezoso nunca logra zafarse de su felicidad pasada, y se comporta como si siempre viviese inmerso en ella, aunque las sensaciones resultantes ya no cuadren.

5

El arte dieciochesco es la celebración de la perfección de la fórmula. ¿Alguien puede escuchar la música de Boccherini y pensar que no ha salido de la mano de un autómata o de un atildado funcionario? ¿Y alguien puede decir que no es placentera y bella como pocas cosas de la vida?

6

Más que resistir al mal, hay que hacerle sentir ridículo. Tal es el logro de la mansedumbre, de la alegría, de la compasión.

7

Con una vez por año que afilemos nuestros cuchillos perdemos crédito al afirmar que nunca los usaríamos. El que no aniquila por completo sus pasiones caprichosas, nunca podrá estar seguro de no caer en sus trampas cuando el alma se tambalee.

8

Ninguna certeza me ha convencido de que no hay otra, escondida tras una desatendida esquina, que la podría matizar.

9

Mantener recta la espalda, pausada el habla, ordenados los planteamientos y discretamente condescendiente el ánimo son disciplinas higiénicas análogas.

10

Que no te turbe la belleza de una ilusión fortuita, como no te turba la putrefacción que inunda el mundo. Si no te avergüenza ser indiferente a tanto dolor, que te avergüence al menos dolerte únicamente con tus leves cuitas.

11

La suerte está echada si no la despertamos con la guasa con que el niño despierta a su hermano.

12

No hay mejor arte que aquel cuya belleza empuja a alejarse de cualquier arte y de todo lo demás en aras de bienes más sublimes.

13

Todo sabe a poco porque poco sabemos todos, y porque la poquedad cree saberlo todo.

14

Se renuncia a la existencia caprichosa para aspirar a otra más sublime o por ser caprichoso una vez más.

15

Confiamos en quien confía en sí mismo, pero no convence tanto si tal individuo no confía en ningún otro o si, por el contrario, lo hace con un enardecimiento ligeramente más agudo que el que despierta el recuerdo de nuestra bondadosa madre en nuestra niñez.

16

Nunca se ha visto mayor fortuna que la de quien no cree haberla tenido ni buena ni mala, hasta el punto de que acepta como natural y bueno el curso inevitable de las cosas.

17

El único modo de volverse excelente es adoptar excelencias que paso a paso vayan acompasando a esa suave música del equilibrio perfecto el reloj de nuestros deseos.

18

No se enamora uno de varias personas al tiempo o en sucesión sino quien, abstraído en encantos particulares, desconoce qué es lo verdaderamente digno de ser amado. Quien ama de veras ya no cree estar amando, sino tan sólo centrando su atención en un relieve especialmente cercano del frontispicio en que se compone la humanidad entera.

19

Para despertar interés, callar primero. Para ser callado, hablar primero. Para ser olvidado, callar después. Para dejar huella, hablar después. Para irritar y confundirlo todo, hablar antes y después. Para evitar malentendidos, callar antes y después. Para el completamente libre de tendencias caprichosas, no preocuparse de lo que se habla o lo que se calla.

20

La verdad nunca permanece sino en los rincones donde muy pocos se quedan a reposar. En el foro sólo se negocian mentiras.

21

Los ingenuos confían en sus líderes porque de algún modo se saben ingenuos.

22

Siempre amaremos lo que se nos escapa, como que la que de ordinario creemos nuestra misión en la vida es extender el imperio de ésta sobre todas las cosas.

23

No hay religión sin ver el matrimonio indisoluble y productivo de la alegría y el dolor.

24

Para creer, bastaría con ver que no vemos sino lo que creemos. Por el contrario, solemos creer lo que creemos estar viendo y que, decimos, creeríamos igualmente sin verlo.

25

Una gentil dama sólo satisface a quien la posee o a quien entiende que el broche de la gentileza lo posee alguien únicamente cuando no termina de satisfacer. Y es que la moderación más excitante consiste en no defraudar del todo ni prometer del todo.

26

El soberano excelente conoce el modo equilibrado de ir proporcionando con holgura al pueblo lo que éste necesita y pide, con escasez y cierta hipocresía lo que pide pero no necesita, y con habilidad y amoroso disimulo lo que necesita pero no pide. Abundan, en cambio, los nefastos gobernantes que ofrecen lo que ni se ha necesitado ni se ha pedido.

27

El arte clásico no despierta un ímpetu devocional, pero nos hace creer siquiera a ratos que es posible un orden armónico y bello de los sentimientos. Un cuarteto de Giardini o una sonata de Cimarosa nos muestran transparente el límite máximo en que puede insertarse una sintaxis matemática en un corazón afable.

28

Muchos caballeros en la edad madura sienten la necesidad de adoptar todavía reivindicaciones juveniles, como otros hacen con los cabellos largos. Tanto en uno y otro caso tal afición propicia la acumulación de enredos,  escamaduras y penosos contrastes a la vista del ojo atento, aunque por medio se atrape a alguna amante impresionable.

29

El primer paso en la seducción por parte de la dama adquiere su maestría en exhibirse desde todos los ángulos posibles aparentando no hacerlo con intención, maestría coronada por oportunas  ausencias abrasadoras.

30

El gran maestro domina el arte de decir una cosa y la contraria según los oyentes para obtener de ellos sabios comparables.

31

Comprender no debería evitar el golpe justiciero, pero sí debería erradicar todo rastro de acritud a la hora de condenar.

32

Sin la ópera, muchas situaciones personales habrían quedado sin un retrato de su vínculo con la armonía universal.

33

El genio no representa la legitimidad de una cultura; antes bien al contrario, una cultura prueba su grandeza si sabe coronar con los instrumentos del genio a quien en otras circunstancias no habría pasado más que por el chico más ocurrente del arrozal o por la damisela más sagaz de la partida de naipes.

34

Pureza y placer no son incompatibles, pero sólo se miran sin suspicacias cuando la inercia de los movimientos, atravesando los gajes de toda suerte de circunstancias, ha mantenido milagrosamente el elusivo punto de equilibrio en el centro del individuo, no guardando más apego a ningún ente o costumbre por encima de cualquier otro.

35

La sabiduría es insobornable salvo para el amor genuino, esa especie de tregua de la visión en que se hace acopio de provisiones para soportar la carestía de la guerra contra las peripecias, contra las dudas y contra los caprichos.

36

Tras el ejercicio humilde de las válvulas de la conciencia, en la última y secreta instancia de la sabiduría, no se trataría tanto de buscar la liberación cuanto de hallar el momento en que liberación y atadura sean tan intrascendentes como inocuas.

37

La verdadera paciencia consiste en no perder de vista en medio del sufrimiento sostenido la noción que de las cosas hubimos cultivado durante el meditativo reposo.

38

Es terrible y enternecedor a un tiempo que la percepción de una belleza mundana haga flaquear mis convicciones e impulsos más nobles, como si no hubiese nada tan sólido en mi alma que no pudiese ser revuelto por un viento de promesas lo bastante fragante.

39

Sabiendo que nadie podrá seguir a buen ritmo el juego intrincado de mis ideas y pasiones, llego a complacerme en la certeza de esa túnica de soledad de la que nunca me despojaré del todo. Y, si medito diligentemente bajo esa túnica, me percato de que los demás también visten otras similares, con diferentes tamaños, entramados y colores.

40

No digas “me he de salvar porque me amo”, sino “me amo porque me ganaré la salvación”. Mas, durante la mayor parte del tiempo, no pienses ni una ni otra cosa: procura amar y salvar a otros, y lo demás se te dará por insignificante añadidura.

41

La maravilla de la filosofía escolástica estriba principalmente en su calidad de entretenimiento para el afán obsesivo por comprender y dominar el entorno, liberando de ese centinela a la fe abierta y dadivosa.

42

Nunca como en los tiempos en que los ministros de la Iglesia portaban peluca y recitaban solemnes preces latinas se vio una mayor desatención por la humildad, y nunca se vio una continuidad más filosófica entre lo divino y lo nacional, entre lo vulgar y lo sublime, entre lo espontáneo y lo artificioso, entre lo caprichoso y lo inmutable, entre lo alto y lo bajo.

43

Calidad es únicamente preferible a cantidad cuando la escasez no desalienta.

44

El rencor equivale a reavivar a cada minuto la ofensa que se nos hizo en un punto aislado del pasado.

45

El político sin abolengo es el que con mayor seguridad se aferrará al poder, puesto que no posee un sucedáneo más allá de eso. No se han visto desde hace tiempo muchos reyes ejerciendo su cargo rabiosos o inmoderados, ya sea en el exilio o bajo la guillotina; les basta el honor conferido, sus posesiones o la buena vida ya gozada.

46

No hay vértigo más sublime que hallar lo sublime dentro de uno para a continuación, extendiendo la grandeza de miras, hallarlo en todos los que nos rodean.

47

Detén tu abuso del reino animal por el bien de tu propia conciencia moral: con todo los que has perpetrado y devorado en lo que llevas vivido ya serás suficiente cebo para el remordimiento en tu lecho de muerte, si es que estás dotado de una mente justa y cumplidora.

48

Ser justo implica no estar tan deseoso de justicia como para deshacer errores pasados si, como mínimo, no sospechamos que el ajusticiamiento sentará buen ejemplo y buen ritmo en el porvenir.

49

Dejar de enamorarse de alguien en virtud de los riesgos que entrañará el vínculo supone tanto algo de sabiduría como algo de dureza de corazón, y solamente la presencia de bondad hace que tal frialdad se incline por la primera.

50

Traer hijos al mundo es perpetuar la condena de las restantes criaturas a las que devorará o robará el pasto, si bien el niño que se hace héroe o santo al madurar supone el indulto de muchas de ellas.

51

¿Cómo nos convenceremos de las miserias de nuestra alma y de su capacidad para purificarlas por completo con un cambio drástico de compás? No se me ocurre otro modo que la religión. La filosofía profana difícilmente embellece el camino lo suficiente como para que mantengamos el paso cuando arrecien las oleadas del desaliento o la lascivia.

52

Para bien morir conviene haber disfrutado algunos bienes de la vida y haber comprobado su carácter prescindible. De otro modo se podría llevar uno a la tumba engañosas insatisfacciones.

53

Enorgullecerse de cada evento vivido suena a ostentar arrugas del rostro.

54

El anacronismo: dulce pecado que tiene como consecuencia una amarga soledad.

55

Carece de sentido premiar con nuestra atención a alguien solamente porque conoció un país, una época, ciertas personas o ciertas o vivencias. Si no suavizó su carácter, si no sirvió para hacer feliz un corazón, si está tan lleno de miserias como cualquiera, antes debería hacernos desconfiar de tal país o tal época.

56

Enamorarse de alguien mucho más joven o mucho mayor puede semejar un intento de escapar al presente, pero también puede ser un modo de escudriñar las cosas más allá de lo evidente y lo fácil.

57

Las leyes responden a una moral consensuada, no a una moral fundamentada. La intuición colectiva hace que rara vez fallen en su espíritu, pero su carácter negociado y abreviado las redondea a menudo hacia trazos demasiado gruesos, repletos de defectos.

58

El melancólico ha entendido mejor que el irascible el devenir inevitable de las cosas, pero todavía mira de reojo a la satisfacción posible de sus deseos.

59

Bien triste es que nueve de cada diez amoríos carezcan de amor y que otros tantos amores se queden sin consumarse en amoríos.

60

Preguntad en una ciudad cuál es hoy el edificio más importante del lugar y a buen seguro la respuesta os dará la clave del declive del espíritu desde el Sacro Imperio hasta nuestros días.

61

Por terrible que resulte, se hace preciso reconocer que cobramos y pagamos durante toda la vida la crianza de nuestra niñez, así como el azar o la necesidad que nos repartió en diversas proporciones los humores congénitos, el grado de entendimiento o la belleza corporal.

62

De todos los animales, el animal humano es el que menos ha sufrido esclavitud, crueldad y asesinato.

63

Intuyo y temo como probable que la última imagen que pase por mi cabeza en la hora de mi muerte sea la de algún anhelo no colmado. Acaso el rostro de un amor que no rocé, un alma a la que traicioné, los animales que utilicé y reventé como a meros utensilios, la paz que nunca se asentó en el corazón, la deidad a la que no alabé, la sensación de no haber hecho todo lo posible por mis semejantes y por mí mismo.

64

De todas las ilusiones, la peor es pensar que los seres ilusorios no merecen nuestro cuidado, como si no fuese habitual que suframos en sueños. Y es que también nos reclaman las sombras que lloran.

65

No me molestaré en quejarme de los desmanes que me causen los líderes del siglo mientras no logre yo liderar en mi propio corazón.

66

¿Cuán amplia y débil no será el tejido de las almas, que alternaríamos cielos y cuerpos con el mismo ardor? ¿No es de todo punto vertiginoso el carácter que se lanzaría al sacrificio propio a cambio de la felicidad instantánea de todos los seres con el mismo ímpetu con que lo haría a cambio de un beso?

67

Apenas rozaremos la idea de justicia mientras no incluyamos en su definición a la mayor parte de los seres capaces de sufrir y de gozar. Sin respetar el derecho de los animales a no ser propiedades e instrumentos, no somos más generosos que los gentiles y publicanos de los que hablaba Cristo en el Sermón de la Montaña, que sólo se amaban entre ellos. Ningún mérito hay en realidad en respetar a quien tiene un rostro similar al vuestro.

68

La mayor parte de nuestros dolores viene fruto de una elección que tomamos con tal de no aburrirnos.

69

El gesto dice más sobre el carácter que las palabras porque su formulación no está tan definida y, por ende, no puede ser tan estudiado, sino que surge de forma más natural que el discurso.

70

Nunca se puede estar seguro de la soledad que sufre el aparentemente sociable ni de la cantidad de amor que bulle en el corazón del hombre solitario.

71

Si hemos de ser conquistados por algún placer, al menos deberíamos considerarlo sin dejar de vigilar que no aparezca en el trato con aquél ninguno de los pecados capitales.

72

La ingratitud que recibamos es la mejor vara para medir la pureza de nuestra generosidad.

73

El carácter sereno no se altera por la opinión de los demás si se queda simplemente en eso, en la opinión de los demás. Un caballero honorable soporta la injusticia que sólo afecta al nombre de su honorabilidad.

74

Los recuerdos se encargan de insinuarnos que nuestra vida ha tenido o no significado, cuando lo que debería dotar de sentido a los recuerdos es adónde hemos llegado hoy.

75

La victoria más sutil es la renuncia temprana que deja sin sabor a la victoria del otro, desconcertado por la fútil soledad de sus laureles.

76

Resulta muy amargo que en Europa se viviese con menor temor a las masacres hace un par de décadas, cuando todavía reinaba la intolerancia y la uniformidad de la raza. Como pueblos, estamos obligados a vivir en una mentira o en otra: o en la de la superioridad o en la de la convivencia de buena fe.

77

La mayor pérdida que ha sufrido la humanidad en los últimos siglos ha sido el impulso por la abnegación, que trajo todo lo grande que ha existido. La segunda mayor pérdida ha sido el gusto por la belleza delicada, cultivada tiempo ha hasta por la gente sencilla en guirnaldas y en floridas cartas.

78

Si rechazamos con completo desprecio los más inocentes placeres, nos habituaremos al asco y nunca nos encontraremos dispuestos a reconocer un gozo sublime si llegase la ocasión.

79

La mirada comprensiva advierte que los vaivenes del alma son el balanceo de la cuna que producen el agotamiento del niño para que al fin se duerma en paz.

80

Todos acumulamos sacos de pecados, pero los pecados no son más que contracturas de los impulsos, y los impulsos no son más que rayos inconscientes de un ser hacia otro estado del ser. Dicho de otro modo: hasta la más pérfida de las criaturas comparte su esencia con una aurora boreal, fugaz y dispersa como una tragedia sin personajes.

81

Un genio se distingue del artista común en su mayor destreza y su mayor gusto, pero un genio supera a otro genio principalmente por la sobreabundancia de su amor, que se traduce en la grandeza indefinible de su obra.

82

Para saber morir, hay que saber vivir, y viceversa. El remordimiento arruinará nuestros últimos pasos en la vida y, por lo tanto, el sabor que nos llevemos de ella en su conjunto; la ignorancia de la transitoriedad y de la muerte nos arrastrará por la vida como a polen surcando intranquilo el viento sin rumbo y, por lo tanto, difícilmente acabaremos saciados en el último lecho.

83

El enamoramiento es ese momento vertiginoso en que subordinamos todo lo que sabíamos a la presencia de una persona a la que creemos estar adivinando.

84

La incertidumbre y complejidad de este siglo se vislumbra en que, si intentamos mirar al príncipe de la nación, no lo vemos.

85

El mejor instrumento en favor del celibato es el hecho de que las personas son cada vez más aburridas. Para gozar de un cuerpo no merece la pena soportar tanta inanidad.

86

Diría que mucha gente viaja desaforadamente por tantear la posibilidad de un paraíso al que quizá poder habitar, aunque nunca se atrevan a permanecer en él.

87

Decir que el dinero es el dios de nuestro tiempo no es nada nuevo, pero yo añadiría que es como el dios de los panteístas: subyace irreconocible en cada uno de nuestros movimientos, y, tanto en nuestras cuitas como en nuestros gozos, realizamos actos de culto a ese ídolo sin lindes.

88

Durante la noche, por efecto de la luna o del silencio que nos invita a pensar que nos encontramos solos, afloran las mayores traiciones y las mayores sinceridades.

89

El mayor placer arriba al vencer un dolor; el mayor dolor moral aparece al sentirse uno vencido por un placer.

90

La sensibilidad del trato humano obtiene su premio en la capacidad para captar el perfume innato e inimitable que derraman las personalidades encantadoras.

91

Los más jóvenes son proyectos de egoístas, y a menudo se pone su educación en manos de egoístas completos.

92

Toda frase lacónica que no suene a fórmula mil veces trillada posee resonancias de los misterioso.

93

Sin los compositores galantes, y sin Mozart a la cabeza de todos ellos, habría una brillantez del espíritu que nunca habría sido catada.

94

Cada vez son más los días en que abrazaría a cualquiera que me encontrase, en que con gusto renunciaría al gusto para salvar a los parias, en que no me importa mi prestigio o mi triunfo en sociedad, en que lo daría todo por educar a un niño o amar a una mujer, sin el más mínimo rencor. Un cúmulo de lecturas, ideas reiteradas, meditaciones, golpes de la vida y el simple curso de los años me van llevando hacia allí, donde casi me siento culpable de ir hallando en los demás uno de los encantos por los que a uno le merece la pena vivir. Es una lástima que cualquier minucia me saque a cada momento de esas ensoñaciones, que se dispersan en el aire como el aliento de un enamorado.

95

Un necio generoso imparte tres enseñanzas a quienes murmuran contra él: que la crítica puede ser cosa bien fatua, que la falta de generosidad es necedad verdadera y que la necedad aparente no es tal si está desierta de amor propio.

96

Son las miradas y sonrisas de las doncellas las que puntúan la lozanía o la madurez de un hombre. Es la intención de embaucarlas por parte del hombre lo que califica lo propio en las féminas.

97

Ni un solo deseo obtiene la gran recompensa: todos son ínfimas batallas, ganadas o perdidas, en una guerra eterna que sólo cesa con la deserción o con la fraternidad entre los adversarios.

98

Nunca dejará de sorprenderme el poder que los latidos de un corazón tienen sobre otro, como si estuviésemos esperando el diapasón con el cual afinar por fin las cuerdas de nuestra calidez. Especialistas en ello son las damas, más dadas al acompasamiento con los ciclos de la luna, con las posibilidades prácticas que ofrece la sociedad y con el sentir de los gentilhombres, a quienes a menudo aman como respuesta al verse amadas.

99

Conocer los secretos mejor guardados de los hombres sólo lleva a odiarlos o a compadecerlos, dependiendo de la amplitud que alcance nuestra mirada.

100

Pueblos que se agitan, individuos venenosos.

101

El prejuicio es una útil arma defensiva y el parche con el que cubrir pobremente una frustración.

102

¿Quién no ha caído en contradicciones? A menudo conjugamos medios opuestos o pretendemos ciertos fines con medios incompatibles. Suelen ser errores disculpables. Lo esencial es no contradecir fines con fines.

103

Para respirar bien no conviene hablar mucho.

104

Las personas más espirituales que conozco no conservan ningún contacto con sacerdotes. He ahí una prueba no menor de la debilidad actual de la Iglesia, al menos en el Occidente y fuera de los monasterios.

105

Lo más encantador y, al mismo tiempo, desesperante de una dama es verla dudar entre decir “sí” o decir “no” en el momento en que desea decir “sí”.

106

Ningún autor me convence más que aquel que está lleno de vida, que ha sufrido percances, que no olvida, que se ha desencantado de muchas cosas sin dejar de conmoverse todavía por otros tantos encantos, que torna siempre al lado de su conciencia que tenga más descuidado, que habla con el corazón en la mano, que ha estudiado y ha puesto a prueba con su alma la solidez de las doctrinas, que gusta de complacer mas sin nunca venderse, que ríe y llora conociendo la quietud en las profundidades de su ánimo, que revuelve sus ideas una y otra vez, que intuye puerilidad en la magia y magia hasta en lo más vulgar, que no cae preso de la vanidad o que permanece poco en ella, que gusta de escribir casi mientras canta, que no logra evitar compadecer. Tal autor es fácil de comprender porque comprende un poco a todos; y es profundo porque se ha ensanchado como un gigante hasta hermanarse con el universo y se ha empequeñecido al tamaño de un liliputiense hasta conversar con saltamontes y bandadas de átomos, y ha extraído algunas leyes comunes a todas las dimensiones recorridas.

107

Con una persona inteligente siempre podríamos estar hablando más tiempo del que pasaríamos hablando sobre ella.

108

Aborrecemos la naturaleza humana cuando supone siglos de comportamientos que ya no nos agradan, como la esclavitud o el sometimiento de la mujer, pero apelamos a ella con resignación para justificar nuestros vicios vigentes, como el gusto por las pechugas de pollo o la leche de vaca.

109

¿Dirán los mortales nacidos en el próximo siglo que nosotros fuimos lo bastante morales? Es más: ¿sabrán lo que es la moral?

110

Sonriendo ya se gana la primera batalla; mostrando una disposición genuina a auxiliar a quien nos encontremos se convierte el espíritu en una fortaleza difícilmente expugnable por parte de la malicia ajena.

111

La aristocracia ha dejado de tener sentido cuando ha quedado reducida a pasatiempo del vulgo.

112

No es la voluntad de la mayoría lo esencial, sino el no atropello a las minorías.

113

No se oyen muchas certezas porque las incertidumbres se han tornado las referencias absolutas e indiscutibles.

114

Hay quienes odian a los reyes pero aceptarían gustosos el oro de sus coronas.

115

El artista que pretende forjar un estilo no suele andar ocupado en avivar y curtir su patrimonio espiritual, que es la fuente natural de los nuevos grandes estilos.

116

Al volverse uno más y profundo, al haber volteado a buen paso en la rueda de las convicciones y las sutilezas, se es capaz de disfrutar en gozoso rapto del arte más liviano, ingenuo y pueril.

117

La sabiduría no tiene propietario; porque, cuanto más propietario es alguien, menos sabio.

118

¿Hasta dónde no habrá llegado la innovación de la liturgia que muchos hubimos desistido de acudir a la iglesia por respeto a la iglesia?

119

La careza no reza: sólo se atreve a pedir a las fuerzas nobles aquel con abundancia de bellos afectos.

120

La fragilidad de los grandes se advierte en que, como el niño de corta edad, son incapaces de detener el paso sin caer.

121

Se confía en el progreso no porque traiga felicidad, sino por el terror que infunde el reconocer la debilidad de viejos axiomas sobre los que hemos fundado nuestro nuevo mundo. Sospecho que nos adaptaríamos pronto a las durezas de ciertos siglos, y, sin duda, muchos hallarían allí una mayor felicidad que en el presente, arrepintiéndose entonces de su afanado rigor lógico.

122

Si regresamos hacia el tronco invirtiendo el paso por la “rama”, hallamos el “amar”.

123

Sabéis lo que siempre habéis renunciado a saber por miedo al compromiso.

124

La mitad del mundo trabaja hasta la extenuación para que la otra mitad pueda enloquecer en su pretensión de adelgazar su figura.

125

La galantería puede devenir una cosa muy misteriosa y hermosa; en cambio, si carece de amor, sólo se quedará en galantería.

126

El alba es un momento de promesas, proyectos, músculos, ideas, contundencias; la noche, de cumplimientos, deserciones, lechos, confesiones y vaguedades.

127

Comprobaréis la naturaleza peligrosa de la curiosidad en la imposibilidad de no terminar la lectura de esta frase, de interrumpirla justo en este punto, por más que la caída en la tentación lleve a nada o, más bien, a una decepción más.

128

Para el hombre moderno, todo es válido salvo si vale demasiado.

129

Las artes aspiran al júbilo que solamente el amor universal e incondicional puede proporcionar.

130

En el mundo no sólo hay más violencia hoy porque haya menos educación, sino fundamentalmente porque hay muchos más instrumentos violentos y más hambre que nunca.

131

Quien carece de amistad es tan pobre como intente compensar el hueco de aquélla con sucedáneos.

132

A fin de armonizar la totalidad de la persona, de las ocho horas que nos dejan libres una jornada en la que dedicamos otras tantas a dormir y a laborar, habría que dedicar dos horas diarias a la lectura, dos a la meditación, dos al cultivo del cuerpo, y dos más a participar en sociedad y a disfrutar de espectáculos. Pero durante todo momento, desde la mañana hasta la noche, no deberíamos perder nunca la introspección que nos permite vigilar si estamos o no en consonancia con la virtud.

133

No podríamos considerar afín a ningún espíritu si pusiésemos como requisito el poder confesarle todo; nadie puede soportar esperar tanto de alguien, salvo un confesor.

134

Siempre es mejor la compasión y el amor que la ascética al momento de inclinarse por la abstinencia en cualquier faceta de la vida. Quien ve el muslo de cerdo como una tentación acabará cayendo en ella; quien ve en él el resto de un cadáver, no sufrirá por contenerse. Quien, por encima de lo demás, ve en un hermoso cuerpo la promesa de un deleite no es tan sano como quien ve primeramente en él la oportunidad para agasajar a su dueño y alegrar su corazón.

135

Pocos desean lo que los demás desdeñan porque el mayor deseo de cualquiera es no ser desdeñado.

136

En un gran espíritu el dolor entra en combustión y se transmuta en cálidas sonrisas que ofrecer al exterior.

137

Avergonzarse de avergonzarse por verse expuesto a los más necios prejuicios ajenos es buena actitud, pero avergonzarse de avergonzarse de ser malicioso o vicioso debería ser nuevo y digno motivo de vergüenza.

138

Conversar con un monje suscita el vislumbre automático de algunas de nuestras propias gangrenas del alma.

139

En cierto sentido filosófico, incluso entregarlo todo es bien poca cosa si no se cae en la cuenta de que todo es, en realidad, nada.

140

Cada una de las sentencias que no han brotado de una iluminación, o de una necesidad interior, o de una herida que aprende a cicatrizarse, o de una natural asociación de ideas, no llega sino a ripio.

141

La calma se compra barata si tenemos poco bagaje que entregar y muy cara si vivimos presos de bienes que nos dolerá soltar para efectuar la transacción.

142

Tengo observado por experiencia propia que la risa y el llanto son los mejores asistentes para aprender y recordar la cuestión cuando proceda.

143

Tres métodos para ganar tiempo, ahorrar dinero, reducir estómago y agrandar la confianza en uno mismo: madrugar, suprimir las cenas, pasear o leer en lugar de acudir a veladas.

144

Lo sublime es vulgaridad desatendida, o bien dimensiones que resultan inabarcables en una sola sentada para el entendimiento. Lo ordinario es lo sublime manoseado.

145

La dama aviva el deseo del gentilhombre insinuando que las puertas estén quizá abiertas. El gentilhombre, en cambio, trastoca a la dama destrozando su propia puerta y ofreciéndola en una taracea lo más elegante posible.

146

Nada hay más verdaderamente galante que renunciar a la galantería cuando lo único preciso resulta ser una mirada tierna.

147

Entre antiguos amantes reina muchas veces una amplia amalgama de confianza y desconfianza, de aprecio y decepción.

148

Los animales, racionales o no, no existen para servirnos, y si constantemente mueren hombres y otras criaturas por el mero hecho de que tenemos que construir y usar calzadas, edificios y utensilios, no es menos cierto que ni cien muertes accidentales, por más posibles que sean, se comparan con la insensibilidad de someter a un ser animado durante un instante final o durante su vida entera y forzarle a convertirse exclusivamente en nuestro recurso.

149

Lo que podría venerar de un hombre es su capacidad de veneración y su indiferencia a ser venerado.

150

La rutina libera si no está teñida de amargura ni de caprichos de los que poder prescindir.

151

Si conociésemos lo que hay bajo los afeites de las más emperifolladas damas y de los gentilhombres más fatuos, nos horrorizaríamos por momentos; pero, ¿acaso no es toda una artesanía admirable el embellecer la cáscara para atraer hacia el fruto y germinar así la semilla nutricia de la vida, como hacen los árboles en la naturaleza?

152

Cuando medito absorto en otros mundos y me acuerdo de la conducta amena y ocurrente que ejerzo en mi oficio, y cuando recuerdo esas reflexiones en mitad de mi jornada laboral, rápidamente identifico a dos personas diferentes, hiladas por un deseo común de hermanarme con todos los seres. Nadie lo diría viéndome en dos estados tan aparentemente dispares. Más semejante a un niño cuando trabajo y más a un anciano cuando medito, mi mente en pocas horas recorre las edades y las funciones permitidas, según si me encuentro con otra persona que reclama mi amabilidad o si me encuentro conmigo mismo reclamando profundidad. En todos los casos puedo hallar dicha o languidez, dependiendo de cuánto haya venido alimentando a mis particulares anhelos y de la regulación espontánea de mis humores.

153

Paradoja del yo.- No eres nadie si no eres todos.

154

Convivamos con las deficiencias que residen en nosotros sólo si no debilitan de manera apreciable el ensanchamiento de nuestra magnanimidad.

155

Ni lo mejorable es lo definitivo, ni lo mejor tampoco lo es: lo único finalizado es la superación de la noción de mejoría o de empeoramiento.

156

Recuerdo una ocasión en el campo, siendo yo niño, que imité el cacareo de un gallo alargándolo durante tanto tiempo que el gallo del corral se dispuso a competir conmigo mientras notaba cómo las gallinas cloqueaban como aplaudiéndome. Así, con un solo atributo ficticio y desleal, logré seducir por unos instantes a las hembras desconcertadas de otra especie. Rememorándolo me percato de que no es algo muy diferente del modo de galanteo de muchos gentilhombres.

157

Decidir supone asesinar, pero asesinar es decidir que se trata de una decisión que no merece arreglo.

158

La humanidad se salvará cuando la única asignatura obligatoria en todos los cursos de edad escolar sea la ciencia de las costumbres.

159

Hombre noble es aquel que se cree la urbanidad.

160

Puesto que el fin del mundo como lo conocemos está a menos de un siglo de aquí, deberíamos perder la vergüenza de actuar como corresponde a los caracteres nobles, con la magnanimidad de caballeros medievales o de patricios heroicos; que al menos quede un hermoso discurso en las actas de nuestro fusilamiento voluntario.

161

Toda belleza merece una nueva oportunidad; puede que en la primera impresión no aprendiésemos todas sus lecciones. Lo mismo puede decirse de la fealdad.

162

El mejor motivo para el enamoramiento que he hallado no está en la inteligencia, ni en la educación, ni tampoco en una gran belleza, ni siquiera en la sensibilidad; está en lo terminantemente elegante que sea un carácter como para ser inmune al intento de los eventos por afearlo, y, por descontado, en su capacidad de amar.

163

El equilibrio es la piedra de toque de las almas poderosas.

164

Resulta legítimo e incluso noble cultivar el cuerpo si se lo contempla principalmente como un medio para cultivar el espíritu.

165

Hay una cierta tendencia masculina a investigar la idea sobre el carácter, mientras que la preferencia contraria está más presente en la mente femenina. Con la madurez se van reuniendo ambas inclinaciones, cuando se concluye que la presentación de cada verdad, por externa que ésta sea, adopta en las personas maneras y matices diversos en virtud del alma que la procure acoger; y que la finalidad más útil de la idea será la de educar el carácter o no será ninguna.

166

En dos siglos hemos pasado de desear y rogar en verso a suprimir letras de nuestra ya mediocre y quejosa prosa.

167

Entre progresar o retroceder no se encuentra la ventaja que se encuentra en flotar.

168

Suave es la jornada para quien respira con hondura, saluda a los pájaros, canta melodías de sus antepasados y sonríe sin prisas ni ambición ante todo rostro que se le cruza.

[Música: Encabeza P. Nardini, Cuarteto de cuerda No. 1 en La mayor. II. Comodo. Echa el telón la obertura de Tom Jones de F.-A. D. Philidor, quien además de compositor fue el mejor ajedrecista de su tiempo, faceta por la cual se le recuerda más hoy en día.]

Continuidades

There is in certain ancient things a trace
Of some dim essence—more than form or weight;
A tenuous aether, indeterminate,
Yet linked with all the laws of time and space.

A faint, veiled sign of continuities
That outward eyes can never quite descry;
Of locked dimensions harbouring years gone by,
And out of reach except for hidden keys.

It moves me most when slanting sunbeams glow
On old farm buildings set against a hill,
And paint with life the shapes which linger still

From centuries less a dream than this we know.
In that strange light I feel I am not far
From the fixt mass whose sides the ages are.

[Hay en algunas cosas antiguas una huella
De una esencia vaga… más que un peso o una forma,
Un éter sutil, indeterminado,
Pero ligado a todas las leyes del tiempo y el espacio.

Un signo tenue y velado de continuidades
Que los ojos exteriores no llegan a descubrir;
De dimensiones encerradas que albergan los años idos,
Y fuera del alcance, salvo para llaves ocultas.

Me conmueve sobre todo cuando los rayos oblicuos del sol poniente
Iluminan viejas granjas en la ladera de una colina,
Y pintan de vida las formas que permanecen inmóviles

Desde hace siglos, menos quiméricas que todo esto que conocemos.
Bajo esa luz extraña siento que no estoy lejos
De la masa inmutable cuyos lados son las edades.]

H. P. Lovecraft, Fungi from Yuggoth (1930), XXXVI. Continuity (trad. J. A. Santos)

 

Es la vaporosidad de ciertos velos lo que les confiere ese aura misteriosa, entre legendaria y sapiencial. Cuando percibimos esa neblina fantasmagórica en las cosas, cuando el silencio del alba todavía no ha sido segmentado por la luz y el movimiento definido, o cuando la lluvia campestre ha dejado un frescor que invita a atenuar las brusquedades del pensamiento, entonces se desdibujan muchas de las fronteras entre los entes, o entre los tiempos, o entre las nociones, y un no sé qué de continuidades deshilacha las individualidades y, en consecuencia, las soledades. Viendo la trampa de la sustancia aparente, siento una mirada sobre mí que no es sino la mía, y las referencias precisas caen al suelo como hojas cándidas, enamoradas de ese viento otoñal que cual nómada va trayendo aromas de otros mundos allí por donde pasa. Se podría aventurar que es por no permanecer en ese intersticio vespertino que no atisbamos en las mientes la clave de todo.

Debemos reconocer lecciones aún por definir en las quietudes lánguidas que nos seducen, reduciendo al ridículo a las agitaciones ordinarias. Un sueño no apresado por una narración, reflejos de luces lejanas que no acertamos a ubicar, una nota manuscrita en la que palpita un sentimiento ya caduco, el canto de un pájaro del que nunca sabría decir si revela alegría u oculta tristeza, la ausencia de fragancia en las rosas desecadas, acaso a manos de doncellas introspectivas como retratos encerrados en medallones…  Pienso también en esos tímidos homenajes a la muerte que son los cantos suaves a la vida de dulces generaciones ya varias veces enterradas. Nos permite a algunos recrearnos en delicadezas medio olvidadas, en postales de tonos rosados que habrían enviado nuestros bisabuelos, en calmos campanarios coronados por meditabundas cigüeñas, en entreoídas melodías pasadas de moda, fórmulas de cortesía ya en desuso, en versos arrinconados hasta el punto de haberse tornado incomprensibles o demasiado comprensibles, en fuentes de manos humanas que murmuran en bosques poco hollados por pies mortales. Imagino a la sazón ternuras donde nunca fueron explícitas, anhelos infinitos disfrazados de sencillez sin pretensiones, y una levedad me impide afirmar o negar cualquier actitud, cualquier sentimiento, ingenuo o enfático. Todo parece melancólico y gozoso al mismo tiempo, porque todos los tiempos parecen el mismo, y engrandeceríamos la visión de las cosas si viéramos en ellas todas sus fases, su eterno ahora reversible, todas sus encarnaciones y disoluciones, reiteradas y siempre distintas, como ocasos de soles que no recordamos.

[Música: R. King, Julia (pno. A. Cuckston).]

No soy piadoso ni malvado.
No vivo ni de acuerdo a la ley ni a la razón.
No soy ni un conferenciante ni un oyente.
No soy ni un sirviente ni un amo.
No estoy atado, ni soy libre.
No me encuentro ni desligado ni ligado.
Me encuentro lejos de todo; no estoy lejos de nada.
No iré ni al infierno ni al cielo.

Kabir, Cien poemas 79 (vers. de R. Tagore)

 

¿Cómo puedes pretender que se produzcan milagros cuando no has roto tú en tu alma ninguno de tus hábitos?

Ibn ‘Ata Illâh, Al-Hikam 12.127 (trad. F. Gutiérrez)

 

Que todo fluye, que nada permanece, que cada cosa es cosa solamente por nuestro afán de acotar con nombres, que la esencia es presunción que nos acogota, que un ser depende siempre de los demás seres, que el vacío es lo  divino, que el flujo del existir es lo único incesante, que el amor y la bondad desperezan de nuestra ceguera, que el saber sirve únicamente para dejar de saber, que afirmar o negar es no haber entendido, que el gesto nada dice al margen de lo que oculta, que alegrarse en la minucia sin esperar nada de ella despierta candiles en el entendimiento, que lo puro está contaminado y que la contaminación no está sino en nuestra mirada, que la belleza renace con cada intuición serena, que lo inevitable acaba pasando al patrimonio del bien, que las sepulturas son tronos, que tanto la existencia como la nada son excesos del concepto, que todo es sagrado porque nada importa, y a la inversa, que el dolor es primer axioma de todo buen silogismo del alma, que nos llaman en agonía atronadora nuestros hermanos de dos y cuatro y cien piernas y que poco respondemos para nuestra gran vergüenza, que el bien nos quiere reclutar hasta que nos convirtamos en santos más allá de las categorías, que el rey está desnudo sin que haya nada más bello en lo humano que la desnudez y que todos los desnudos reinan.

Que la verdad no cabe en la palabra, pero que la palabra carece de existencia intrínseca, por lo que la connotación -sutil entrelazamiento con el resto del cosmos- despierta resplandores de iluminación en los entendimientos predispuestos. Que los universos merecen pacificadores, y éstos a los otros. Que el infinito cabe en la palma de tu mano no cuando levitas o cuando acumulas saberes prolijos, sino cuando una pestaña, un espacio de aire, una herida que cicatriza o el ala de una mosca te observan en silencio y caes en la cuenta de la levedad de las masas, del fin que no concluye, de la educativa muerte, de la pureza inmediata del ahora, de la realidad sin nombre ni adjetivos, sin un decir y sin un relajante callar.

[Música: G. F. Händel, Suite HWV 434. Menuet (transcr. W. Kempff). Jamás hubo un minuetto menos frívolo, siendo como son todos, a la postre, al tiempo máscara y confesión del Samsara.]

Gratias tibi, bone Jesu, lux lucis æternæ, pro doctrinæ sacræ mensa, quam nobis, per servos tuos Prophetas, et Apostolos aliosque Doctores ministrasti. Gratias tibi, Salvator et Creator hominum, qui ad declarandam toti mundo charitatem tuam cœnam parasti magnam, in qua non agnum typicum, sed tuum Corpus sanctissimum, et Sanguinem proposuisti ad manducandum: lætificans omnes fideles convivio sacro, et calice inebrians salutari, in quo sunt omnes deliciæ Paradisi; et epulantur nobiscum Angeli sancti, sed suavitate feliciori.

[Gracias te hago, Señor Jesús, luz de la eterna luz, por la mesa de la santa doctrina que nos administraste por tus santos siervos los profetas y apóstoles, y por los otros doctores. Gracias te hago, Criador y Redentor de los hombres, que para declarar a todo el mundo tu caridad, aparejaste tu gran cena, en la cual diste a comer no el cordero figurativo, sino tu santísimo cuerpo y sangre, para alegrar a todos los fieles con el sagrado convite, embriagándolos con el cáliz de la salud, en el cual están todos los deleites del Paraíso, y comen con nosotros los santos ángeles, aunque con mayor suavidad.]

T. de Kempis, Imitatio Christi 4.11 (trad. Fray Luis de Granada)

 

Hic puer ad casum populi datur, iste renasci
Concedet populos; dictum in contraria signum
Istius adueniet, percurrens debita leto
Atque animam matris ferro fulgente machaera,
Quo pateant tecti tenebrosa uolumina cordis.

[Este niño se otorga para infortunio de pueblos, éste permitirá que renazcan pueblos; su palabra llegará como señal para contradicciones, pagando su deuda para con la muerte y recorriendo el alma de su madre con un puñal de hierro refulgente, para que se muestren claramente los tenebrosos repliegues del oculto corazón.]

Juvenco, Historia evangelica 1.209-213 (trad. M. Castillo)

 

εἰ οὐ ποιῶ τὰ ἔργα τοῦ πατρός μου, μὴ πιστεύετέ μοι: εἰ δὲ ποιῶ, κἂν ἐμοὶ μὴ πιστεύητε, τοῖς ἔργοις πιστεύετε, ἵνα γνῶτε καὶ γινώσκητε ὅτι ἐν ἐμοὶ ὁ πατὴρ κἀγὼ ἐν τῷ πατρί.

[Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras; para que sepáis y entendáis que el Padre está en mí y yo en el Padre.]

Jn 10: 37-38

 

ἀπεκρίθη αὐτοῖς ὁ Ἰησοῦς, Πολλὰ ἔργα καλὰ ἔδειξα ὑμῖν ἐκ τοῦ πατρός: διὰ ποῖον αὐτῶν ἔργον ἐμὲ λιθάζετε;

[Jesús les dijo: Os he mostrado muchas obras buenas que vienen del Padre. ¿Por cuál de ellas me apedreáis?]

Jn 10: 32

 

Αὐτὸς γὰρ ἐνηνθρώπισεν, ἵνα ἡμεῖς θεοποιηθῶμεν.

[Él se hizo hombre para que nosotros nos hiciésemos dioses.]

San Atanasio de Alejandría, De incarnatione 54

 

Hoy, día de la Natividad del Señor, se conmemora el instante en el que el Absoluto, no limitándose ya a su manifestación como Creador personal, decidió rendirse a la categoría humana, en una familia pobre y perseguida en tierra colonizada, para ser entregado en su carne y sin resistencia a la malicia increíblemente destructiva de los otros hombres, y, de ese modo, mostrar a los ojos físicos el camino de generosidad que otrora solamente vislumbraban en sus mientes los más elevados espíritus. Por creer en este dogma sublime y en todas las palabras que lo anunciaron, en esta enseñanza radical e irrebatible como es el sacrificio incondicional y concreto, en esta violencia redentora, dolorosa y dichosa a un tiempo, como la de un universo pariendo a otro universo, por tal creencia mueren y sufren hoy más millares de personas que nunca en países trastornados por la estulticia, la carestía  y la violencia. A todos ellos, víctimas y verdugos, vaya mi recuerdo en esta efemérides portentosa, remache moral del mundo antiguo, alegría de esperanza motivadora como pocas y puerta a la contemplación perfecta para unos pocos. Resuenen jubilosas las campanas, entonen sus himnos las aves canoras, acudan los humildes y los reyes al pesebre, que ha nacido de  mujer el Verbo sin principio y ha insuflado en la humanidad la confianza en su propio poder: el amor sin límites y la sabia percepción de la divinidad en todo rostro. ¡Hosanna!

Enhorabuena a los cristianos de corazón por contar con tan sólida salvaguarda y enhorabuena al mundo por contener todavía a tales cristianos.

GLORIA IN EXCELSIS DEO ET IN TERRA PAX HOMINIBUS BONAE VOLUNTATIS.

LAUS DEO VIRGINIQUE MATRI.

[Música: La primera es Cantique de Noël de A. Adam. La segunda y última es de G. B. Pergolesi: Confitebor tibi Domine. VII. Sicut erat in principio (“… et nunc, et semper, et in sæcula sæculorum. Amen.”), en grabación dirigida por D. Fasolis. Es ésta genial obra (aunque sospechosamente parecida a la obertura de su ópera Adriano in Siria, así como el Stabat Mater y el Salve Regina también se asemejan entre sí en buena medida), obra que fuera escrita cuando el compositor contaba con veintidós años, menos de un lustro antes de su muerte, tristemente acaecida en 1736.]

Non es cosa so el sol que non sea muy lazrada,
non es cosa so la luna que non sea muy menguada,
e lo que se faze a tiempo es grand vanidad provada,
ca quanto que nós fazemos todo es polvo e nada.

Libro de miseria de omne 74

 

¿No veis esos cambiantes rojos de sus carnes mórbidas y transparentes?… ¿No parece que por debajo de esa ligera epidermis azulada y suave de alabastro circula un fluido de luz color de rosa?… ¿Queréis más vida?… ¿Queréis más realidad?…

G. A. Bécquer, Leyenda 14

Caminaba sobre el siglo
cojeando un mudo beso.
Se detuvo en embeleso
frente a un lúgubre vestiglo:
Apartada calavera
distinguió entre la maleza:
de una por venir realeza,
-díjose- sin duda fuera.
Los adentros no advirtiendo,
se trabó de amores tiernos
y, creyendo ver los cernos
de su amada, fue diciendo:

EL BESO.- Esperé con celo puro
sin otro par criatura,
y en jornada tan escura
al fin de amores aburo.
¿No has nacido, bella frente,
para ser por mí besada,
para ser la dulce hada
que borbotea en mi miente?

LA CALAVERA.- ¿Qué barruntas, desdichado,
de esta cabeza ya muerta,
de esta nada descubierta
que en el silencio ha anidado?
¿No ves que soy la dureza
bajo la que enamoraba
con su mentirosa aljaba
la vana y fugaz belleza?

EL BESO.- Mas, ¿qué dices, traicionera,
tú que portas el secreto
de mi magnánimo veto
A todo lo que se era?
¡Oh primacía, oh jazmín,
oh piedra de mis altares
do perderé mis andares
hasta su próximo fin!

LA CALAVERA.- ¿Cómo no ves lo que soy,
siendo rescoldo de ayeres?

EL BESO.- Bien sé yo lo que tú eres
en el mañana que es hoy.

LA CALAVERA.- Muy sin remedio deliras.

EL BESO.- Sólo si el delirio es tacto
de lo más veraz y exacto.

LA CALAVERA.- ¿Por qué no ves lo que miras?

EL BESO.- Tu candor veo. LA CALAVERA.- Neblina
es de frío miembro rasgo.

EL BESO.- Por tu mirada me engasgo.

LA CALAVERA.- No hay allí sino cetrina
triste ausencia que fue vida.

EL BESO.- Yo la aprecio. LA CALAVERA.- Mas ya es ida.

EL BESO.- Permanece aunque ya fina.

LA CALAVERA.- No abrazas flor, sino espina.
¿Es que tu ceguera ve
como deseos falaces,
que en el vacío ven haces
y en el horror ponen fe?

EL BESO.- ¿Acaso me crees estulto
hasta en no ver tu ceniza
de lánguida piel caliza
y de polvo ya no oculto?
¿No sería yo muy vano
si en la prueba manifiesta
de la degradación esta
no hallase el morir mundano?
Eso todo veo y más,
y veo empero otra hazaña
que aún no alcanzó la guadaña
y que aún al mundo das:
veo las rosas que asoman
por tus ojos sin sustancia
y que, en infinita errancia,
entregando, nada toman.
Veo la quietud serena
de tu invencible sonrisa,
tu complacencia sin prisa,
tu apostura de azucena.
Amo tu longevo ocaso
que tras breve vida queda,
tu lustre de fina seda;
amo tu claror escaso
y el color blanco sincero
que con marfil te confunden
mientras las carnes se hunden
en lodazal plañidero.
Tú lo dices, tú lo callas,
todo el saber de los hombres
agitado en muchos en nombres
y que en la mudez nos hallas.
Eres muerte, que es ser vida,
eres tiempo en fría noche,
eres el fin del derroche,
eres libertad sin brida.
Eres verdad consumada,
cándido y dulce vacío,
austera espiga de estío,
sólida nada encantada.

*

En la más eterna sombra
se abrazaron sobre el lecho
la promesa y el deshecho,
quien renace y quien escombra.
Con lucidez sin medida,
con fervor sin sal, sin rapto,
para amar al frío apto,
quedó un labio ya sin vida.

 

[Música: E. di Cavalieri, Rappresentatione di Anima e di Corpo 1.4 (“Anima mia che pensi?”), con personajes alegóricos y cantantes con bellas voces mas imperfectamente moduladas. En esta escena de este oratorio que inaugura el estilo barroco, el Cuerpo inquiere al Alma por sus cuitas y le ofrece placeres, honores y el gozo de sí misma. Pero el Alma no vislumbra satisfacción auténtica en todo ello (“Non vo’ più ber quest’acque, / ché la mia sete ardente / s’infiamma maggiormente.”). Finalmente el Cuerpo decide acompañar al Alma en su viaje hacia el reposo divino, y así empiezan a enfrentar con duros enemigos, agoreros y tentadores como el Tiempo, el Placer, el Mundo; también contarán, en cambio, con el auxilio de Intelecto.]

Romanza X

L’uomo sempre se stesso distrugge,
l’anno sempre se stesso rinuova.

[El hombre siempre  a sí mismo se destruye;
el año siempre a sí mismo se renueva .]

Cardenal Benedetto Pamphili, Il trionfo del Tempo e del Disinganno I

 

Si lanzas la flecha en el bosque de los gritos, el bosque del padre se tranquiliza.

14º signo (Tele-Mejí) del sistema de adivinación Fa del vodún del antiguo reino de Dahomey (trad. M. Serrat Crespo)

 

De entre las espinas de lo vulgar y los temblores sublimes resurge la rosa renacida, cotidiana como la reiteración de los impulsos de la vida, única como el canto de un demiurgo. Se explaya y nos circunda, y te llama a henchir la noción de una alegría carente de esperanzas, una trabazón de fuerzas en pos del bien. Es fuerza de transmutarse en energía del ejército del orden, energía lábil como la luz, enmascarada por el gesto en el maremagno trivial de conductas urbanas, latente en la conciencia de una identidad que trasciende los tiempos y la substancialidad ilusoria de los entes. Recuerda la impermanencia de todo lo nombrable, la indefinición de todas las categorías, el secreto de la ignorancia última, los milagros de Amor, el rocío liviano de ideas y pasiones, la compasión sin ostentación por todo lo que gime. Ya no se plantea la disyuntiva: tu impulso es necesario mandato divino y al tiempo está necesariamente condenado, por lo que completa tu mutación y muere en el intento. En un instante pasa de lo grosero a lo eterno, de todo a nada, de lo imposible a lo realizado. Como los santos que lamían a los leprosos, así hallaremos paz en contemplar los bubones que supuran hasta el tránsito estigio de la antimateria.

Convertido en estanque de lotos, tu corazón hace resonar su ritmo en pasos, en palabras llanas y puras como el cielo profundo, en caricias con la parquedad de la sabiduría sin arrebato. Y un rayo de divina solemnidad recorre súbito la sonrisa de tu labio, y en renovación incesante de pliegues sobre el sufrimiento universal, orando por convertirte en el dios que los salve, si es que logras en alguna etapa del ser no contribuir sencillamente a su muerte. Comprendieron nuestros ancestros que un día naceríamos para redimirlos, y de ahí que nos alumbrasen a esta pringosa existencia, círculo de nubes grisáceas como la lluvia que se disfraza de la noche, en las horas en que solamente el experto en la ciencia del devenir sabe distinguir el alba del ocaso y reconocer a la par que lo uno no es sino cónyuge de lo otro.  Placer, dureza, mezquindad, desasimiento, color, comprensión… todo en la palma de tu mano, la misma mano que usas para contar dinero, para servir el té a tus convidados, para pulsar las cuerdas de un antiguo instrumento y para saludar al infinito inasible que nunca cabrá en los cien mil millones de mundos, el infinito que nunca conoceremos como creemos conocer el trazo simple de un folículo o el mecanismo de la radiación solar.

[Música: G.-F. Händel, Tu del Ciel ministro eletto (Il trionfo del Tempo e del Disinganno II), en la voz de Natalie Dessay con Le Concert d’Astrée de Emmanuelle Haïm. Con esta aria da capo contemplativa, sublime y contenida como pocas, suspendida entre silencios de inefabilidad, Belleza concluye el periplo de autoconocimiento que ha realizado de la mano de Tiempo y Desengaño, renegando al fin de Placer y del engañoso espejo en el que ella se observaba a sí misma como substancialmente deseable, y se encamina, en cambio, a la fuente invisible y empírea de su naturaleza sin principio ni fin. Concluye así el más perfecto de los oratorios alegóricos del siglo XVIII y, por extensión, de la historia, con el permiso de Die Schuldigkeit des ersten Gebots de Mozart. Aun lamentando haber revelado el desenlace, es de reconocer que, dado el contexto, era previsible. Con esta obra Händel compuso en 1707 su primer oratorio (HWV 46a), y exactamente treinta años después fue retomado (Il trionfo del Tempo e della Verità HWV 46b), y acabó siendo su última incursión en el género en 1757, cuando regresó a la partitura para corregirla y adaptarla a la lengua inglesa (The Triumph of Time and Truth HWV 71), cerrando así el círculo moral por el que su vida galante en Inglaterra le había llevado.]